18/10/2018
Editoriales

Noviembre 5 de 1851: Inaugura el presidente Mariano Arista el primer servicio telegráfico de la nación

Noviembre 5 de 1851: Inaugura el presidente Mariano Arista el primer servicio telegráfico de la nación que cubría el tramo de la Ciudad de México a Nopalucan, Puebla.  Los antecedentes eran que seis años antes, Estados Unidos contaba con ese moderno servicio, y Francia tenía la experiencia de un lustro utilizándolo.

El empresario Juan de la Granja fue quien fundó la exitosa empresa concesionaria que en diciembre de ese mismo año de 1851 obtuvo un dictamen favorable de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, con lo cual se potenció el capital de inversión pues se acercaron otros inversionistas nacionales y extranjeros para hacer crecer este primer servicio de comunicación efectiva, cuya cobertura medía 180 kilómetros en su fase inaugural, pero que el objetivo era proveer de telégrafo a la Ciudad de México en un extremo y el puerto de Veracruz en el otro.

De la Granja, un español nacionalizado mexicano, batalló por años para que su proyecto tuviese apoyos del mismo pueblo que sería beneficiado con este servicio de comunicación, y se refería a ello diciendo que la frialdad popular al telégrafo era debida a que el engaño al público había sido la divisa constante por décadas. Su concesión consistía en tener exclusividad por diez años, y el precio del servicio telegráfico era de cuatro reales por cada comunicación siempre que no excediera de diez palabras y una cuartilla por palabra adicional.

Esto incluía el reparto del telegrama en forma gratuita –siempre que no rebasara los límites de la ciudad-, por lo que se considera establecida en ese momento la primera tarifa telegráfica en México. En 1878 el presidente Porfirio Díaz crearía la Dirección General de Telégrafos Nacionales, extendiendo la red en paralelo a las vías del ferrocarril, medio de comunicación que modernizó al país. En su obra: Hitos de las Comunicaciones y los Transportes de la Historia Mexicana hasta 1911, Roberto García Benavides describe estos datos y concluye que el telégrafo fue el medio de comunicación más popular y eficaz hasta bien entrado el siglo XX que llegó el teléfono a México.