15/12/2018
Editoriales

La Valoración del Voto

Nuestra ceguera histórica nos está cobrando pesada factura. Y no es la primera vez que nos sucede: Cuando en la segunda mitad del siglo XIX los partidarios de la Reforma quisieron copiar la democracia liberal, la cual en Europa Occidental y los EUA ya iba en su segunda etapa, en el que más de la mitad de sus poblaciones ya iban adquiriendo derecho al voto, aquí tratamos de imitarla en su pureza teórica y se les “dio” el voto a todos los mexicanos, con el resultado que ni Juárez ni Ledo de Tejada la pudieron controlar y recurrieron al militrismo , por lo que Porfirio Díaz derrocó a este último en 1876 e instaló un gobierno “clientelar”, en el cual el gobierno fue metiendo al país en la Era Industrial y de los ferrocarriles, por lo que la población, que desde la Independencia hasta entonces sólo había aumentado de 6 a 8 millones de habitantes, para 1910 ya había rebasado los 15 millones, un 10% de la cual ya era de “case media”, cuyas ambiciones democráticas chocaron en los tres últimos años del gobierno de Díaz por su autoritarismo, choque del cual resultó la Revolución de 1910/20, sangriento período cuando la población permaneció en 15 millones toda esa década.

 

   A partir de entonces, cuando el ganador Álvaro Obregón tomó el mando y, sobre todo, a partir de 1924 cuando delegó su poder en Plutarco Elías Calles, empezó la “Etapa Constructiva” de la Revolución, cuando se tuvo que decidir qué hacer con el voto “concedido” a toda la población adulta masculina en la Constitución de 1917, acordada en plena guerra civil: Se decidió enmarcar a “las grandes mayorías” de la población en tres grandes “centrales” políticas: Campesina, Obrera y “Popular” de los crecientes barrios urbanos quienes, a cambio de su incondicional apoyo político, recibirían tierras “repartidas” y apoyos sindicales y de otros tipos. Ese sistema llegó a su madurez bajo las nacionalizaciones y últimos repartos agrícolas (La Laguna y Yucatán) del Presidente Lázaro Cárdenas, el cual heredaron las 5 “monarquías sexenales” que gobernaron de 1940 a 1970, cuando la población se triplicó de 20 a 60 millones de habitantes y la clase media duplicó su porcentaje del 10 al 20% y sextuplicó sus números de 4 a 24 millones. Junto con sus números e importancia porcentual subieron sus expectativas, una parte de las cuales explotaron en 1968, Año de “la Primavera de Praga”.

 

 A partir de entonces ya no funcionó bien el “Sistema Clientelar” del PRI y empezó la búsqueda de un sistema realmente democrático, pero sin contemplar la necesidad histórica de reservar el derecho al voto a quienes estuvieran en posición de ejercerlo correctamente, por pagar impuestos personales y tener cierto nivel educativo. Por ello, el sistema “democratizante” que nació en 1987 y que llegó a la alternancia del Poder Ejecutivo en el año 2000, no pudo desmantelar el sistema clientelar del PRI, quien retomó el poder en 2012 y se ha comportado en una forma irritantemente descarada y soberbia, en cuanto a corrupción impune se refiere. De hecho la impunidad se extiende también a más del 90% de todos los delitos, por lo que vivimos en un país sin justicia ni seguridad.

 

   Éste comportamiento despreciable e irritante ha creado un rechazo tan generalizado, que demasiada gente se está inclinando hacia el demagogo AMLO, que encarna un retroceso hacia las épocas más paternalistas y faltas de instituciones que contrarresten el poder central.

 

   ¿Qué hacer ante este terrible dilema? Tratar de que alguna coalición, quizás la del Frente del PAN-PRD-MC liderada por Anaya, a que se comprometa con un cambio radical depositando el poder en quienes sean capaces de ejercerlo, por ejemplo duplicando el valor del voto de aquellos ciudadanos que cumplan con los requisitos de pago de impuestos personales y cierto nivel educativo, que es la única forma conocida y probada de manejar en la práctica el sistema democrático liberal.

 

Atte.- JVG.- 18-04-18.