18/11/2018
Editoriales

Dos años de festejo o bien entrados los cincuenta

 

El calendario indica que hoy 30 de Agosto de 2017 hace 49 años que vi por primera vez la luz del mundo, me tardé en nacer, ya lo he comentado, siempre he sido voluntariosa y mi llegada a este planeta no podría haber sido de otra manera, creo que ya desde el vientre materno iba en contra de todo lo establecido, así que bueno, cinco días después llegue a la cita.

Hoy también quiero rebelarme, quiero imponer mi “sagrada” voluntad y a partir de este momento decreto dos años de festejo por mis primeras 50 vueltas al sol, ¿Cómo, no acabo de decir que cumplo 49 años, entonces porque 50? Bien, porque usaré una antigua frase que le gustaba a mi papá para molestar sobre todo a las mujeres y que es el modo como contestan las personas en los ranchos cuando se les cuestiona sobre su edad, ellos dicen: “tengo entrados los…” es decir, no mencionan su edad actual, sino el año que están viviendo, no empiezan por donde terminan sino que terminan en donde empiezan, o algo así…

No le tengo miedo al tiempo, sino a desaprovecharlo pensando en si me queda mucho o poco, no me asusta por lo tanto cumplir años porque de algún modo significa que sigo teniendo vida y eso me agrada, por mí y porque aún hay muchas cosas que hacer.

He decidido por lo tanto festejar mis 50 años con 730 días de pachanga, cada día tendrá un motivo diferente, algo porque dar gracias, no en balde pasar 49 años en este divertido lugar tiene lo suyo: complicaciones, enfermedades, pérdidas, una buena dosis de drama como podemos ver, pero también tiene alegrías infinitas, logros personales y de familia, el haber hecho cosas que al iniciarlas parecían tan lejanas e imposibles y que al final me han dejado con ese sabor de boca que libera el triunfo cuando se consigue lo deseado.

Así que festejaré mis 50 por dos, es como si en realidad estuviese entonces cumpliendo 100, como eso suena un poco demasiado complicado, entonces mejor pensar que me pongo de modo y me divierto por dos.

Mi vida ha tenido de todo, no es más o menos interesante que la de cualquiera que lea estas letras, no hay en ella sobresaltos o incidentes terribles, si acaso uno que otro momento difícil que al final ha quedado solo como un vago recuerdo del descuido o de lo que se vive en esta ciudad tan lejana a Dios, y es precisamente a Dios a quien más agradezco hoy, por todo lo que me ha regalado sin merecerlo: una disfuncional y divertida familia, llena de miembros locos de atar que hoy están y mañana quien sabe, con temperamentos complicados y corazones llenos de amor, esa es mi realidad y me encanta, no le cambiaría ni una pizca porque entonces dejaría de ser yo; con amigos del pasado, del presente y seguro del futuro, amistades presentes aunque se encuentren ausentes, corazones cercanos que me hacen sentir amada, cobijada y hasta consentida por el simple hecho de existir; un esposo que es simplemente fenomenal, ¡ay! si la Reyes me escuchara seguramente me diría que no lo ande “promocionando”, sin embargo en eso estriba precisamente su grandeza, en que está conmigo “a pesar de…”, la vida ha sido tan buena entonces con esta loca que reclamarle cualquier cosa me haría desagradecida y cruel; también está mi hija, esa que ni es niña ni es mujer sino todo lo contrario, ese coctel de hormonas convertida en adolescente que me tiene loca y que sin embargo llena mi mundo de alegría con sus ocurrencias cada día.

La vida es buena, me encanta, me gusta estar de paso por ella, no pretendo quedarme aquí eternamente porque soy muy curiosa y quiero saber que hay más allá cuando se llegue el momento, mientras tanto hay que domarla porque se trata de un camino salvaje que requiere paciencia y mucho amor para poder pasarle por encima.

Mis festejos serán sencillos, quiero ver a todos mis amigos, tengo dos años para hacerlo, quiero viajar, seguir creciendo (por supuesto me refiero a mental y espiritualmente porque de otra manera como no sea “para los lados” creo que mi verticalidad está topada), deseo abrazarte, platicar contigo, reír juntos, compartir historias del pasado vislumbrando un futuro que ya se siente venir; quiero seguir aprendiendo, cada día, a cada instante, hacer nuevos amigos y procurar a los antiguos, ponerme metas divertidas que tengan que ver más con el amor  y menos con el esfuerzo, ver más cine, ir al teatro, salir con mi novio, disfrutar con mi amante y seguir amando a mi marido (¿Qué dirían los tres si supieran que son el mismo?), quitarme de lleno los prejuicios, hacer lo que me gusta, dejar de pedir permiso (aunque sea a mi misma), atreverme, lanzarme y no detenerme.

Visitar la playa, dormir en una cabaña en las montañas, ver un amanecer, contar historias y reír de ellas frente a una botella de tequila con mis personas favoritas, pensar en lo pasado, reír con mi presente y trazar un futuro incierto, como me gusta, sorprendente y cambiante, no imagino un mejor modo de cerrar con broche de oro.

Quizás pido mucho, es probable que esté soñando, pero no importa, tengo dos años para hacerlo, para festejar cada día, para agradecer cada mañana a Dios y a la vida y si por algo resultara que en medio de este tiempo se me agotara la existencia, sepan que me voy feliz, convencida de haber disfrutado al máximo mi estadía, me gusto el “todo incluido”, no le cambiaría nada, no le quitaría dolor ni le agregaría más amor, cada dosis fue perfecta y cada instante irrepetible.

 

Gracias al destino por este regalo hermoso, gracias por mis 49 entrados los 50 que hoy llegan a despertarme y a decirme “Feliz cumpleaños Ada, levántate de mañana, mira que ya amaneció”.