16/Jan/2021
Editoriales

Los profesionistas deben salir de la zona de confort

Estos tiempos tragediosos atrajeron incertidumbres hasta en los datos que ocupan el ejercicio de las profesiones. La imposibilidad de realizar el Censo 2020, y el cierre temporal de instalaciones universitarias y sus centros de investigación contribuyeron a este problema. Nuevo León tiene más de un centenar de instituciones de Educación Superior, y en consecuencia el segmento social de los profesionistas es relevante, pues sólo en 2015, el 24.2% de los nuevoleoneses tenían una carrera profesional concluida. 

 

Esto es relevante porque nuestro país debe competir en todos los aspectos. Ahora mismo, quince naciones Orientales y Del Pacífico, de la talla de China, Japón, Corea del Sur, Vietnam y Australia, con casi 2 mil 200 millones de personas, firmaron una Asociación Comercial con intercambio de manufacturas y conocimientos, que significa el 30% del PIB mundial. 

 

Es decir que, en la Aldea Global - Marshall McLuhan dixit- llevada a la globalización de la economía, nuestros empresarios y profesionistas competirán contra productos y servicios respaldados por grandes estímulos fiscales y la más sofisticada tecnología del planeta. Ante semejante reto, los profesionales mexicanos tienen compromiso con la excelencia, la distribución del conocimiento y con la investigación. 

 

Los desafíos de hace unas décadas consistían en realizar una práctica profesional de excelencia, pero hoy, con una nueva sociedad y el mundo en crisis, los profesionistas tienen que transformarse para innovar el aparato productivo nacional. Ahora los conocimientos se deben compartir, para que otros aporten ideas complementarias de solución no sólo a las inminentes embestidas comerciales del nuevo bloque multinacional, sino para resolver los gigantescos peligros que nos acechan. 

 

El Covid 19, el Calentamiento Global, el Daño Ambiental, el Deterioro de la calidad de vida, y la Desigualdad social, son compromisos que van más allá de ideologías y grupos. Terminaron los tiempos de cuando un buen profesionista tenía estatus social y una especie de seguro para ser parte de, al menos, la clase media alta. De cuando pocos estudiaban maestrías y doctorados; los médicos especialistas eran escasos; a los médicos generales cariñosamente les decíamos “Médicos familiares”. 

 

El Derecho era casi inamovible, pues las reformas eran escasas, por lo que pocos abogados se actualizaban. No lo sentían indispensable, pues con una rápida lectura del Periódico Oficial se enteraban de todo. En la Ingeniería, los materiales y procesos eran los de siempre; las novedades eran para otros países, acaso había ciertos cambios en los gustos arquitectónicos. Y así por el estilo estaban muchos empresarios mexicanos.  

 

Porque en el siglo XX, tras las grandes guerras, el confort nos alcanzó a casi todos, disfrutando la tecnología en nuestras profesiones y en los hogares. Hasta nos dimos el lujo de ignorar al calentamiento global que se aceleró en los años ochenta, porque ya teníamos capacidad para comprar un aire acondicionado. 

 

…Y llegaron las computadoras

Hasta que en los años ochenta, nuestras vidas dieron un vuelco significativo, con las computadoras. Parecían sólo para expertos operadores y perforadores de tarjetas; pero fueron simplificando su uso. Y luego, ¡zas!, llegó el Internet que nos engulló a todos en su red, trayéndonos actividades lúdicas, pero también nos abrió bibliotecas, museos, y los periódicos de todo el mundo. 

 

Estamos conectados siempre por nuestras computadoras y dispositivos móviles, que nos distraen pero nos mantienen trabajando invariablemente. Ya dejamos de dictar a las mecanógrafas para tomar en nuestras manos el teclado y ese mágico artilugio llamado “mouse”; supervisamos y somos supervisados en línea, y los programadores crecieron construyendo maravillas para la vista, el oído y el conocimiento. 

 

Los nuevos programas modificaron las profesiones

Esta radical y veloz transformación de las profesiones obliga a modernizarse y a   

capacitarse constantemente. Los dispositivos inteligentes nos acompañan en las construcciones, en las microcirugías computarizadas, los juicios fiscales en línea, la banca por Internet y en tantas otras novedades, que nos obligan a estudiarlos. 

 

Íbamos al trabajo y disfrutábamos del gregarismo, hasta que la Pandemia forzó a nuevas políticas de trabajo remoto pues se teme cada vez más al contacto físico. Este cambio modifica seriamente la forma de trabajar y organizar las profesiones. 

 

El punto de inflexión en la historia se llama Covid-19

El Covid-19 será un punto de inflexión para la humanidad. Es imposible que, con la vacuna, o alguna milagrosa extinción del virus, o con la inmunidad de rebaño, podamos regresar a nuestras vidas como antes, pues en cada esquina veremos al Covid 20 o al 21, o a su espejismo. 

 

Según la Organización Internacional del Trabajo, de 5 mil 300 millones de trabajadores en el mundo (2 mil informales y 3.3 mil millones formales) sólo mil 200 millones están semi protegidos del virus, y 4 mil 100 millones están expuestos. 

 

El catastrófico efecto entre los trabajadores

Los dos mil millones de personas que trabajan en la informalidad no pueden trabajar desde su casa, y tampoco tienen un sistema de salud adecuado. De los tres mil 300, mil 700 millones tampoco pueden dejar de trabajar, pues laboran en el transporte, en la limpieza, en los sistemas de salud, en supermercados, la pesca, la ganadería y la agricultura, actividades que reúnen a muchos trabajadores en pequeños espacios. 

 

De los mil 200 millones que trabajan en casa, con sueldo completo, la pandemia también les ha “mermado su economía”, porque no han perdido el empleo, pero hoy trabajan más horas y ya no cobran horas extras, disminuyendo sus ingresos. 

 

Y lo peor es que 400 millones de trabajadores han perdido su empleo o han tenido que cambiarlo. 

 

En tiempos previos al Covid-19 cada año cien millones de personas caían en la pobreza a causa del desequilibrio económico mundial, ahora esta cantidad se multiplicará en un factor aún desconocido. 

 

La solidaridad con los que se arriesgan por los demás

Por todo ello, quienes realizamos nuestro trabajo en casa, debemos ser solidarios con quienes hacen posible ese confinamiento. Con los recolectores de basura que se exponen a toxinas y peligros al manejar desechos de enfermos de Covid 19 recluidos en las casas. Así como aquellos que producen, los que industrializan y los que trasportan nuestra comida.  

 

La Federación de Colegios Profesionales del Estado invita a la solidaridad, a buscar formas más humanas de convivencia; a encontrar, como profesionales y como científicos, opciones para que, quienes tienen qué exponerse al virus, disminuyan el riesgo. 

 

Nuestras profesiones son un privilegio y un compromiso con la sociedad. Ya no podremos ser los mismos después de la pandemia; ojalá que ahora tengamos mejores valores éticos y seamos menos soberbios, porque la pobreza, el hambre y la muerte, están a la vuelta de la esquina. La vida ya no puede ser asunto de supervivencia del más fuerte; si actuamos solidariamente, sobreviviremos con más fortaleza todos. 

 

 

Fuentes: 

Discurso que pronuncié el 28 de noviembre de 2020 durante la Ceremonia de Premiación a los Mejores Profesionistas del Estado.

https://elpais.com/internacional/2020-11-15/china-y-otros-14-paises-firman-el-mayor-acuerdo-comercial-del-mundo.html

Inegi, intercensal 2015.