24/Oct/2019
Editoriales

Las Plazas de Monterrey. La Plaza de San Jacinto, o Plaza José Joaquín Fernández de Lizardi

Para el año de 1860 la ciudad de Monterrey se extendía unas diez cuadras de sur a norte desde el Río Santa Catarina hasta la actual calle de Aramberri, y otras quince de poniente a oriente a partir del templo de La Purísima hasta el ex - fortín de Las Tenerías (también en la vega del Río Santa Catarina). Además, la mancha urbana crecía con “El Repueble del Norte” de aproximadamente un kilómetro hacia ese rumbo, que aparecía en los planos con calles y manzanas bien alineadas, aunque en esa zona, por estar semi deshabitada, las propiedades se habían desalineado. 

En cambio, en el lado poniente había hermosas propiedades. En el cruce de las actuales calles de Serafín Peña y Aramberri existía una bonita quinta llamada “De las Flores”, que tenía frente a la calle de las Flores -hoy Serafín Peña-. Su amplio terreno albergaba a las manzanas que hoy ocupan la Escuela Joaquín Fernández de Lizardi, el Hospital San Vicente y la manzana nor-poniente del hospital, donde aún está una especie de vecindad con un callejón de acceso que remata en la circunferencia de un corral para toros de lidia. Más adelante explicaremos por qué se edificó de esa forma. 

 

Se crea la Plaza de San Jacinto

Estas manzanas determinadas por las actuales calles de Serafín Peña, Porfirio Díaz, Modesto Arreola y Aramberri, más un cuadrilongo baldío que servía de mercado, de cochera y establo de los vecinos de escasos recursos, fueron bautizadas en 1868 como Plaza de San Jacinto. El nombre no evocaba al dominico español del siglo XIII que expandió la fe en Polonia, sino a la trágica Batalla del 21 de abril de 1836, en las Llanuras de San Jacinto cerca de La Porte, Texas, donde 600 valientes mexicanos fueron muertos por el ejército tejano separatista de Sam Houston, mientras su comandante Antonio López de Santa Anna dormía su famosa “siesta”.

“20 de Agosto de 1868.  Dictámen de (…) Arteaga, Hinojosa y Ramon Garza (…) se aprueben los nombres de las calles del Repueblo del norte y plazas en la forma siguiente: De norte á sur, de Ysac Garza Cantú; Demócrata Manuel Maria del Llano, Lic. Lafuente, General Arteaga, Coronel Zalazar, General Arzita, Miguel Lerdo de Tejada, General Carlos Zalazar, Gutierrez Zamora, General Guilardi, J. Garza Leal, Coronel Juan N. Mendez, C. Benito Juarez, General Leandro Valle; Coronel Villagomez, Alameda, General Villagran, General Juan Alvarez, General Porfirio Dias, General Corona, Miguel Nieto, Lima, Bolivar, Centro America, Ecuador y Perú. De oriente á poniente, General Tapia, General Espinoza, General Treviño, General Doblado, General Herrera y Cairo, General Jimenez, Coronel P. Sanchez, Coronel R. Martinez, Coronel N. Romero y la Zona. Plazas 15 de Mayo, Santa Ysabel, la Muralla, San Jacinto, General Gerónimo Treviño, Santa Gertrudis, la Carbonera, San Javier, Santa Ynes, Calpulalpan, y la Constitucion de 1857. (…) que los nombres (…)deben ser anotadas en el plano respectivo. (…) se aprobó (…) que pase al Yngeniero para que anote los nombres de las calles en el plano respectivo (…).”

 

La Plaza de toros 5 de Mayo, y su corral para animales de lidia

En esta plaza se construyó en 1885 una Plaza de Toros que tomó por nombre “5 de Mayo”, inaugurada el 5 de junio –con un mes de retraso- de ese año, con su respectivo y adjunto corral para reses bravas, al que ya hicimos alusión.

“Rafael Aldape pide se le concedan las corridas de toros en la plaza 5 de mayo, dándole la ciudad la madera necesaria”.

