22/Nov/2019
Editoriales

Los primeros días de un simple enero

Parece que fue ayer cuando estaba comiendo uvas y celebrando la llegada de un nuevo año. Sin duda, en mi percepción, los primeros días de enero han transcurrido de manera acelerada, como acostumbran suceder las cosas en estos tiempos.

En breve, llegaremos a febrero y así, seguiremos avanzando hacia un mañana incierto. Porque nadie sabe lo que ocurrirá después de este momento. Para muchos, el reloj avanzará girando sus manecillas de manera lenta o rápida, para otros, simplemente avanzara girando sus manecillas al ritmo de siempre. Y habrá quienes aprovechen cada minuto de sus vidas para hacer, aprender, crear, compartir, sentir, expresar y hasta sonreír, y para ellos, el tiempo habrá tenido una razón en su existir. Los más despistados, solo podrán decir que el tiempo pasó porque tenía que ser así, sin un por qué y mucho menos un para qué. Yo, por lo pronto, sigo avanzando en este corto análisis sobre el inexorable caminar de los segundos.

Porque un solitario segundo en el tiempo es suficiente para marcar un antes y un después en cualquier historia. Precisamente, la transición entre el año viejo y el nuevo dura eso, y tal vez menos. Cuando la cuenta regresiva de los últimos minutos del 2018 comenzó, así fue. Nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno y cero… En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en el 2019. Se dice fácil y se vive de manera sencilla y hasta alborotada, pero, representa un gran cambio en nuestras vidas. Es otro ciclo, uno nuevo, un pequeño libro con trescientas sesenta y cinco hojas en blanco -a excepción de los años bisiestos-, en las cuales, hay que seguir escribiendo nuestras grandes o pequeñas historias de vida.

Y si hablamos de lo que conlleva una relación estrecha y directa con el tiempo, no podemos excluir  a esas cuatro estaciones del año que marcan nuestra existencia. La primavera conduce al verano, el verano al otoño y el otoño al invierno; punto, se acabó y vuelve a empezar. No obstante, hace muchos años existió una quinta estación. Cervantes lo reflejó en El Quijote señalando: “La primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua”.

El estío, aunque ya no exista como tal y algunos insistan –ahora- en llamarlo verano, realmente no es eso, porque antes representó, para la humanidad, una etapa entre el verano y el otoño.

Y en esa misma rueda continua que Miguel de Cervantes Saavedra describió en su obra, transcurre nuestra vida, estrenando y desechando días, meses y años, una y otra vez, para seguir avanzando en este efímero recorrido llamado experiencia humana.

Experimentemos pues, girando y girando con gran entusiasmo, todos y cada uno de los engranes de nuestro propio reloj. Aceptando que no todos tienen que ser iguales, sin embargo, dentro de esa desigualdad de tamaños, cada uno es una pieza importante e insustituible que da sentido a lo que nos tocó vivir. Los engranes más pequeños, son como rueditas diminutas que pueden representar nuestros momentos, los medianos nuestros días, los grandes nuestros meses y los de mayor circunferencia, asemejarán a los años.

Gíralos todos, dándoles impulso desde el corazón… porque recuerda, el tiempo pasa y nunca volverá atrás.