28/05/2018
Editoriales

Los grandes gobernadores de Nuevo León. Santiago Vidaurri, tercera parte

En la segunda parte vimos la concreción del ente llamado Estado de Nuevo León y Coahuila, y las vicisitudes de Vidaurri para legitimarlo, rompiendo con la Iglesia Católica. Durante su segundo gobierno consiguió progreso económico para el estado con los recursos generados por las aduanas federales que administraba, en virtud de la guerra que la nación padecía. Comentamos el inicio de sus problemas con el gobierno federal cuando Santos Degollado, el ministro de guerra juarista se molestó con Vidaurri por haberle quitado de su equipo al general Zuazua, y respondió enviándole al general Silvestre Aramberri a combatirlo, quien lo derrocó en septiembre de 1859.

 

Aramberri, sin embargo, regresó triunfante a la ciudad de México dejando en la gubernatura al presidente del Tribunal de Justicia del Estado, Domingo Martínez, quien convocó a elecciones y ya para el 11 de abril de 1860, Santiago Vidaurri era de nuevo gobernador del Estado de Nuevo León y Coahuila. Triunfó contundentemente en todos los distritos electorales, excepto en Saltillo. Su liderazgo llamaba la atención en el país, pues no se entendía qué había hecho Vidaurri para tener un apoyo ciudadano tan sólido.

 

¿Por qué era tan popular el gobernador Santiago Vidaurri?

La explicación era clásica: se supo ganar la confianza ciudadana. Los nuevoleoneses gustan de gobernantes capaces, fuertes y con tamaños políticos. Y Santiago Vidaurri era el arquetipo: había hecho crecer el territorio del estado sumando a Coahuila (“corrió la cerca hasta el límite con Chihuahua”, decían los regiomontanos), y por ende también su presupuesto. Enderezó los ingresos aduanales para las obras públicas, y el gobernador Vidaurri brindaba a la población el servicio público más importante: la seguridad. Todos los caminos y las ciudades estaban bien resguardados contra la delincuencia, ya ni los indios atacaban a las ciudades como antes.

 

La seguridad vidaurrista era el sustento del desarrollo. Sentado en la silla de gobernador del Estado de Nuevo León y Coahuila, mejoró caminos y puentes abandonados desde la ocupación norteamericana. Y si le sumamos estos avances a la seguridad, se propició un auge económico con florecimiento del comercio y la industria, pues los productos viajaban sin problemas desde lugares tan lejanos como La Laguna hasta la frontera. Así, el algodón, el ganado, los productos agrícolas y los valores circulaban tranquilamente y con comodidad.

 

Los jaloneos con otros grupos políticos locales

Sin embargo, no todo era miel sobre hojuelas. Ciertamente la mayoría de los nuevoleocoahuilenses, y los militares como Zuazua y Julián Quiroga querían y respetaban a Vidaurri, pero éste jamás construyó un grupo político hegemónico que pudiera atemperar las luchas políticas con los otros poderes del Estado. Un gobernante que no tiene ese manejo en buen nivel, siempre tendrá dificultades con la gobernabilidad. Y muy pronto, a mediados de 1860, las relaciones entre el Congreso del Estado y el gobernador Vidaurri se complicaron con el pretexto de la aprobación del decreto 12, que decía:

 

“En el Estado se observará íntegramente la Constitución; y las autoridades que emanen de ella, cualquiera que sea su clase y categoría, no podrán ejercer ni abrogarse otras facultades que las que les señala la misma Constitución y demás leyes que de ella procedan”. Esto suena bien, pero en realidad le restaba facultades a Vidaurri, aquellas que le habían sido otorgadas en calidad de extraordinarias en el decreto 34 del 19 de enero de 1858, durante su gubernatura anterior.

