23/10/2018
Editoriales

Los grandes gobernadores de Nuevo León Santiago Vidaurri, segunda parte

En la primera parte dejamos claro que Santiago Vidaurri fue el primer gobernador en el país que consiguió una estabilidad política a largo plazo. Que en 1855, gobernando apenas unos meses, ya figuraba como posible presidente de la república. Cómo su audacia le permitió sumar el estado de Coahuila al de Nuevo León, fundando de facto una nueva entidad federativa, apostando su futuro en ese proyecto. Mismo que provocó una fuerte reacción del presidente Comonfort, quien lo combatió hasta que se llegó a un acuerdo en la Cuesta de los Muertos: Vidaurri dejaría la gubernatura y se haría un plebiscito para determinar si se fundaba o no el Estado de Nuevo León y Coahuila, culminando así su primera gubernatura.     

Cumpliendo con ese acuerdo, el gobernador Santiago Vidaurri se separó de su cargo para legalizar el estado de facto “Nuevo León y Coahuila”. Y se convocó a un plebiscito del cual emergió triunfante el proyecto de Vidaurri por 4 mil 056 votos a favor y 260 votos en contra. Esta aplastante victoria en tan importante acto democrático fue piedra angular para la construcción de su importante liderazgo en el noreste mexicano, pues su proyecto unionista se comentaba en todos los círculos políticos a lo largo y ancho del país. 

El discurso del diputado constituyente coahuilense Juan Antonio de la Fuente

Sin embargo, en el seno del Congreso Constituyente no fue un simple trámite. Hubo una fuerte oposición encabezada por el distinguido coahuilense Juan Antonio de la Fuente, quien, en la sesión del 21 de mayo de 1856, pronunció en tribuna un fuerte discurso, señalando que Coahuila tenía una historia más noble que Nuevo León, pues había luchado más denodadamente en la guerra de independencia, y que los coahuilenses sí se habían opuesto desde el principio a los abusos de los colonos sajones en Texas, y que además, habían resistido al invasor norteamericano con mayor valor que los nuevoleoneses.

Dijo también que no encontraba lógica esa unión de los dos estados, pues a un pueblo culto como el coahuilense no debía sometérsele al de Nuevo León, una tierra de bandidos y tramposos. Sin embargo, estos y otros taimados alegatos opositores a la unión, no tuvieron el respaldo político mayoritario, y el 26 de noviembre de 1856, la Comisión de División Territorial del Congreso Constituyente dio la primera lectura a un dictamen que incluía a Nuevo León y Coahuila como un solo estado.

Y en esos mismos términos se promulgó, el 5 de febrero de 1857, la Constitución Federal de 1857. Así que, para el 5 de abril de ese mismo año, el gobernador de Nuevo León y Coahuila, Juan Nepomuceno de la Garza y Evia estaba expidiendo la convocatoria para la elección de gobernador del estado y de un Congreso Constituyente. 

El rompimiento con la Iglesia, consolida su fama de político recio

Cabe señalar que, en marzo de 1857, el papa Pío IX censuró a la nueva Constitución Mexicana por establecer la libertad de cultos, eliminar los fueros religiosos y la obligatoriedad de diezmos y votos religiosos. En consecuencia, el arzobispo Lázaro de la Garza y Ballesteros declaró que los católicos no podían jurar la Constitución política mexicana.

Pero el proyecto continuó avanzando, y el Constituyente de Nuevo León y Coahuila inició sus sesiones a fines de julio de ese año, terminando sus labores el 5 de octubre de 1857 con la promulgación de la Constitución Política del Estado libre y soberano de Nuevo León y Coahuila. Para entonces, durante el mes de julio ya se habían celebrado las elecciones para gobernador, resultando triunfador Santiago Vidaurri quien se hizo cargo del Poder Ejecutivo del Estado de Nuevo León y Coahuila, el 17 de agosto de 1857.

Apenas iniciaba su mandato cuando el gobernador Vidaurri hubo de pasar algunas pruebas. Acompañado de una comitiva del Congreso y otra del Ayuntamiento de Monterrey, fue a la Catedral a que se bendijera la Constitución. Pero la declaratoria del Papa y del Arzobispo obligaron al obispo Francisco de P. Verea, a negar la bendición y ni siquiera recibió a tan importante comitiva. Además, giró indicaciones para que se les negara la entrada a las iglesias y los sacramentos a los funcionarios públicos que juraran la Constitución. La respuesta de Vidaurri fue tajante: mandó arrestar y luego desterrar al Obispo.

A partir de ese evento, el gobernador Vidaurri aplicó estrictamente las leyes de reforma, secularizando los tribunales y el resto del gobierno, y desamortizando los bienes del clero.

Pero los problemas nacionales apenas iniciaban. El 17 de diciembre de 1857, Félix María Zuloaga proclamó el plan de Tacubaya, buscando derogar la Constitución de 1857 y convocar a un nuevo congreso Constituyente. Para actuar en consecuencia, el presidente Comonfort detuvo al presidente de la Suprema Corte, Benito Juárez, y al presidente del Congreso, Isidro Olvera. Dos días después, el 19 de diciembre, el propio Comonfort se unió abiertamente al Plan de Tacubaya con las tristes palabras “acabo de cambiar mis títulos legales de presidente, por los de un miserable guerrillero”; con esto, la revuelta de Tacubaya creció por todo el país.