 

El Barrio de San Jacinto

De inmediato, la Plaza de San Jacinto fue un referente, y a esa zona se le llamaba El Barrio de San Jacinto que, ya en el porfiriato, se utilizó hasta para combatir la sequía:

“25 de Febrero de 1889. (…) Ocurso de Hilario Ortis, solicitando se le mercede un solar, que segun título que adjunta esta poseyendo en renta en el Barrio de San Jacinto

“14 de Noviembre de 1,892. Doctor L. Sepúlveda(…) Santiago A. Carr, Gerente de (…)Constructora de Pozos Artesianos, expone que el 13 de Febrero celebró (…)contrato con este Ayuntamiento para la perforación de un pozo artesiano en la Plaza de San Jacinto, estipulándose (…) el Municipio espensaría el gasto de comestible y jornal de dos operarios señalándose la suma de ocho pesos diarios para tal erogación”.

Sin embargo, la “Compañía Constructora de Pozos Artesianos” fue incrementando los costos del pozo, lo que en una primera instancia fue aprobado por el Cabildo:

“13 de Febrero de 1893. Carlos Berardi (…) enterado el Sr. Gobernador (…) ha dispuesto se apruebe hacer el gasto que demanden los trabajos en la prosecución del pozo artesiano que se construye en la Plaza de San Jacinto de esta Ciudad”

Pero como el pozo no avanzó, para febrero de 1893 se canceló el proyecto:

“20 de Febrero de 1,893. Carlos Berardi (...) la rescicion del contrato celebrado con la "Compañia Constructora de Pozos Artesianos" para la perforacion de (ilegible) en la Plaza de San Jacinto(…) no habiendo hecho las anotaciones correspondientes en las copias que expidio a las Sres. Pedro Treviño y Santiago A. Carr por no haberse presentado aun”. 

La Plaza de San Jacinto, al igual que las demás, fue habilitada en 1909 con refugios temporales para los damnificados de la inundación:

“6 de Septiembre de 1909, Doctor Martínez (…) los trabajos de construcción de localidades para asilo de los damnificados estaban muy adelantados, pero los de la Plaza San Jacinto estaban ya terminados y los de la Plaza de La Luz pronto se terminarían”.

Ya hemos comentado en textos de otras plazas que en esa época la Ciudad se endeudó para reparar los daños de la inundación, y hubo de tomarse la decisión de vender “unos cuartos de madera” construidos para albergar a damnificados, kioscos o pequeños restaurantes. Pero al no poder venderse esos cuartuchos, la Plaza San Jacinto se convirtió en un foco de infección, interviniendo el Consejo de Salubridad. Ya en 1911 el regidor Hinojosa pidió promover la forestación y arreglo de las plazas que daban mal aspecto a la ciudad:

“12 de Junio de 1,911.- (…) Hinojosa dijo: que la Ciudad cuenta con tres plazas: la de Garza García, San Jacinto y la Muralla (…) pudiendo convertirse en sitios amenos y hermosos, plantándose árboles y plantas chicas de jardín(…) ya se cuenta con el agua suficiente para su irrigación. (…).”

Para esto, el alcalde Fermín Martínez intentó instalar la fuente que se quitó de la Plaza Degollado, pero por causas diversas esa bonita Fuente jamás se instaló.

“31 de Julio de 1,911.- Fermín Martínez(…) Se cambien los materiales de la extinguida fuente de la Plaza de Degollado a la Plaza de San Jacinto, (…) Compañía que bajo precios fijos se comprometa construír el jardín de la referida Plaza de Degollado incluso su ornato, como bancas, farolas y demás (…)”. 

 

Los primeros intentos de desaparecer a la Plaza San Jacinto

Debido a las demandas revolucionarias de reivindicaciones sociales, al gobierno le urgía instalar planteles educativos y se exploraba la posibilidad de construir una nueva escuela. Pero no había dinero, por lo que existían dos opciones: adquirir un terreno de 30 mil pesos o disponer de la Plaza San Jacinto considerada “innecesaria” porque la gente prefería la Alameda Porfirio Díaz, hoy Mariano Escobedo:

“15 de abril de ,1912.- Alfredo Pérez(…)  él y el Regidor C. Nicéforo Zambrano ver un terreno por la calle de 5 de Mayo (…) que ese terreno lo venden por treinta mil pesos. (…) existe una plaza una cuadra al poniente de la Alameda denominada " San Jacinto" que no es necesaria como plaza, puesto que está muy cerca de la Alameda citada, y con el dinero que se pueda invertir en terreno se podría construir un edificio para instrucción moderno y con las condiciones que exigen las leyes de la materia”. 

