14/11/2018
Editoriales

Entrecurules 31 08 2018

"Hidalgo es la libertad; Morelos la aspiración a la justicia social; Guerrero,  la tenacidad en la conquista del ideal, y Bravo, la expresión de la generosidad humana", expresó el Presidente Adolfo López Mateos, frente a la Columna de la Independencia, el 16 de septiembre de 1954, al conmemorar el mes de la Patria.

 Este fragmento de discurso fue pronunciado por el entonces mandatario ante las cenizas de los héroes que nos dieron con su esfuerzo y sacrificio la Independencia de la Patria.

 Y recordó que antes de ellos éramos colonia; no había cobrado su expresión lo mexicano; gentes extrañas manejaban los destinos del pueblo que, oprimido en castas, empobrecido por crear la riqueza ajena, sólo nacía para callar y obedecer; sin patrimonio y sin cultura; sin libertad; en suma, sin destino.

 Romper el yugo de la colonia no era solamente una necesidad de orden político; era más, mucho más; era el ineludible desiderato humano de realizar la legítima aspiración del pueblo, de forjar sus destinos, en el ejercicio de su soberanía y el disfrute de su libertad, que crearán el ámbito propicio en el que pudiera encontrar cabal expresión el mexicano, con la conciencia de su humanidad y de su personalidad y, con esta, de su capacidad creadora.

 Hidalgo es la libertad. Al grito de Dolores se lanza a la conquista de la Independencia de la Patria y del mexicano. Inflamado en la pasión de dar al indio la libertad por el derecho y no por la dádiva graciosa de la tolerancia, decreta en Guadalajara la abolición de la esclavitud, de las castas y de las ejecutorias de envilecimiento; establece la libertad del trabajo y la supresión de los estancia; prohíbe las exacciones a los indios; y con todo ello, se coloca como el más destacado paladín de quienes han luchado por reconocer en el hombre, el supremo valor de la historia, libre de restricciones indebidas que impidan realizar sus altos destinos.

 El heroísmo con que se lanza a la lucha y a la muerte Hidalgo y sus primeros compañeros, abre en la historia que van a establecerse, sobre las ruinas de una organización trisecular de despóticas prevendas, de inveteradas preocupaciones y lacerantes miserias, los principios de la libertad pública y de la justicia social. Ellos iniciaron el camino e imprimieron de manera inextinguible, en el pueblo mexicano, el sentimiento de su dignidad y de sus fuerzas.

Y Morelos es la aspiración a la justicia social. Iniciado en la lucha por Hidalgo, pronto ocupa en ella  primerísimo sitio. En él, los conceptos de Hidalgo se depuran y se amplían, se precisan y se aclaran.

Con Morelos se inicia nuestra tradición de afirmar que los pueblos deben ser libres y que su derecho a su independencia y a su soberanía no se finca en su fortaleza material, sino en el justo sentimiento de los hombres, para tener una Patria cuyos destinos sean labrados por la voluntad de sus hijos.

Hoy recordamos este pasaje de la historia, en vísperas del ya próximo 16 de septiembre.