26/Oct/2020
Editoriales

Una nueva vida

Cuando vemos morir amigos y conocidos a causa de la pandemia y su inseparable terror, lo mejor que podemos hacer es cuidarnos y vivir felices, porque somos privilegiados.

La felicidad —o lo que cada uno llamemos así— es un estado mental, algo no tangible, y hasta ahora la hemos entendido de formas diferentes en cada época que vivimos. 

Nuestros sueños dorados de juventud ahora son frivolidades; sus tesoros se relavaron con el tiempo y descubrimos que estaban forrados de oropel, cuyos brillos se opacaron con la pátina del tiempo.

Tal vez sea que como dice el refrán, los viejos, cada día tienen algo nuevo. Aquello que antes no existía, o no era importante, hoy es novedad y encabeza nuestras prioridades. 

Cuidar como nunca la salud es ahora sumamente importante, cuando antes estaba en un lugar lejano a nuestras prioridades; las peores enfermedades, si son detectadas a tiempo, se pueden curar. 

Otro aspecto por mejorar es nuestro carácter, empezando por tolerar a quienes nos caen mal. 

Destaquemos lo positivo de nuestros fracasos, e reiniciemos una nueva lucha, recordando el apotegma de que no hay mal que por bien no venga. 

Riamos y disfrutemos más, aceptando nuestros errores, y trabajemos menos, pues otras personas pueden realizar nuestras labores, pero nadie vivirá nuestra vida. 

No reprimamos tanto nuestras emociones, lloremos cuando sintamos ganas, pues las emociones cohibidas son las peores consejeras. 

Vivamos todos los días con alegría y la sensación de que es el treinta y uno de diciembre, así cuando nos llegue el último día de vida, habrá sido un buen día.