Pero el establecimiento de una escuela en la Plaza San Jacinto tenía opositores: El regidor Roel decía que no era buen lugar por estar cerca del Hospital San Vicente, de los panteones y de la Plaza de Toros, sin embargo “otros pensaban que el hospital no era problema mientras se mantuvieran algunas reglas de higiene, en cuanto a  la plaza de toros solo operaba los domingos día de descanso de los estudiantes y los panteones (estaban donde hoy está la Secundaria Venustiano Carranza), lejos de la escuela. No se llegó a un arreglo”.

Entre otros efectos dañinos de la Revolución Mexicana, estaba el evidente descuido que en 1918 tenía la Ciudad. Se habían paralizado una parte de las actividades de los ayuntamientos y en la Plaza San Jacinto había escombros y desperdicios:

“18 de Noviembre de 1918. presidida por el C. Alcalde 1o. Propietario D. Gerónimo Siller… . Del C. Mariano Saenz Reyna, pidiendo se le venda la piedra que existe en la Plaza de San Jacinto.

“25 de Noviembre de1918. Don. Gerónimo Siller (…) en el ocurso de Eduardo Rodríguez, solicitando se le venda una caldera vieja (…) en la Plaza de San Jacinto, (…) es de venderse la caldera de referencia y que se autorize en la Presidencia para que de acuerdo con el Comisionado de Hacienda, la vendan al mejor precio posible”. Aprobado. 

 

Otra intentona de vender esta plaza, pareciera estorbarles

En el año de 1920 se pretendió mejorar la Plaza San Jacinto con una banqueta para luego venderla y utilizar esos dineros en la construcción del Mercado Colón:

“9 de Noviembre de 1920. (…) el Profesor Guajardo (…) redificación del Mercado Colón, propone ponga en venta la Plaza de San Jacinto propiedad del Municipio (…) probeyendola de un enbanquetado, destinándose sus rendimientos para emplearse a la verificación del Mercado.- (…)”.-

Pareciera que la Plaza San Jacinto estorbaba para todo. En 1940 se planteó que el Municipio entregara al señor Antonio Sepúlveda la plaza San Luisito (donde hoy se ubica el nuevo Santuario de Guadalupe) y en compensación el Señor Sepúlveda diera al Municipio la actual manzana de Porfirio Díaz, Espinosa, M. M. del Llano y Serafín Peña para convertirla en plaza. Pero no se aprobó porque la Plaza San Jacinto se encontraba próxima y no debían estar dos plazas tan cercanas:

“1o. de noviembre de 1941. Hilario Martínez (…) Del Supremo Gobierno del Estado,(…) la conveniencia de que el Ayuntamiento acuerde la permuta de (…)Plaza de San Luisito por otra manzana de terreno circundada por las calles de P. Díaz, General Espinosa, M.M. del Llano y Las Flores, (…)del Señor Antonio Sepúlveda,(…)”.

 

Convierten a la Plaza San Jacinto en vivero municipal

No sabían qué hacer con la Plaza San Jacinto. Y corrigieron su vocación: no era para la plantación de árboles sino que era el vivero municipal. Y en sospechosa denuncia quedó asentado que algunos vecinos decían preferir la manzana del señor Sepúlveda (descrita arriba) que la Plaza de San Jacinto:

“15 de Noviembre de 1921 (…) aprobada con una ligera modificación hecha por el Sr. Lic. Sepúlveda (…) que la Plaza de San Jacintose había formado con objeto de convertirla en vivero y no para plantación de árboles como se asienta en el acta(...) vecinos del Repueblo Norte de la Ciudad, solicitando el cambio de la Plaza de San Jacinto, por una manzana de la propiedad del Sr. Lic. Antonio Sepulveda,(…) que la Plaza de San Jacinto se habia destinado a un uso especial, constituyendo en ella un vivero”.- (…) pendiente de aprobación.- 

La Plaza San Jacinto cambia de nombre por el de Plaza de Don Martín de Zavala.

