18/06/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de Nuevo León. Bernardo Reyes, segunda parte

 

En el texto anterior exaltamos la congruencia, olfato y talento políticos del general Bernardo Reyes. Cómo se ganó la confianza del presidente Porfirio Díaz, y la forma en que gobernó por primera vez Nuevo León, de 1885 a 1887. Claro que su acceso al gobierno fue producto de una imposición de Díaz, a costa de disminuir las figuras de Jerónimo Treviño y Genaro Garza García. Empero, el gobernador Reyes hizo cosas buenas e inéditas a favor del Estado, granjeándose buenas voluntades de la población, como llamar a elecciones para el periodo 1887 a 1889, que ganó Lázaro Garza Ayala a quien, ipso facto, entregó el poder.

                

       La segunda gubernatura de Bernardo Reyes  

 

Sin embargo, dos años después, el Periódico Oficial de octubre 1º de 1889 anunciaba el cómputo de la elección para Gobernador del Estado, donde Reyes había participado y se alzaba con la victoria: “con objeto de hacer la computación de votos emitidos en las elecciones de Gobernador del estado y Poder Judicial del mismo Honorable Congreso, se declaró en sesión permanente habiéndose presentado por la secretaria, los expedientes respectivos, se procedió a hacer la regulación correspondiente, resultando electo para Gobernador del Estado el C. General Bernardo Reyes por 30,440 votos, el Lic. Viviano L. Villarreal por 41, el Sr. Florentino Guerra por 24, el Lic. Francisco Valdés Gómez por 22, el C: Fortino C: Martínez por 9, el Lic. Lázaro Garza Ayala por 17,  el General Francisco Naranjo por 9… el C: Lic. Ramón Treviño por 3, el Lic. Genaro Garza García por 1… Artículo único. Es gobernador constitucional del Estado para el próximo periodo el C. Bernardo Reyes, por haber obtenido la mayoría absoluta de 30,440 votos…”

                     

                                                     Porfirio Díaz tenía el control electoral                                    

 

 A estas alturas, ya estaba claro que el dominio electoral lo tenía el régimen porfirista y que obedecía a un plan bien elaborado. No podría explicarse de otra forma que un ex gobernador tapatío, por bueno que fuera, les diera casi “zapato” a todos los ex gobernadores locales. Por ejemplo, el gobernador en funciones, Lázaro Garza Ayala obtuvo sólo 17 votos; Viviano L. Villarreal, 41; Ramón Treviño, 3; y el otrora poderoso cacique Genaro Garza García, sólo un voto. Se evidencia el plan preconcebido al ver que Lázaro Garza Ayala obtuvo 27 mil 201 votos para presidente del Tribunal de Justicia y sólo 17 votos para gobernador del Estado; el voto diferenciado no era común entonces.

Una vez superado el aspecto electivo, Don Bernardo Reyes tomó posesión de la gubernatura nuevoleonesa el 4 de octubre de 1889, y en sobrio discurso, prometió ceñirse al marco legal: “En las liberales instituciones que el Soberano se ha dado, está señalada la norma de conducta de sus mandatarios y estas veneradas instituciones, tan caras para nuestra patria que en su inmenso valor estimo y que por su soberana majestad respeto, son, porque deben ser, el programa dentro del cual se desarrolle mi gobierno.

Cuento para el éxito feliz de mi administración y ello me alienta con el concurso principalísimo del poder legislativo a quien tengo la alta honra de dirigirme y con el del respetable poder judicial y cuento también y esto es lo menos, con mi voluntad grande e inquebrantable en favor de la felicidad de un nuevo pueblo, al cual me siento obligado por la prueba de confianza con que señaladamente me ha distinguido depositando en mi sus preciosos intereses, a los que dedicaré todos mis esfuerzos, que quisiera se multiplicaran para cumplir como Nuevo León Merece, la delicada misión que me ha confiado”.

                         

                                                  La obra del gobierno de Bernardo Reyes

 

 Habían pasado apenas cuatro días cuando –el 8 de octubre de 1889- el gobernador Bernardo Reyes dictó sus primeras disposiciones para mejorar el transporte público movido por fuerza animal, tirado por las “mulitas de los tranvías”:

“Primero: perfecta regularidad en el servicio,                                                              

Segundo: que los carros estén siempre en buen estado y aseados;                                        

Tercero: que los conductores sean aptos bajo todos conceptos para desempeñar su encargo;

 Cuarto:  que la limpieza de las caballerías sea asiduo                                   

 Quinto: que las bestias que se ocupen tengan las condiciones de mansedumbre necesarias y que se conserven competentes para el trabajo que se destinan y                  

 Finalmente: que se adopte en los trabajos en la vía todo aquello que tienda a un régimen de servicio ordenado.

 A fin de que el público lejos de resentir de algún modo incomodidades o desagrado, sea bien atendido y servido según los compromisos de la empresa”.

                              

                                                         Se vale reelegir a los gobernantes                                                  

 

 Sin embargo, la proclividad a convertir nuestra democracia en autocracia asomó a la ventana nacional. El 11 de octubre de 1889, contradiciendo al principio de “No Reelección” del plan de Tuxtepec que en 1876 había llevado al poder en México a Porfirio Díaz y a Bernardo Reyes en Nuevo León, se reformó el artículo 116 de la Constitución local para quedar así:

“Artículo 116… El Gobernador será electo también directamente por el pueblo y durará en su encargo cuatro años pudiendo ser reelecto para el periodo constitucional inmediato; pero quedará inhábil en seguida para ocupar el gobierno por nueva elección, a no ser que hubieran transcurrido cuatro años desde el día en que cesó en el ejercicio de sus funciones”.

