23/09/2018
Editoriales

Abril 11 de 1891: muere Ramón Treviño, abogado y gobernador de Nuevo León.

Abril 11 de 1891: muere Ramón Treviño, abogado y gobernador de Nuevo León. Ramón Treviño Cantú, nació en San Nicolás de los Garza el 31 de enero de 1841, en el hogar de sus padres Francisco Treviño y Francisca Cantú. Realiza todos sus estudios en escuelas locales, terminando la carrera de abogado en la Escuela de Jurisprudencia de Nuevo León, antecedente de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Ejerciendo su carrera profesional en forma sobresaliente, descubre su vocación política e ingresa a esa actividad como regidor de Monterrey en 1867. Posteriormente fue diputado local en 1872, y cuando ejercía esa representación popular, el gobernador Eleuterio González lo invita a ser secretario general de gobierno, pidiendo licencia en el Congreso y desempeñándose en esa posición en 1873. Pero sucede que en agosto de 1873 renuncia Gonzalitos y se queda como gobernador interino hasta el 4 de octubre de 1873 que rinde protesta como gobernador sustituto.

Su gobierno se enfoca a los aspectos jurídicos que era un experto y comienza la formación del Catastro, sin embargo, ante el Plan de Tuxtepec, que Porfirio Díaz se alza en contra de Sebastián Lerdo de Tejada, Treviño no lo acepta y prefiere solicitar licencia el 26 de mayo de 1875, y posteriormente renueva esa licencia el 27 de julio hasta terminar así su periodo. Quien lo suplió fue el licenciado Francisco González Doria, quien hubo de enfrentar problemas políticos propiciados por el general porfirista Carlos Fuero, que declara a Nuevo León en estado de sitio y lo cesa de la gubernatura.

Por su parte, Ramón Treviño fue diputado federal y en 1876 fue parte de la comisión que estudió los códigos nacionales. Retirado de la política, fue catedrático en el Colegio Civil y en la Escuela de Jurisprudencia –su Alma Mater- al mismo tiempo que incursionaba en el periodismo donde destacó, así como en el arte de la oratoria. A su muerte cuando tenía 50 años, sus restos fueron sepultados entre las columnas de la Catedral de Monterrey, frente al altar de las ánimas. Entre su aportación al estado, está que fue padre de Ramón E. Treviño, quien se distinguió como periodista y alcalde de Monterrey, siendo un estupendo médico de carrera.