“17 de octubre de 1922.- Hilario Martínez (….) para conmemorar el nombre de Don Martin de Zavala, se le denomine así a la calle de las Flores; (…)como esto ocasionaría algún trastorno al servicio postal, se le diera mejor esta denominación a la Plaza que actualmente lleva el nombre de San Jacinto.- Aprobado”

 

Revoca el Cabildo su decisión y le regresa el nombre de Plaza San Jacinto

Pero días después se revocó el cambio de nombre con el fin de no olvidar a la trágica batalla de 1836 y en su lugar se bautiza a la calle de las Flores con el nombre del ilustre gobernador Don Martín de Zavala misma calle que hoy conocemos como Serafín Peña.

“7 de noviembre de 1922. Hilario Martínez (…) en lo sucesivo, la calle de las Flores continuára denominandose Martín de Zavala, y en cuyo acuerdo se llegó a la conclusión de que mejor se le denominara asi a la Plaza de San Jacinto.- (…)que como este nombre recuerda un hecho historico, no cree prudente borrarlo y si persistir en su solicitud primordial.-  se acordó revocar el acuerdo respectivo y denominarle como queda dicho a la calle de las Flores.- Aprobado”

En su inexorable búsqueda de recursos económicos, el Municipio exploraba la venta de alguna plaza, y entre las mejores opciones estaba, como era de imaginarse, la plaza de San Jacinto:

“27 de Febrero de 1923.  Leocadio M. González (…) autorización necesaria para enajenar o vender la Plaza de San Jacinto.- (…) comisionar al Señor Lauro Cavazos jr. (…) y en caso de que el Municipio pueda disponer libremente de la Plaza de San Jacinto, se haga desde luego la solicitud de autorización relativa”

 

Se decide vender la Plaza San Jacinto

Decidida la venta de la Plaza San Jacinto, se iniciaron los trámites para que el Congreso del Estado autorizara su desafectación del patrimonio municipal:

“6 de Marzo de 1923.- Leocadio M. González (…) Lauro Cavazos Jr.(…) lo relativo a la Plaza de San Jacinto,(…) el Municipio podía disponer libremente de ella(…)autorización necesaria al H. Congreso del Estado para tal objeto.- Sin discusión se aprobó lo propuesto por el C. Regidor expresado”. 

 

Qué hacía el Ingeniero de la Ciudad

Se debe considerar que las decisiones en materia de desarrollo urbano pasaban por la opinión del Ingeniero de la Ciudad, un perito y asesor del Ayuntamiento. El primero fue Isidoro Epstein, un judío alemán nombrado Ingeniero de la Ciudad de Monterrey de 1863 a 1865. Y en 1924 Edmundo Peña era el Ingeniero de la Ciudad, quien expresó que no se requerían plazas en la Calzada Madero, sino que el norponiente de la Ciudad requería escuelas, recomendando que el Ayuntamiento se enfocara a ello. 

“26 de Mayo de 1924.- Modesto B. Arreola(…) El  Ingeniero Peña (…)innecesario que por la Calzada se construyan jardines o plazas públicas, (…) permutar la Plaza de San Jacinto, (…) su valor era mucho menor que el de las otras dos plazas, la de Garza García y Oaxaca y que cerca de la primera plaza citada no hay ninguna escuela y sí cerca de las dos últimas”. 

 

Las ofertas por la Plaza de San Jacinto eran muy bajas

A fines de 1924 el Ayuntamiento de Monterrey recibió ofertas por la Plaza de San Jacinto y del General Treviño (conocida como del Chorro) ofreciéndose cada una por 20 mil pesos lo cual el ayuntamiento consideró muy poco dinero: 

“6 de Diciembre de 1.924.- Modesto B. Arreola(…) seleccionado dos plazas, a saber: la de San Jacinto  cercana a la plaza de Toros y la de General Treviño, situada por esta calle a dos cuadras al Oriente de la calle de Zaragoza (…)la mejor forma de negociar las propiedades descritas (…)que lo más que se había conseguido era (…) $20.000.00 por cada plaza, cantidades irrisorias y por lo mismo inaceptables”.