 

Así que Vidaurri se negó a publicar el decreto y se lo regresó al Congreso, con sus observaciones. Ante tal actitud, los diputados se reunieron en secreto los días 18, 21 y 22 de Mayo de 1860, para discutir un dictamen relativo a las observaciones del Gobernador. Le respondieron con otro decreto que no aceptaba el veto del gobernador, redactado en los siguientes términos: “No es observable el decreto número 12, expedido el 4 del actual; en consecuencia, devuélvase al Ejecutivo para su inmediata publicación”.

 

Pero el gobernador Vidaurri “se montó en su macho” negándose nuevamente a publicarlo. Así que, ante la clara violación a los preceptos constitucionales, los diputados Cavazos, Garza y Garza y Villarreal se pronunciaron en contra del Gobernador acusándolo de tiranía y desobediencia a la Constitución.

 

Esto era la ruptura entre los Poderes Legislativo y Ejecutivo. Por tanto, se suspendieron las sesiones del Congreso, hasta que, utilizando la diplomacia, Vidaurri convenció a los diputados de que se reunieran el 28 de diciembre de 1860, para expedir –como lo hicieron- un único Decreto: “a petición del Ciudadano Gobernador, este Congreso seguirá funcionando hasta que se restablezca la Paz en la República y para el efecto, deja nombrada la Comisión Permanente, la que convocará al Congreso cuando el caso lo requiera”. Superada la crisis, el 2 de Febrero de 1863, reelecto Vidaurri, y electo un nuevo Congreso, volvió el orden constitucional a Nuevo León y Coahuila.

 

La obra del gobierno de Santiago Vidaurri, de 1860 a 1864.

El gobierno de Vidaurri -1860 a 1864-, fue próspero pese a las complicaciones políticas internas y externas: A finales de 1860, un camino moderno y cómodo uniría Monterrey y Saltillo. Para su mantenimiento, Vidaurri comenzó a cobrar derechos de peaje, sentando las bases para las actuales carreteras de cuota. En materia educativa, Vidaurri presentó en 1857 al Congreso la propuesta para la creación del Colegio Civil que fue aprobada hasta 1859. Esta institución inició sus actividades académicas de secundaria, preparatoria y con las escuelas de jurisprudencia y medicina quirúrgica, en la casa episcopal como sede provisional, en las actuales calles de Morelos y Zaragoza. Otro logro importante de su gobierno fue la fundación en 1860, del Hospital Civil, a instancias del doctor José Eleuterio González.

 

Adicionalmente, el gobierno de Vidaurri inició preparativos para dar cumplimiento a las Leyes de Reforma. Comenzó a vender las propiedades del clero, más las rurales que las urbanas, impulsándose con ello la producción agrícola en estas tierras.

 

Llega el auge a Monterrey

En la iniciativa privada sobresalía la Fábrica de Hilados La Fama -fundada en 1854- que inició un lucrativo comercio con Estados Unidos, mientras que en el estado se importaban otros productos. Este mercado internacional de ida y venida de productos generaba impuestos que, como ya se dijo, a pesar de ser federales, su importe quedaba en las arcas del estado. Así fue como llegó a Monterrey y a Saltillo la prosperidad. En ambas ciudades se iniciaron proyectos de bosques urbanos a los que llamaron “Alamedas” y que hoy continúan dando los servicios de ornato y ecológico.

 

Entre 1860 y 1862, el Estado de Nuevo León y Coahuila vivió sus mejores años. El presidente Juárez fue tolerante y estaba negociando los ingresos aduaneros con Vidaurri. Sin embargo, en 1862 comenzó la invasión francesa al ingresar tropas por Veracruz con rumbo a la capital. Esto obligó a que Benito Juárez iniciara un éxodo, y a armar un ejército capaz de enfrentar al mejor del mundo. Para todo eso se requería dinero, mismo que Vidaurri tenía, pero no estaba dispuesto a entregarlo a la Federación.

