17/Jan/2020
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Octubre 5 de 1813: Abole, en Chilpancingo, Guerrero, el generalísimo José María Morelos y Pavón, la esclavitud y el sistema de castas. Este héroe nacional, que algunas veces sufre más por sus equívocas defensas que con los ataques de sus enemigos, publicó para combatir esas nefastas costumbres de coartar las libertades naturales de los hombres, lo siguiente: “Porque debe alejarse de la América la esclavitud y todo lo que a ella huela, mando que los intendentes de provincia y demás magistrados velen sobre que se pongan en libertad cuantos esclavos hayan quedado, y que los naturales que forman pueblos y repúblicas hagan sus elecciones libres, presididas del párroco y juez territorial, quienes no los coartarán a determinada persona, aunque pueda representar con prueba la ineptitud del electo a la superioridad que ha de aprobar la elección, previniendo a las repúblicas y jueces, no esclavicen a los hijos de los pueblos con servicios personales que sólo deben a la Nación soberana y no al individuo como a tal, por lo que bastará dar un topil o alguacil al subdelegado o juez y nada más, para el año; alternando este servicio los pueblos y hombres que tengan haciendas, con doce sirvientes, sin distinción de castas, que quedan abolidas.

Y para que todo tenga su puntual y debido cumplimiento, mando que los intendentes circulasen las copias necesarias y que éstas se franqueen en mi Secretaría a cuantos las pidan para instrucción y cumplimiento”.

Tenía 48 años de edad Morelos cuando emite esta importante declaración y había visto cómo el 6 de diciembre de 1810, Miguel Hidalgo había lanzado la primera abolición de la esclavitud desde Guadalajara y la perversa costumbre de impedir la libertad de los hombres continuaba. Cuando Morelos tenía 25 años de vida fue alumno de Miguel Hidalgo en el colegio de San Nicolás de Valladolid, continuando con sus estudios eclesiásticos. Fue preceptor y clérigo en la parroquia de Uruapan y mantenía a su madre y a su hermana María Antonieta, por lo que no siguió a su admirado maestro Hidalgo desde el primer día del movimiento de Independencia, pero a la muerte de su madre, el 20 de octubre de ese mismo año en el pueblo de Charo, Morelos se unió a Hidalgo y juntos marcharon a Indaparapeo. Pasó por Zacatula, Petaltlán, Tecpan, y Coyuca hasta Acapulco y para fines de noviembre, ya traía a 3 mil hombres armados con las armas arrebatadas a los realistas. Su nombre se convierte en leyenda cuando vence al comandante de la 5ª división de las milicias en Oaxaca, Francisco Paris, con un ejército improvisado y mucho menor. Entre sus subalternos estaban Hermenegildo Galeana y los hermanos Miguel y Leonardo Bravo.

Morelos tomó Tixtla para terminar siendo “dueño” de todo el actual estado de Guerrero. Para fines de ese año 1811 Morelos ya dominaba Michoacán, México, Oaxaca y Puebla. Morelos convocó al Congreso Nacional Constituyente en Chilpancingo, que se reunió el 13 de septiembre, y allí se nombra “Siervo de la Nación”, luego de presentar Los Sentimientos de la Nación, una declaración de principios sobre los que debía asentarse el futuro estado mexicano. En ese congreso, Morelos representaba al Nuevo Reino de León, o sea Nuevo León, lo que nos debe llenar de satisfacción pues tuvimos al mejor diputado que hubiésemos querido, a pesar de no haber hecho actos de armas y tal vez ni de visitar a nuestra entidad. El 5 de noviembre de 1815 Morelos cayó en poder de los españoles en Temazcala, es llevado a México a una cárcel secreta de la inquisición, enjuiciado, despojado de sus privilegios sacerdotales y declarado “hereje, autor de herejes, traidor a Dios, al rey y al Papa”. Condenado a muerte, el 21 de diciembre escucha su sentencia y al día siguiente José María Morelos es fusilado. Es notable su capacidad política y bélica, pero también su visión de una nación libre como la que hoy disfrutamos auqnue muchos no lo aprecien como debieran. Las libertades que tenemos en México son envidiadas por millones de seres humanos en el mundo que viven presos dentro de su vivienda, ropaje o ignorancia.