11/Aug/2020
Editoriales

Níquel por plata

México ha tenido crisis económicas siempre. Los gobiernos desde Iturbide han batallado con el tema económico y en 1883, el presidente Manuel González estaba enfrascado en encontrar la salida a una de tantas crisis fuertes. Se le ocurrió acuñar monedas de níquel en vez de las de plata y cobre que circulaban ordinariamente. Como toda moneda del gobierno, a la de níquel se le dio carácter de obligatoria por lo que se inundó rápidamente el mercado de ella. Sin embargo, la población la rechazaba porque los comerciantes cobraban el doble si se pagaba con monedas de níquel, y los panaderos tenían dos precios por su producto: uno con plata y otro más alto con níquel. Esto afectaba más a los pobres pues los salarios se pagaban con níquel, así que llegó a tal el desprecio que hasta los ladrones la desdeñaban y terminó generando manifestaciones callejeras de protesta. Una vez frente al Palacio Nacional, una turba detuvo el carro donde iba el presidente González, gritándole “muera González, muera el manco”. Manuel González, se bajó del carro y se dirigió a la manifestación enfrentándola, y con el brazo bueno –el mutilado en un acto de guerra poco lo movía-, el compadre de Porfirio Díaz hacía ademanes para apoyar su discurso, pero no convenció a la gente porque tenía problemas serios con su economía familiar. La policía dispersó el tumulto, pero el presidente dio instrucciones de retirar las monedas de níquel, sustituyéndola por las tradicionales monedas de plata y cobre.