Hasta que, un arrepentido Comonfort recapacitó liberando a su sucesor legal, Benito Juárez y huyendo del país, iniciándose la llamada Guerra de Reforma.

Vidaurri apoya al presidente Benito Juárez

En una rápida reacción que da fe de sus reflejos y olfato políticos, el gobernador Vidaurri gestionó ante el congreso del Estado de Nuevo León y Coahuila, y el 19 de enero de 1858 se le otorgaron facultades especiales para asegurar acciones expeditas e inmediatas ante la inminente guerra civil.

En el ámbito nacional, fue de los primeros en felicitar a Juárez asegurándole que, en “breves días”, iría con mil hombres a apoyarle en San Luis Potosí. Desde luego que Vidaurri también aprovechó la oportunidad para reprocharle sutilmente a Juárez la actitud hostil de Comonfort y otros liberales contra su proyecto unionista ahora ya legalizado. Y hábilmente arguyó, para justificar la ausencia de apoyos militares inmediatos, que su gente “no se recupera aún de la Guerra contra Santa Anna y los ataques de Comonfort”.

Sin embargo, Vidaurri terminó apoyándolo en ese momento histórico. Al mando de un ejército que incluía hombres de la talla de Juan Zuazua y Francisco Naranjo, realizó una exitosa campaña por San Luis Potosí hasta que, el 29 de septiembre de 1858, fue derrotado por los conservadores Miguel Miramón y Leonardo Márquez en Ahualulco, San Luis Potosí. Y ante el derrote, Vidaurri regresó a Monterrey, quedando Zuazua al mando del Ejército del Norte.

Su Gobierno

En cuanto a su desempeño en el gobierno, Santiago Vidaurri mejoró la recaudación fiscal creando más plazas. Reorganizó la sección liquidaria -órgano de gobierno que sufragaba los préstamos forzosos, daños de guerra y otras deudas del estado- que, en algunos casos, ya se habían pagado hasta tres veces. En el rubro de la educación inició la aplicación de la educación positivista, estableciendo su base en el Colegio Civil.

Es de señalarse que durante casi todo el siglo XIX, el gobierno federal permaneció en un estado de desorganización casi permanente, debido a los recurrentes hechos de armas que configuraban una guerra civil. Por eso, algunas funciones de la Federación eran temporalmente ejercidas por las entidades federativas, entre ellas, el gobierno del Estado de Nuevo León y Coahuila administraba las aduanas federales ubicadas en su territorio. Por consiguiente, los recursos provenientes de esos centros fiscales de internamiento comercial se quedaban en Monterrey, y Vidaurri se los apropiaba para beneficio de nuestro estado.

En el aspecto de seguridad, debido a la experiencia de Vidaurri en la lucha contra los indios bárbaros, mientras duró su gobierno, los ataques de las tribus disminuyeron, lo que coadyuvó al progreso económico del Estado. Además, creó una Junta Calificadora que evaluaba a quienes exigían pensiones, como huérfanos o viudas de combatientes en todas las guerras civiles, la lucha contra los norteamericanos y aún de la guerra de independencia. Estas acciones gubernamentales inflamaron la simpatía popular por el lampacense.

El inicio de los problemas locales de Vidaurri

Mientras tanto, Juan Zuazua, el brazo armado de Vidaurri, continuaba triunfando en el centro de la República, ganándose el aprecio de Santos Degollado, ministro de guerra del presidente Juárez. Pero Vidaurri quería tener cerca a Zuazua pues su presencia le daba seguridad, así que le mandó pedir en septiembre de 1859 que regresara a Monterrey. Zuazua le obedeció, dejándole “tirado el puesto” a Degollado quien se molestó, y comenzaron los problemas locales.

Porque Degollado no podía permitir una desobediencia de Zuazua, y menos una oposición como la de Vidaurri, así que envió al también nuevoleonés José Silvestre Aramberri a enfrentarlos. La pelea se veía pareja, y más porque se trataba de puros nuevoleoneses: Vidaurri y Zuazua contra Aramberri. Sin embargo, tras un par de escaramuzas, Silvestre Aramberri tomó Monterrey. Nadie dudaba de la evidente capacidad militar tanto de Vidaurri como de Zuazua, pero la habían adquirido en las luchas contra los indios salvajes. Y ahora se enfrentaban a un ejército formal, y el resultado no favoreció a Vidaurri.

El gobernador Santiago Vidaurri, como liberal que era, enfrentó a los grupos de conservadores locales y aplicó las leyes de reforma. Pero su estilo de trato arrogante le granjeaba poca empatía con el grupo liberal nacional integrado por Juárez, Lerdo de Tejada, Prieto, De la Llave, Degollado y compañía, quienes lo mantuvieron alejado del poder nacional, confinándolo en el noreste de México.

Esta animadversión sorda que se sentía en el grupo hegemónico liberal del centro del país contra Vidaurri, inició desde que, en 1855 con su “Plan Restaurador de la Libertad”, planteaba la formación de un ente aparte de México con los estados de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila, pues desde la Ciudad de México se veía como un intento separatista. Sin embargo, se le respetaba por su liderazgo regional, y los resultados de aquel plebiscito que apoyó su proyecto, sabían que electoralmente era invencible.

Continuará…

Fuentes:

Periódico oficial del Estado, versión electrónica 1856.

Diario de debates del Congreso Constituyente Extraordinario de 1857, Francisco Zarco.

México a través de los siglos, Riva Palacio y otros.

The hand book of Texas.

Planes de la nación mexicana, cámara de diputados