14/Nov/2019
Editoriales

La calidad del aire, una prioridad indudable de la política ambiental

 

La comunidad científica coincide abiertamente y de manera rotunda en que existe una clara influencia entre las condiciones climáticas de una ciudad y la salud y el bienestar de las personas que la habitan. En las últimas décadas, se han puesto de manifiesto una serie de consecuencias negativas ante el aumento incontrolado de gases perjudiciales en el entorno urbano, fruto de la actividad diaria de los seres humanos. Esto ha suscitado que la calidad atmosférica haya empeorado en gran medida. 

Ante esta problemática, se hace evidente la necesidad de profundizar e investigar en las afectaciones concretas de dicho problema sobre la salud pública.

Hoy en día, la calidad del aire se considera uno de los mayores retos sanitarios a nivel mundial que se deben afrontar a causa de la contaminación del aire. A pesar de que las instituciones europeas coinciden en que se debe apostar por una reducción sustancial de las emisiones de los principales contaminantes atmosféricos, los niveles de contaminación siguen siendo demasiado altos y, en consecuencia, los problemas de calidad del aire siguen latentes. Ante esta realidad, toda la población está expuesta, manifestó Maria Luz Díaz, docente y consultora ambiental Cerem International Business School.

La calidad del aire, por ello, supone una prioridad indudable de la política ambiental, debido a las crecientes repercusiones sobre la salud del medio ambiente y de las personas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda en un informe que alrededor de 7 millones de muertes anuales en todo el mundo son plausiblemente atribuibles a la contaminación atmosférica y sus consecuencias que provocan en la salud de todos.

Las partículas contenidas en el aire contaminado penetran en el sistema cardiovascular y respiratorio, provocando un amplio abanico de enfermedades muy diversas. Entre ellas, cardiopatías, cáncer de pulmón, infecciones respiratorias o accidentes cerebrovasculares. Además, el informe añade que alrededor de nueve de cada diez personas de todo el planeta respiran aire contaminado. A pesar de esta realidad, la contaminación atmosférica no solo tiene afectaciones en la salud humana. Las consecuencias sobre el medio ambiente son también muy elevadas.

Si bien el impacto producido por la contaminación es variable en cada individuo, toda la población se encuentra expuesta de todos modos. Las personas más afectadas son aquellas que padecen trastornos respiratorios o enfermedades cardiovasculares, los niños, los ancianos y las embarazadas. Durante episodios de alta contaminación, se recomienda a estas personas evitar pasar largos períodos al aire libre y realizar ejercicio, con el fin de reducir la exposición.

A modo de conclusión, así pues, queda clara la necesidad de apostar por una calidad atmosférica óptima con el fin de cuidar nuestra salud. La calidad del aire prácticamente ha empeorado, por lo que se requieren medidas para revertir el problema. Respirar aire limpio y que no conlleve riesgos para la salud es una necesidad inalienable de los seres humanos.