13/11/2018
Editoriales

Enero 17 de 1811: Se celebra en el Puente Calderón, municipio de Zapotlanejo, cercano a Guadalajara, la batalla que marca un derrotero diferente a la guerra de independencia

Enero 17 de 1811: Se celebra en el Puente Calderón, municipio de Zapotlanejo, cercano a Guadalajara, la batalla que marca un derrotero diferente a la guerra de independencia, entre los ejércitos de Miguel Hidalgo y Félix María Calleja.

Tras permanecer en Guadalajara don Miguel Hidalgo y su tropa, ciudad donde lanza importantes proclamas y tenía grandes amistades, supo que el virrey había echado mano de su mejor hombre, Félix María Calleja para combatirlo y que se movía de San Luis Potosí rumbo a Guadalajara. El 13 de enero Hidalgo determina que debe enfrentarse a Calleja antes de llegar a Guadalajara para evitar la muerte de civiles inocentes. Así que para el día 15 ya estaba con su numerosa tropa en el puente Calderón, que si bien es cierto que no tenía formación militar, había triunfado en la batalla de Monte de las Cruces, cerca de la ciudad de México, así que traía la moral en alto.

La decisión de no tomar la ciudad capital fue un error de Hidalgo, que le ocasionó una fuerte discusión con Ignacio Allende, un militar de carrera que tenía claro que era necesario entrar a la ciudad de México. Hidalgo traía algo así como 100 mil hombres dispuestos a luchar y muchos de ellos armados, de los cuales 20 mil eran rancheros a caballo y con lanzas, 70 mil eran indios de a pie armados con lanzas, flechas, hondas y granadas de mano; y mil 400 soldados de línea.

Llevaba además 840 carretas y carrozas, con 80 piezas de artillería. Iba optimista el sacerdote pues dijo al salir de Guadalajara: Desayunaré en Puente Calderón, comeré en Querétaro y cenaré en México. Calleja traía un ejército de sólo unos seis mil soldados pero la mayoría bien entrenados y pertrechados. Comienza la lucha temprano del día 17 y la superioridad numérica de los insurgentes comienza a hacer estragos entre los realistas, pero por alguna desafortunada circunstancia su depósito de armas y municiones prendió fuego.

Las llamas se extendieron por el seco campo invernal, así que los azorados insurgentes comenzaron a desertar, y esa fue fue su perdición. La experiencia de Calleja le orientó adecuadamente y dictó órdenes tendientes a asustar más que a matar a los insurgentes, llevando al pánico colectivo a las tropas de Hidalgo. Increíblemente triunfa Calleja, lo que le vale para ser nombrado conde de Calderón, algo que sería determinante para en su momento ser ascendido a virrey de la Nueva España. Todo cambió después de esta batalla pues las diferencias entre Hidalgo y Allende crecieron y terminaron con la destitución del Padre de la Patria como jefe máximo del ejército insurgente. Lo que siguió es aún más triste pues se encaminaron al norte y una traición les costó la vida a todos los iniciadores de la gesta independentista.