 

Cambio de nombre a la Plaza San Jacinto por Plaza Félix U. Gómez

La calle de la Flores cambió de nombre al de Serafín Peña y la Plaza de San Jacinto a Plaza Félix U. Gómez, en honor al ilustre coahuilense que el 21 de junio de 1916 en la llamada Batalla del Carrizal (Chihuahua) venció y puso en fuga a las fuerzas estadounidenses de la llamada Expedición Punitiva comandadas por el General John J. Pershing. En esa batalla Gómez perdería la vida y la hazaña la culminaría Genovevo Rivas Guillen.

“30 de Agosto de 1927.  Jesús María Salinas Jr(…) De la Cámara de Propietarios de Bienes Raíces enviando nomenclatura de algunas calles para que este H. Ayuntamiento apruebe (…).- (…) con motivo de los próximos trabajos de numeración de las casas(…) para arreglar la nomenclatura (…); se propusiere el nombre del General Félix U. Gómez así como(…)el nombre del literato Amado Nervo,(…) a la calle de la Alameda hasta su cruzamiento con la Aramberri;(…) una lista (…) nombres como Leona Vicario, Salvador Díaz Mirón, Narciso Mendoza y Serafín Peña..- De nuevo (…)Sepúlveda(…) que la calle de las Flores lleve el nombre del General Félix U. Gómez; pero (…)hiciere mención de los nombres del Ingeniero Miguel F. Martínez y Don Serafín Peña, el Profesor Rodolfo Z. González (…) el nombre de Don Serafín Peña ya que fué un gran educador que dedico toda su vida en beneficio de la niñez.- (…) aprobó que en lo sucesivo la calle de las Flores lleve el nombre del Señor Don Serafín Peña y la Plaza de San Jacinto la de General Félix U. Gómez”.

 

Por un error se reconsidera el nombre; termina siendo Plaza José Joaquín Fernández de Lizardi

Pero hubo un error, pues al leer en septiembre 6 de 1927el acta anterior, se dice que no se aprobó el cambio de nombre de la plaza San Jacinto y de nuevo se puso a consideración decidiendo que mejor se llamara José Joaquín Fernández de Lizardi, conocido como el “Pensador Mexicano”:

“ 6 de Septiembre de 1927.-  Jesús Maria Salinas Jr. (…) no se tomó ninguna resolución por cuanto a la Plaza de San (…) Mauricio González propone que como quedó pendiente de designarse nombre a la Plaza de San Jacinto(…)que la designen José Joaquín Fernández Lizarde.- (…)Regidor Vega (…) sería justo que la Plaza del Meditérraneo llevara el nombre de Lizardi.- (…) Rodolfo Z. González que existiendo los dos Plazas del Meditérraneo, San Jacinto una de ellas podría llevar el nombre del pensador Mexicano y la otra la de Don Miguel F. Martínez, (…) y justamente es acreedor (…) al homenaje de respeto y admiración.- Y con la aclaración de la Presidencia este H. Cabildo acordó que en lo sucesivo la Plaza del Mediterráneo se denominaría Miguel F. Martínez y la de San Jacintode José Joaquin Fernández Lizardi.

 

La desaparición final de la Plaza Fernández de Lizardi, antes San Jacinto

Se transcribe este largo fragmento de Acta, por marcar el fin de la Plaza de San Jacinto o Plaza José Joaquín Fernández de Lizardi, para convertirse en una escuela “modelo” y por mostrar la aspiración de un México solidario en los momentos radicales de la izquierda revolucionaria con Plutarco Elías Calles en la Presidencia y Aarón Sáenz en la Gubernatura. El alcalde Jesús María Salinas Junior pronuncia un discurso – arenga ante el Cabildo imaginando que se reunirían 30 ó 40 mil obreros donando su esfuerzo para construir la escuela y que la sociedad haría lo propio con dinero para las obras. Que los maestros se dedicarían en cuerpo y alma a la educación viviendo en la escuela. Pero desafortunadamente la realidad terminó imponiéndose. 