 

El gobierno de Santiago Vidaurri, distante de la realidad nacional

y zigzagueante con las Reformas

Y como Juárez estaba atareado con la guerra contra el invasor, Vidaurri gobernó Nuevo León y Coahuila casi de forma independiente, al grado de que comenzó a aplicar las leyes de reforma a medias. La costumbre se convierte en ley, y aunque fuera contradictorio con la realidad nacional, en Monterrey se realizaban fiestas públicas con pompa que contrastaban con una nación ocupada, atribulada, y un gobierno en problemas, como podemos advertir en esta acta de Cabildo:

 

“En la Ciudad de Monterey Capital del Estado Libre y Soberano de Nuevo Leon y Coahuila á los dos dias del mes de Febrero de mil Ochocientos sesenta y cuatro: reunidos en la plaza de armas bajo la Presidencia del C. Santiago Vidaurri Gobernador del Estado el Ayuntamiento constitucional de la Municipalidad, varios empleados y un gran número de Ciudadanos con el fin de celebrar la bendicion y colocacion de la primera piedra de la fuente de mármol que vá á construirse en el centro de dicha plaza, donde de ante mano y de conformidad con el programa adoptado, se prepararon un salon bastantemente adornado, recados de escribir y otros muebles al efecto necesarios, despues de los correspondientes repiquen a vuelo en todos los templos, toques de algunas piezas por la música militar, y dadose varias descargas de fusileria y artilleria se procedió al acto solemne y bendicion a la piedra por el Señor Canónigo Magistral Don José Joaquin de Orozco, siendo los padrinos los C C. Sindicos Procuradores como representantes del pueblo. Concluida esta ceremonia se dispuso: que en un pomo de cristal se encerrase copia de esta Acta, el ceremonial para esta celebridad, un retrato del C. Gobernador, el calendario de la revista de Nuevo Leon y Coahuila del presente año, los ultimos números del Boletin Oficial periodico del Estado la constitucion que este se dió en mil ochocientos cincuenta y siete, la distribucion de premios que entre los Alumnos del Colegio Civil hizo el C. Gobernador el año anterior y un testimonio de la fundacion de esta Ciudad, y todo ello se depositase en una caja de plomo y ésta en otra de mármol, lo cual se efectuó por los mismos Sindicos Procuradores, y puesta la piedra bendita en el lugar respectivo el C. Gobernador echó para asegurarla la primera porcion de mezcla. Con lo que se terminó este acto público: de que doy fe. Firmas”.

 

Queda claro que se estaban violando las leyes de reforma: un sacerdote presidía un acto público y funcionarios públicos, con ese carácter, participaban en un acto religioso. Se inauguraba la obra de la Fuente de los Delfines, que hoy está en la Plaza de la Purísima, depositando una “cápsula del tiempo” con retratos de Vidaurri, recados de la gente de la época; y en fin, se trataba de una gran celebración con fastos.

 

Llega el momento de las definiciones

Pero la guerra avanzaba al norte del país y se acercaba a Monterrey. El gobernador Santiago Vidaurri debía colaborar con Juárez, lo que significaba entregar los recursos de las aduanas nuevoleocoahuilenses o esperar a ver qué sucedería con el Imperio Francés. No cabe duda que las circunstancias determinan muchas cosas en los hombres. Santiago Vidaurri era un gobernador muy querido, con grandes habilidades y osadía dilatada, pero ahora estaba ante la disyuntiva de solidarizarse con su país y perder todo por lo que había luchado tanto, o pelear por la conservación de su proyecto, pero yéndose en contra de los intereses nacionales.

Continuará…  

 

 

 

Fuentes

 

Periódico oficial del estado 1860, 1863, versión electrónica 

México a través de los Siglos, Vicente Riva Palacio y otros

Archivo Congreso del Estado

Revista histórica sobre la intervención francesa en México, José María Iglesias, CONACULTA 

Algunas memorias de mis tiempos, Guillermo Prieto, CONACULTA.