19/06/2018
Editoriales

Ser Rector es un privilegio y un Honor

 

Ser Rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León es uno de los más honrosos cargos a que puede aspirar un nuevoleonés. Confiados en la memoria, citaremos a Pedro de Alba, fundador; Héctor González, Ángel Martínez Villarreal, Octavio Treviño, Gregorio Morales, Ángel Martínez Villarreal, Enrique C. Livas, Roberto Treviño, Joaquín A. Mora, José Alvarado, Alfonso Rangel Guerra, Roque González Salazar, Eduardo A. Elizondo, Eduardo L. Suárez, Nicolás Treviño Navarro, Enrique Martínez Torres, Oliverio Tijerina, Héctor Ulises Leal, Manir González Martos, Arnulfo Treviño, Genaro Salinas Quiroga, Lorenzo de Anda, Luis E. Todd, Alfredo Piñeiro, Amador Flores Aréchiga, Gregorio Farías Longoria, Manuel Silos, Reyes S. Tamez, Luis Galán Wong, José Antonio González, Jesús Áncer Rodríguez y el actual Rector, Rogelio Garza Rivera.

 A uno de ellos he de referirme en esta ocasión. Se trata del periodista José Alvarado Santos, un ser humano ejemplar. Fue uno de los mejores periodistas de México, manejó como pocos el lenguaje y su grandeza coincidió con su sencillez. Cuando alguien dijo que Don Pepe era el mejor periodista de México, él modestamente respondió: No, que va, ni siquiera de mi querido pueblo Lampazos de Naranjo, pues ahí, en la misma calle donde yo viví, nació alguien verdaderamente grande: Don Nemesio García Naranjo.

 Su padre fue el profesor José Alvarado, quien fuera primer Secretario de la Universidad de Nuevo León, y su madre, la señora María de los Ángeles Santos Zuazua. Ambos eran maestros. Estudió primaria en el Colegio del profesor Eulogio Flores. El periodismo y la Universidad fueron su pasión. Desde su ingreso al Colegio Civil, en el mes de septiembre de l924 dejó entrever lo que habría de ser su vida futura: una lucha constante al servicio de las mejores causas, al servicio de la verdad. En el Colegio Civil se hizo amigo de otros jóvenes que se abrían paso en la vida y que también han conseguido su lugar en la historia.

 Uno de ellos --de los más destacados-- lo fue Raúl Rangel Frías, ese gran rector, gobernante y humanista. El otro amigo de Alvarado es Juan Manuel Elizondo, ejemplo de congruencia y verticalidad. Con ambos compartió sus sueños. Ahora, las figuras de estos tres personajes permanecen en una escultura de bronce sentados en una banca frente a la Explanada de Rectoría. Ahí perduran como cuando estudiaron en el Colegio Civil.

 Su amor por la verdad y su aversión hacia las injusticias lo pusieron, en más de una ocasión, entre la espada y la pared. En los archivos del Colegio Civil han quedado registradas las constancias de sus luchas estudiantiles. Fue siempre valiente y sincero. Después de su estancia en el Colegio Civil, se trasladó a la Capital de la República. En la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México estudió leyes, aunque no llegó a graduarse. Sin embargo, escribió la tesis para obtener el grado de abogado. El tema fue "Crisis de la democracia". También realizó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

 Como estudiante participó en la reforma universitaria de l929; también en la campaña para llevar a la Presidencia de la República a José Vasconcelos. Figuró en l933 --año de la fundación de la Universidad de Nuevo León--, como Secretario General de la Confederación Nacional de Estudiantes. Por defender la autonomía universitaria, estuvo preso en Guadalajara, Jalisco. Ejerció la cátedra, entre los años de l935 a l958. En la Escuela Nacional Preparatoria impartió varias materias, como filosofía, lógica y castellano. También fue maestro huésped en las Universidades de Nuevo León y de Michoacán. En esta última recibió el grado de Doctor Honoris Causa en Filosofía.

 Participó como periodista estudiantil y más tarde como reportero, cronista, redactor, editorialista, columnista. Desde joven lo sedujo el olor a tinta y fue periodista hasta el final. Colaboró en la revista Estudiantil de Monterrey. Ya en la Capital, fue amigo de Octavio Paz y escribió para las revistas Barandal, Cuadernos del Valle de México y Taller. Más tarde, estuvo en El Nacional, El Popular, El Día, Excélsior, así como los diarios de la Cadena García Valseca y las revistas Siempre!, Romance, Voz y la Revista de la Universidad de México.

