16/11/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de NL. Francisco de Barbadillo, segunda y última parte

De Francisco Barbadillo y Vitoria vimos la semana pasada su estupendo desempeño como Protector de indios del Nuevo Reino de León.  A sabiendas del mal trato que en las congregas recibían los naturales de esta región, Barbadillo no titubeó a la hora de enfrentarse con la burguesía nuevoleonesa para cumplir con su misión. Esto le acarreó discusiones con los señores encomenderos de la región. Y para pacificar los diversos centros de población hubo de enfrentar a los indios salvajes que asaltaban rancherías y a la misma ciudad de Monterrey.

 

Los terratenientes regiomontanos elaboraron una queja formal ante el virrey denunciando una supuesta labor nefasta de Barbadillo, pues entre otros actos de autoridad, decían que había fundado varias Misiones como las de Purificación y la Concepción en el Valle de Pilón, ahora Montemorelos, así como la de Nuestra Señora de Guadalupe, hoy ciudad Guadalupe, en tierras despojadas a sus legítimos propietarios.

 

Sin inmutarse, una vez que dejó pacificada la región y establecido el trato que debiera dárseles a los naturales, Barbadillo fue en 1716 a la ciudad de México para dar cuentas de su función como Protector de indios ante el virrey Baltazar de Zúñiga, y ponerse a su disposición. Pero en su ausencia, no pasó mucho tiempo sin que volvieran los abusos en el Nuevo Reino de León, regresaron las congregas con los maltratos de los indios y su reducción a la esclavitud.

 

Sin embargo, el virrey Zúñiga analizó a fondo los resultados del informe de Barbadillo y habiendo quedado satisfecho con su trabajo, lo premió. Como hombre de experiencia y amplio criterio que era, ponderó las acusaciones en contra del vallisoletano y terminó por desecharlas tanto, que el 15 de julio de 1719, Francisco de Barbadillo y Vitoria llegó a Monterrey para tomar posesión como gobernador el 27 de agosto de 1719.

 

Un gobernador que protegía a los indios

Como es de imaginarse, esta designación no fue del agrado de sus detractores, pero Barbadillo, sin pensarlo mucho, apenas llegó y de inmediato restableció su política de protector de los indios, pero ahora siendo la autoridad, así que resarció a los naturales de sus tierras y liberó a aquellos que habían sido esclavizados.

 

Una vez tomadas esas difíciles decisiones, se dedicó a gobernar, comenzando por mejorar el aspecto de la ciudad ya que los vecinos tendían al desorden, y el 5 de septiembre de 1719 ordenó que se limpiaran todas las acequias: “siendo necesaria para esta ciudad la conservación de las acequias, hallándose desmoronadas y cuasi ciegas por no haberse limpiado mucho tiempo ha... Es resuelto que todos los vecinos de esta ciudad salgan el día lunes a la mañana que se contará 11 de septiembre a la limpia de dichas acequias, empezando por  todas las demás que deben derramar en dicha ciudad hasta la entrada de esta ciudad y división de acequias. Se trabaje todo en común, y después en particular lo que a cada uno le tocare y perteneciere”.

 

Con su política de no abusar de los indios, Barbadillo ordenaba que los vecinos lo hicieran personalmente, o pagaran por ello a los indios como legalmente les correspondía: “para este efecto los que no tuvieren peones, o con qué pagarlos lo hagan por sus personas, y los que lo hubieren si fuera su voluntad pueden pagarlos o sacar indios del pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe pagándoles en cada un día lo dispuesto por ordenanzas”.

 

Ordenó al síndico "procurador" que aplicara las siguientes penas a los que hicieran caso omiso de la limpieza de las acequias: "de los vecinos que no han ocurrido en hora competente que serán las siete de la mañana o no han enviado peón, los condenó en tres pesos aplicados para las urgencias de esta ciudad y en caso de no tener en 10 días de cárcel”.

