23/09/2018
Editoriales

Entrecurules 21 08 18

Cuauhtémoc fue el último rey del México Antiguo y es el primer mexicano de la Patria y mucho antes de los paladines de la Independencia, nadie luchó o murió por la Patria, dijo en un discurso el Presidente Adolfo López Mateos al agregar en la pared principal de la Cámara de Diputados el nombre de Cuauhtémoc que faltaba en la lista de los nombres de los héroes esenciales.

 El ya fallecido presidente se refirió a Cuauhtémoc como el Primer Héroe del Pueblo, un 29 de diciembre de 1955 y señaló que justo es declarar que faltaba el nombre de Cuauhtémoc para que esta misma pared fuese muro de México y baluarte sagrado de la historia.

 Inspirado López Mateos dijo también que para explicar en este día las más bellas razones de su heroísmo, es necesario cantar una vida, abrir una tumba y anunciar una resurrección.

 Y ese día López Mateos precisó: yo tenía que pronunciar un discurso a nombre de mi partido. Tenía frente a mí un dilema: por un lado, la negación de los labios falsos. Por otro, la revelación en el llanto del pueblo. En sus ojos había lágrimas que caían rezando, lágrimas que velaban el sueño de su rey y señor. Yo tomé partido, "las lágrimas del pueblo".

 Con diferencia de tres años, se realiza su descubrimiento. En una tumba están guardados los huesos del Conquistador, aquel a quien Enrique Heine dijera "en su cabeza llevaba el laurel y en sus botas brillaban las espuelas de oro". Y sin embargo, no era un héroe ni era tampoco un caballero.

  En otra tumba están amparados los huesos de Cuauhtémoc, el héroe de quien bellamente un poeta nuestro escribió:"Su vida es la flecha más alta que ha herido los ojos del sol y ha seguido volando en el cielo".

 Y es que la muerte tarda a veces cuatro siglos para dar una lección de justicia. La tumba del Conquistador, nadie la discute; su muerte no convoca los fervores ni los cantos del pueblo. Esa tumba guarda el cadáver de un hombre que matando pueblos inocentes, se mató así mismo. El sí está muerto.

La otra tumba, la de Cuauhtémoc, al abrirse, anuncia una resurrección. No la resurrección de un Dios. Ni la de un rey; la resurrección de un héroe. Un héroe no resucita para un cielo, sino para una Patria. Porque el rey se ha convertido en hombre y el héroe se ha convertido en Pueblo.

Tema interesante del que casi nadie habla.