18/09/2018
Editoriales

La penicilina

 El científico británico Alexander Fleming descubrió en 1928 la penicilina. 

 El científico británico Alexander Fleming descubrió en 1928 la penicilina

Observó que un microbio que “no había sido invitado” a un cultivo en su laboratorio de Londres, debido al desorden que tenía en sus muestras, le permitió ver el efecto de eliminación de otros microbios, creando un antibiótico. Lo dio a conocer, pero nadie le dio importancia considerándolo sólo una curiosidad científica, hasta que sobrevino la segunda guerra mundial y las heridas infectadas causaban más bajas que las propias armas.

Urgía tener algo para controlar las infecciones pues los nazis ya tenían en uso las sulfamidas, invento de Gerhard Domagk, que coadyuvaba al tratamiento de las heridas. Se aplicaron los científicos aliados en darle trato de primera importancia al onvento de Fleming y empezó la producción masiva. Este Fleming, a quien le dieron el premio Nobel, era un tipo de buen humor, y nunca desconoció lo fortuito de su descubrimiento, mientras otros que igual dieron con prodigios de la naturaleza gracias a las serendipias (chiripas), hasta novelas hicieron de sus larguísimos estudios y desvelos en sus laboratorios para conseguir sus objetivos. No cabe duda de que los hombres somos todos iguales, en este caso, los científicos y los políticos.