 

Barbadillo, gobernante de mano firme

El 18 de mayo de 1720, el gobernador Barbadillo ordenó que para la procesión de Semana Santa: “que los vecinos de esta ciudad, Valles de Pesquería Grande, Santa Catalina, Pesqueria Chica, valle del Guajuco y demás agregados a ella pone a su costo el toldo o Ramada, por todo en tránsito que anda la procesión Del santísimo Sacramento en día de Corpus Cristi. Y estando tan próximo el referido día ... mando a todos los vecinos de esta dicha ciudad y demás jurisdicción y agregados a ella, que para el día 29 del corriente bordado todo el referido tránsito... ". Y muy a su estilo: “pena de un peso y aplico para gastos de esta función que se le sacaran irremisiblemente al que falta del cumplimiento de este auto”.

 

El 4 de julio de 1720, el gobernador Barbadillo –considerando que ellos serían beneficiados- solicitó a los vecinos de Monterrey, Valles de Pesquería Grande, Santa Catalina, Pesquería Chica, del Huaxuco, y demás agregados, que construyan a su costa el cercado de la plaza de Armas (hoy Plaza Zaragoza) para una corrida de toros, acabando la costumbre de utilizar indios sin pagarles para tales funciones:

“para la corrida de toros que se hace en estas fiestas... es necesario cercar la plaza de esta ciudad  ya estando tan próximo dichas fiestas, mando que todos los vecinos de esta ciudad, valle del Guajuco, Santa Catarina, Pesqeuria chica y estancias y vecinos de la jurisdicción de esta ciudad, cerquen la plaza de ella según el estilo y uso de la costumbre la que ha de estar cerrada para el próximo día 15 corriente con apercibimiento a cualquier persona o personas que no cumplieren con lo mandado, que a su costa se pondrá persona que los ejecute, con multa de seis pesos que se imponga de Pena que se les sacaran irremisiblemente cuya aplicación reservo por ahora"

 

Promovió la minería autorizando la instalación de una mina. El 25 de abril de 1722 el gobernador Barbadillo autorizó a Alonso García y Cuello y a Bernardo Anzures la explotación de la mina de San José en el Cerro de las Mitras dando inicio a la extracción de minerales que hasta estos tiempos funciona como fuente de minerales para la elaboración de cemento.

 

Aplicó la ley estrictamente, y para muestra está el embargo que hizo en 1720 de unas tierras agrícolas con sus mejoras a Simón de Jáuregui en la villa de San Phelipe de Linares, por un adeudo de tres mil pesos a la volante para protección de los indios: los bienes decomisados fueron una casa en el poblado,  un “xacal cercado con veintiuna vigas” y un “xacal hecho de carcaza de sabino”, “diez cabezas de ganado de cerdo del chico y grande, un solar de ochenta de largo y cuarenta de ancho” entre otros enseres como sillas de montar, ruedas y otras cosas.

 

Con esa mano firme al mando, la ciudad prosperó: se ampliaron las zonas de producción agrícola del Nuevo Reino y se estableció la paz; un numeroso grupo de indígenas de la región se integraron a la vida productiva., con lo que los ataques de los indios disminuyeron en fuerza y frecuencia.

 

Barbadillo abole los azotes como castigo a los indios desobedientes

Nunca cejó en su política de defensa a los indios y en ese sentido eliminó la medida de “una pena de 200 azotes en lugar  público” a los indios, mulatos y negros que desobedecieran a sus amos, sin necesidad de juicio, que estipulaban las ordenanzas del Reino, por ser claramente contrarias a las de las Leyes de Indias que establecían:

 

“Es nuestra voluntad (de los reyes) encargar a los virreyes, presidentes y audiencias el cuidado de mirar por ellos (los indios). Y dar órdenes convenientes para que sean amparados, favorecidos, sobrellevados, por lo que deseamos, que se remedien los daños que padecen y vivían sin molestia, ni vejación”.