 “24 de Octubre de 1927. Bajo la Presidencia del C. Jesús Ma. Salinas Jr(…)  el C. Alcalde Primero que ya se tiene a la vista el proyecto para erigir en la Plaza antiguamente llamada San Jacinto, hoy Fernández de Lizardi, una Escuela modelo (…): que aún que el propósito de los Ayuntamiento anteriores fué el de convertir ese lugar en una Plaza, es imposible que pasaran muchos años para que se realizara esa idea, tomando en cuenta que dada la proximidad de la Alameda "Mariano Escobedo" pudiera hacerse innecesaria un jardín en aquel lugar, agregándose a ésto el temor que existio de que el Municipio, en época anterior, trató de deshacerse de esa su propiedad; (…) que en la parte Poniente de la Ciudad no hay Escuelas instaladas en edificios de propiedad Municipal, y unas quedan por la Plaza de la Llave y otras por la Avenida Madero quedando sin servicio escolar todo el sector próximo a la Plaza Fernández de Lizardi, (…)puede considerarse perfectamente como el punto central de la población en el lado Poniente, y con facilidad los niños de toda esa parte pueden concurrir ahí: Que el nuevo edificio que se proyecta puede contener de mil dos mil niños pudiendo costar al rededor de cien mil pesos, y como hay terreno suficiente se podía quizas hasta construir algún parque ó jardin anexo al mismo edificio: que posiblemente algunos espíritus apáticos vayan a suponer que ésta idea no vaya a poderse llevar la práctica, pués que en su concepto no es difícil llegar una pronta realización del proyecto si los miembros de éste R. Ayuntamiento insisten acogiendo esa idea en lo absoluto; (…)que los autores de la moción se refieren concretamente  a la conveniencia de solicitar la cooperación de todos los elementos obreros de la población, a quienes hasta ahora no se ha tenido necesidad de recurrir a ellos pero que tal vez lo sea en ésta ocasión; concluyendo por manifestar que tiene la firme creencia de que si los obreros empleados etc., de ésta Ciudad, que suman el rededor de 30 o 40 mil hombres, se proponen a contribuir con un día de trabajo para la realización de éste proyecto tomando en cuenta además la intención tan sana que anima al actual corporación edilicia, se resolvería satisfactoriamente la idea que sustentan los C.C. Regidores autores de la moción;(…) para darle forma al proyecto en una sesión extraordinaria (…)se compromete desde luego a gestionar la suscripción de la cantidad de $ 25,000.00 si el Ayuntamiento trabaja por conseguir lo demás.- A su vez el C. Regidor Jesús Mancha manifestando que aún cuando ya en alguna ocasión los compañeros de la Central y de la Casa Redonda le expresaron que podrían en su caso contribuir para la compra del terreno en la Plaza del Golfo si el Municipio o el Gobierno, se comprometieran a levantar ahí una Escuela, él por su parte secunda en todos sus aspectos la idea de sus compañeros de Cabildo.- Por su parte el C. Regidor Juan B. Estrada, expone que en la Fundidora de Fierro y Acero están trabajando actualmente cuatro Regidores de éste Ayuntamiento y considera que al ponerse de acuerdo con los demás compañeros de trabajo de aquella Factoría podrían conseguir una fuerte cantidad y desde luego se ofrece para tal objeto.- El C. Regidor Vega, hace uso de la palabra también para indicar que ya prácticamente se vió, cuando los Rótarios propagaron la recolección de dinero, en época no muy lejana, por lo que considera que sería fácil tener éxito, porque tratándose de una obra como la mencionada no había inconveniente y podían ponerse de acuerdo sus compañeros de Cabildo Mauricio González y Amando García M., para colaborar en la realización del presente proyecto.- A su vez el C. Regidor Dámaso Cantú expone que todos los compañeros (…)están convencidos, de que los fondos que se recauden no se distraeran de su objeto (…).- El C. Regidor Miguel H. Romero considera que el citado proyecto es por todos conceptos digno de aplauso y debe aprobarse, puesto que ningún acto es más sublime que el de procurar por todos los medios la educación de la niñez;(…) a fin de conseguir que el mayor número de obreros aporte su contribución; proponiendo que se invite muy especialmente a la Prensa para que sirva hacer una labor general sin distinción de personalidades (…).- C. Regidor Profesor Rodolfo Z. González expone que se ha dado el nombre a Monterrey de la Ciudad de las Escuelas lo que se justifica toda vez que además de las Oficiales hay un crecido número de particulares observándose muy marcada inclinación en todos los Obreros de ésta Ciudad para llevar a sus hijos a las Escuelas sacrificándose muchas veces para inscribirlos en los Colegios particulares en la creencia de que obtienen en ellos una más refinada educación; (…) a la realización de ese bello proyecto(…)con salones para que vivan en ellos los Profesores y puedan dedicarse de lleno a difundir sus enseñanzas recibiendo los hijos de todos los Obreros sín distinción de clases o categorías (…).- Regidor Carlos Villegas (…) satisfactorio ver con cuanto entusiasmo ha sido acogido el proyecto de la construcción de esa Escuela, de las que, dada la importancia y necesidad deberían construírse cinco o más de esa categoría; que por otra parte es bien sabido que tomando en cuenta las esperanzas que se cifran en los niños cualquier esfuerzo en su favor así como el tendente a la dignificación del Maestro no debe omitirse; (…)y nunca mejor que ahora que se cuenta con un Gobernador y un Alcalde progresistas que saben acoger con entusiasmo ideas como la presente.- Agregando que Monterrey tiene fuerzas que no se han podido desarrollar porque desgraciadamente ha habido malos manejos en Administraciones anteriores; pero en el presente caso, de seguro que no sólo los hombres de dinero aportarán su contingente, sino también, los hombres de trabajo; concluyendo por proponer que se pongan todos de acuerdo y unan sus esfuerzos con entusiasmo a fín de llevar a la práctica la construcción de aquella Escuela”.