La reelección no era rechazada en Nuevo León porque la hacían acompañar de buenos proyectos. El 29 de octubre de 1889, el gobernador Reyes presentó una reforma a la Ley de la Escuela Normal de profesores. En ella se modernizaba la currícula académica, se mejoraban los sueldos a los profesores de esta institución y se establecía un sistema de premios para los estudiantes.

                                         

                                                          Cierra la escuela de medicina 

 

 Sin embargo, entre los subproductos de semejante reforma educativa subyacía la intención de que las élites económicas y políticas monopolizaran la educación profesional. Para ello bastó con aumentar las cuotas del Colegio Civil al grado que la escuela de medicina se quedó sin alumnos y hubo de cerrar. Así, las siguientes generaciones de profesionales regiomontanos, se forjarían en Europa y en Estados Unidos.

                                      

                                                          Llega la industria a Monterrey

 

Al año siguiente -1890- arrancó la industrialización del Estado con la apertura de diez industrias: la planta metalúrgica “Nuevo León Smelting and Manufacturing Company Limited”, de Joaquín Máiz; la “Compañía Minera, Fundidora y Afinadora Monterrey”, de Juan Weber; la fábrica de jabón “La Reinera”, de Fernando Martínez; la “Gran Fundición Nacional Mexicana”, de Daniel Guggenheim, la fábrica de cigarros de Luis Diez; y la fábrica de cerveza y hielo “Cuauhtémoc”, de Isaac Garza y J.M. Schnaider. Este boom significó una inversión de un millón y medio de pesos, además de ochocientos nuevos empleos para obreros, inaugurándose el necesario proceso de migración de otras entidades a la nuestra, ante la falta de mano de obra disponible.

Así mismo, con el apoyo federal iniciaron los trabajos para determinar los límites de Nuevo León con Coahuila y Tamaulipas, tema que llevaba años litigándose en la Suprema Corte de Justicia.

 

                                               El desarrollo del transporte en Nuevo León

 

 El proceso de industrialización pasaba por el desarrollo del transporte. La Administración del Ferrocarril del Golfo había anunciado: “quedó concluido y en servicio hasta Linares… Este suceso encarna un gran paso para el adelanto de Nuevo León, pues enlazados ya por el ferrocarril los principales pueblos de su zona agrícola, que son otros tantos centros de comercio, fáciles, a la vez que continuas, serán sus transacciones. Nuevo León realmente está de plácemes porque tiene doce de sus pueblos en inmediato contacto con la línea Nacional Mexicano y la de esta capital al Golfo, y con el hecho a que nos referimos es incuestionable que se abrirán más amplios horizontes a todo género de negocios”. Además, a donde iba el ferrocarril iba el telégrafo con lo que la comunicación con estos pueblos se hacía casi simultánea.

 

                           Porfirio Díaz finge no ver la ausencia de aplicación de las leyes de Reforma                        

 

A nivel nacional, desde la nacionalización de los bienes del clero en 1857 se había presentado el problema de que una vez confiscados los hospicios, hospitales y asilos de la iglesia Católica, ni el gobierno, ni ninguna otra instancia proveían los servicios de beneficencia en el país, lo que provocó que se elevara la mortalidad, las enfermedades y la vagancia. El porfiriato procedió a ignorar, sin abrogar, las leyes de reforma permitiendo a la Iglesia Católica, prestar algunos servicios sociales. En ese tenor, el general Reyes publicó el 11 de febrero de 1890 un Reglamento para el Hospicio Ortigosa operado discretamente por las Hermanas del Verbo Encarnado y en apariencia por un patronato.

A principios de 1890 se firmó el contrato de introducción de la energía eléctrica a la ciudad desde su producción aprovechando la fuerza de las aguas arriba del río Santa Catarina hasta su distribución para la industria, el comercio y las familias, el contrato se celebró con amplios incentivos fiscales entre el gobierno del Estado y la Compañía de Luz Eléctrica de Monterrey.

 

                                                         Exención de impuestos a las obras  

 

 En octubre de 1890, el gobernador expidió un decreto eximiendo de contribuciones por cinco años a las fincas que se construyeran en los dos siguientes años. Esto promovió la  edificación de más de 300 casas que mejoraron el perfil urbano de Monterrey. Se aligeró la densidad de habitantes por vivienda, ampliándose la ciudad y poblándose las nuevas avenidas de Unión y Progreso (hoy Madero y Pino Suárez).

Todo esto es en resumen la labor del gobernador Bernardo Reyes en un par de años, en medio cuatrienio. En definitiva es uno de los más proactivos y cuando se sentaron las bases para convertir a Nuevo León en el gran estado industrial que ahora es.

 

Fuentes:

Periódico oficial de estado 1889, 1890, 1891, versión electrónica.

Génesis y evolución de la Administración Pública del Estado de Nuevo León, Isabel Ortega Ridaura, Fondo Editorial Nuevo León. 

Porfirio Díaz frente al descontento popular regional, Friedrich Katz, Universidad Iberoamericana.