 

Barbadillo estaba convencido que las castas en Nueva España eran disposiciones legalmente inaplicables pues existía libertad en el matrimonio y con ello libertad para que los nativos escalaran socialmente tal como lo señalaban las leyes de indias:

 

“Ninguna orden... Pueda impedir ni impida el matrimonio entre los indios e indias con españoles o españolas y que todos tengan entera libertad de casarse con quien quieren y nuestras audiencias procuren que así se guarde y cumpla”.

 

Por tanto, la actuación de Barbadillo, tanto como Protector de indios y como Gobernador en favor de ellos no fue ilegal sino apegada a las leyes de Indias:

“Averigüen los virreyes, audiencias y gobernadores si algunos encomenderos han vendido  o venden los indios de sus encomiendas pública, o secretamente y a qué personas; y hallándose que alguno hubiera cometido tan grave exceso le castiguen severa y ejemplarmente y pongan a los indios en su libertad natural y por el mismo hecho quede privado de la encomienda y de poder conseguir otra”.

 

Barbadillo y Vitoria trajo a Nuevo León el estado de derecho que aunque absolutista y tal vez incomprensible para nuestras mentes republicanas, era el único existente en esos tiempos.

Realizó lo que pudo para mejorar la vida de cientos de indígenas en el Nuevo Reino de León.

Tuvo que pagar un costo político alto, pues enfrentarse con las elites de las familias de los fundadores del Nuevo Reino que, alegando derechos y privilegios, oprimían y esclavizaban a las tribus del norte, no fue poca cosa.

 

Por qué del apoyo en los tlaxcaltecas

Desde luego que una de sus estrategias fue conseguir apoyo de los tlaxcaltecas. Estos indígenas tenían los mismos derechos y privilegios que los españoles y sirvieron para incorporar a los nativos de estas tierras a la civilización y a la producción. Porque los indígenas locales que contraían matrimonio con indios tlaxcaltecas tenían descendencia plena de derechos, tales como el título de “don”, acceso a los cargos públicos y eclesiásticos, a la propiedad, y al uso de caballos y armas, es decir los convertía en súbditos de primera clase.

 

Francisco Barbadillo y Victoria es un gran gobernador digno de imitar por su respeto a los derechos de todos, por su lucha en pro de la igualdad, por ser defensor de los débiles y sobre todo, por hacer aplicables las leyes de indias. Además cambió el rostro de la ciudad, manteniéndola aseada y ordenada. Las multas a los infractores de la ley eran constantes, fomentó la agricultura, la minería y la libertad de comercio de los productos de los indios, y abrió o reabrió las escuelas en las misiones que servían a menores sin distingos de raza.

 

Francisco Barbadillo y Vitoria es el gobernador que saca al Nuevo Reino de León del estado primitivo de la conquista, a ser parte del imperio más rico y próspero de su época. Y todo eso lo consiguió en sólo cuatro años de gobierno, pues sin tener pruebas documentales, infiero que vino cayendo de la gubernatura a causa de las protestas de los poderosos.

 

La caída del gobierno

Así, a mediados de 1723 fue relevado en el cargo de gobernador del estado por Luis García de Pruneda. Barbadillo regresó a la Ciudad de México y a la edad  53 años, se casó el 29 de septiembre de 1723 con doña Juana Rosa Bolio Ojeda y Guzmán, viuda del gobernador de Yucatán don Martín de Urzúa.

 

Don Barbadillo no tuvo hijos. Y murió a los 56 años en su casa de la Ciudad de México, el 14 de mayo de 1726. Fue sepultado en la capilla del Rosario del convento de Santo Domingo en México, y dejó pagadas 500 misas por el sufragio de su alma.

 

Fuentes

 

Leyes de Indias

Libro V Título I leyes I y II; Título II ley II

Archivo de Monterrey

Ramo actas de Cabildo

  v1719, v1720 v1721 v1723

Ramo civil

V45 e7, v46 e 10