 

La Escuela Fernández de Lizardi

Esta Escuela monumental, diseñada por el arquitecto español Cirpiano J. González Bringas y el ingeniero Miguel Osuna Treviño fue inaugurada el 4 de octubre de 1930 por el gobernador Aarón Sáenz. Para su edificación se contó con recursos tripartitas: federales, estatales y municipales, más donativos del empresario José Calderón, la masonería, la YMCA (Asociación norteamericana protestante Young Men's Christian Association). Su construcción fue realizada por la influyente empresa local Fomento y Urbanizaciones, S. A. FYUSA.

Podríamos decir que los sueños de aquel Ayuntamiento que desapareció la Plaza San Jacinto no se cumplieron totalmente, pero la escuela tiene una digna presencia, con sótano, dos pisos, 26 salones de clase para mil 400 alumnos, laboratorios, talleres, salas de maestros, biblioteca, auditorio, sala de proyecciones, oficinas administrativas, gimnasio, bodega, servicios sanitarios con regaderas, patios de honor y patios de juegos y recreos. Inició como escuela primaria, y desde 1968 es escuela secundaria.

 

Fuentes:

Archivo Municipal, actas de:20 de Agosto de 1868, 25 de Febrero de 188914 de Noviembre de 1892, 13 de Febrero de 189320 de Febrero de 1,8936 de Septiembre de 190925 de Julio de 19109 de Enero de 191112 de Junio de 191131 de Julio de 191115 de abril de 191229 de Abril de 191218 de Noviembre de 181825 de Noviembre de 19189 de Noviembre de 19201 de noviembre de 194115 de Noviembre de 192117 de octubre de 19227 de noviembre de 192227 de Febrero de 1923, 6 de Marzo de 192326 de Mayo de 19246 de Diciembre de 192430 de Agosto de 19276 de Septiembre de 192724 de Octubre de 1927.

Ramo Civil; volumen 295, expediente 25.

Isidro Vizcaya, Los orígenes de la industrialización de Monterrey.