16/06/2019
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Junio 12 de 1864: Llegan a la ciudad de México Maximiliano y Carlota. Mientras el presidente Benito Juárez deambula por el país evadiendo a los pérfidos invasores, el matrimonio imperial de Maximiliano de Habsburgo y la emperatriz Carlota arriban a la capital mexicana donde son recibidos con júbilo por los conservadores y el ejército francés, pero con reservas de la población en general, pese a que estaba amenazada con recibir castigo si no vitoreaba a los nuevos monarcas europeos cuando pasaran por sus casas. El 29 de mayo anterior había atracado en Veracruz la fragata Novara, que trasladó desde Europa al feliz matrimonio.

  En el trayecto de Veracruz a México, la pareja detuvo su carruaje y escolta en varias ocasiones para conocer rápidamente algunas pintorescas poblaciones que se encuentran en el trayecto, y la última que visitaron antes de llegar a México, fue Cholula. Al salir de la iglesia de Cholula, en la cual asistieron a misa, de pronto les llegaron cientos de autos con los ricos de México que habían ido a darles la bienvenida, una especie de comité de recepción de lujo. Además, estaba una gran cantidad de caballos finos que elegantes llevaban a cuestas a sus dueños -charros mexicanos refinados- pero que vestidos al estilo europeo, hacían tremendo ridículo ante la pareja imperial y la gente que los vio disfrazados. Entre varios datos interesantes que están registrados en las crónicas de este acontecimiento social que cimbró a los altos niveles socio económicos, resalta el de la embajada norteamericana, la que brilló por su ausencia en la fiesta de bienvenida, lo cual indica que desde entonces, Estados Unidos no estaba de acuerdo en que Francia dominara México. La historia de la invasión francesa la hemos comentado en fragmentos a lo largo de estos años de efemérides, pero nunca es suficiente para recordar que los mexicanos no podemos darnos el lujo de dividirnos, pues la historia es determinante: cuando nos dividimos, nos invaden.