15/10/2018
Editoriales

Cambio Radical en el Gobierno

Cada vez se oscurecen más los panoramas, tanto el nacional como el internacional: En el nacional, en el año electoral que principia, los escasos recursos públicos se escatiman de los importantes asuntos de la seguridad, la justicia y la educación, y se canalizan cada vez más a los gastos electorales muy por encima de lo permitido, a “premiar” a gobernadores dóciles y “castigar” a los indóciles. En el internacional, se oscurece el futuro del Tratado de Libre Comercio de Norte América, bajan las remesas de los indocumentados amenazados con la repatriación y peligran las nuevas inversiones con la reciente reducción de impuestos aprobada en EUA para las grandes empresas ¿Qué debemos hacer?

 

   Pues considerar ya como una necesidad inaplazable de los mexicanos el unir nuestros esfuerzos en la única forma posible: Dándonos un gobierno honrado, dedicado y eficiente. Y ¿Cómo lograr esta hazaña? Pues apoyando a aquel de los candidatos punteros que esté dispuesto a adoptar como bandera este plan de cambio radical de gobierno ¿Cuáles deben ser los pilares fundamentales de dicho cambio?

 

    La población de nuestro País se divide, aproximadamente, entre un tercio de ciudadanos que paga impuestos y que tiene, cuando menos, un nivel educativo suficiente y dos tercios que no cumple uno o los dos requisitos necesarios: Esta es nuestra realidad social, la cual debe, por necesidad y para evitar “la compra de votos”, reflejarla en el derecho a votar: Duplicar el valor de los votos de quienes sí cumplan y limitar el de quienes no los cumplan estos requisitos, hasta que lo hagan.

 

   Esta valoración del voto permitirá, entre otras cosas, asegurar el control ciudadano de las elecciones y que, con ello, dicha ciudadanía siga aprendiendo a organizarse para vigilar la gestión del gobierno, exigir una verdadera representación ciudadana por parte de los legisladores, en vez de que éstos se acostumbren a “seguir la línea del partidos”, al ya no convenirles “la compra de votos”, sino sólo el hacer intervenciones meritorias en sus cámaras, dirigidas a vigilar y guiar las acciones del Poder Ejecutivo.

 

   Estos cambios políticos fundamentales deben ir dirigidos hacia dos problemas inaplazables: Lograr la seguridad pública en todo el país, a base de capacitar y fortalecer las instituciones policiales encargadas de la procuración de justicia y las jurídicas encargadas de su impartición. El otro gran problema es el de mejorar radicalmente la calidad de la educación, adoptando sistemas como el de Chile, que permite la privatización de las ofertas de educación, con el Estado financiando el gasto de los escolares en aquellas escuelas que los padres consideren ser las más adecuadas para sus hijos: Así que la función del gobierno en cuanto a la educación, se vaya limitando sólo a supervisar la calidad y cantidad de la misma y a financiar su costo.

 

   ¿Cuál de los tres candidatos punteros es el más probable que adopte este plan? AMLO está casado con un populismo paternalista y una protección de “los derechos” de los sindicatos petroleros a dilapidar los recursos nacionales, por lo que jamás adoptaría el plan propuesto. José Antonio Meade, a quien el PRI le señala a quienes “tapar sus corruptelas y resguardar de castigo”, por definición no podría “morder” la mano de quien lo mantiene. Sólo nos queda Ricardo Anaya del Frente Pro México” quien aunque no llegó a su liderazgo por métodos democráticos internos, puede, quizás, perdonársele por lo maleado que está el PAN, y cuenta con el apoyo del PRD y del MC, por lo que, quizás, pudiera adoptar el Plan. 

 

        Parece que sólo tenemos esta “rendija” de posibles cambios radicales en nuestro gobierno.

 

 

Atte.- JVG.- 10-01-18.