 A Monterrey regresó en el año de l96l, para hacerse cargo de la Rectoría de la Universidad de Nuevo León. En su primer mensaje a los universitarios, dijo: "He aceptado tan grave responsabilidad porque considero que hay llamados que nadie tiene derecho a eludir".

 Mucha tinta corrió en su contra durante el tiempo que estuvo al frente de la Rectoría. El 24 de febrero de l963 –el próximo sábado se cumplen 55 años--compareció ante los universitarios de Nuevo León, para informar de su conducta como nuevoleonés y como Rector. "Todos son testigos --dijo-- de que durante quince meses he sido cubierto diariamente por la infamia y el oprobio. Las calumnias más viles, las más obscenas injurias y los apodos más irrespetuosos cayeron sobre mí. Toda barbarie, todo vicio les parecieron pocos para atribuírmelos. Cuando estaba en Guadalajara, se dijo que yo, en Monterrey, había injuriado por televisión a los industriales durante una colecta de la Cruz Roja.. Todo el peso de la tinta cobarde y el papel indecente contra un hombre solo.

 "A cada día una nueva injuria, una nueva calumnia, un nuevo mote, una burla distinta... No me equivoco si digo que todos los adjetivos aplicados a todos los delincuentes de la ciudad en los últimos cuarenta años desde los llamados "Tigres" de Colombia y los criminales de la calle de Aramberri hasta el raptor de niños el año pasado, representan una mínima parte de los aplicados contra mí, que no he sido toda mi vida sino un hombre honrado, un periodista limpio y un cumplido profesor universitario... Diga alguien cuándo he mentido deliberadamente y por interés; diga quien sea cuándo he callado por paga, cuándo engañé a alguien en la cátedra, en la página del periódico o en la calle. Cuando he dado precio alguno por elogios a mi tarea o silencio sobre mis defectos y mis errores... Digan lo mismo, si pueden, mis calumniadores y, sobre todo, hagan públicamente iguales preguntas acerca de sí mismos."

 Después de su experiencia al frente de la Universidad, José Alvarado regresó a la ciudad de México. El periodismo recuperó una de sus mejores plumas. En l969 recibió el Premio Nacional de Periodismo que le otorgó el Centro Libanés de México. El Club de Periodistas de México le otorgó, en l974, el Premio Nacional de Periodismo, por sus trabajos publicados en l973.

 En vida publicó numerosos artículos y sólo dos libros: Memorias de un espejo y El personaje. Posteriormente se han editado otros libros, como Escritos, Tiempo guardado, Cuentos, Luces de la ciudad y Alvarado el Joven. Este último con textos de su juventud en el Colegio Civil. Su esposa, Cándida Pérez Cortés, hablaba de otro más, que bajo el título de El displicente profesor, publicaría la Editorial Joaquín Mortiz. La UANL le publicó Cuentos y novelas cortas.

  El 2l de septiembre de l974 cumplió 63 años de edad. Ese día sufrió un accidente que le costó la vida. Sus últimas palabras fueron para los universitarios nuevoleoneses que, junto con él, cumplían 50 años de su ingreso a las aulas del Colegio Civil.

 Hay en la vida de los seres humanos fechas que tienen un gran significado. Tal es el caso del 2l de septiembre para José Alvarado. Ese día nació en Lampazos, Nuevo León, en el año de l9ll. Ese día conoció a la que habría de ser su esposa, en el año de l94l. Ese día sufrió un accidente que le provocó la muerte. Eso sucedió en la ciudad de México, en el año de l974.

 Su nombre ha quedado grabado en la casa donde nació y en la biblioteca de Lampazos; también en la Escuela Secundaria Número l4, en una calle de la ciudad de Monterrey y otra en la ciudad de México: en la antigua Cerrada de Medellín, en donde vivió sus últimos años. Los numerosos artículos que él escribió han quedado como herencia suya, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

 Su obra y su ejemplo son patrimonio de los universitarios, de los nuevoleoneses y de todos los mexicanos.