19/07/2019
Editoriales

Jaime Sabines

El mar se mide por olas

El cielo por alas

Nosotros por lágrimas

(Horal 1950)

 

 

Se cumplen 20 años de la partida de Jaime Sabines y eso da motivo para recordar su obra, que con el paso del tiempo se agiganta. Calificado por Octavio Paz como “uno de los mejores poetas contemporáneos de nuestra lengua”, nació en Tuxtla Gutiérrez Chiapas el 25 de marzo de 1926 y a los 19 años viaja a la Ciudad de México para estudiar 3 años la carrera de medicina y darse cuenta que su lugar estaba en la literatura, graduándose en Lengua y Literatura Española en 1949 en la UNAM, realizando estudios de posgrado en la misma Institución. Formó parte de la generación del medio siglo en la que destacaron Ali Chumacero, Ruben Bonifaz Nuño y Rosario Castellanos a quién le dedicó el bello poema “ Recado a Rosario Castellanos”.

Recibió numerosos reconocimientos, entre los que podemos mencionar Premio Chiapas (1959), Premio Xavier Villaurrutia (1973),Premio Elias Saurasky (1982),Premio Nacional de Literatura (1983), Premio Juchiman de Plata(1986), Presea de la Ciudad de México (1991), Medalla Belisario Dominguez (1994) y el Premio Mazatlán de Literatura.

Sus dos estancias en la Ciudad de México lo marcarán para siempre, la primera en 1945 ,cuando ingresó a la Facultad de Medicina, vivió en la calle Belisario Domínguez en condiciones precarias. La segunda época en la Capital, vivió en la calle de Cuba (“la calle de la perdición”) número 43 Departamento 8, arriba de dos bares y frente al Teatro Lírico. (“Habría que bailar ese danzón que tocan, en el cabaret de abajo”).

Entre sus libros publicados están: “Horal” (1950), “La Señal”,(1951),Adán y Eva (1952),Tarumba (1956),Yuria (1967),”Algo sobre la muerte del Mayor Sabines”(1973) entre otros.

Amor, soledad, muerte y esperanza, son lugares comunes en la poesía de Sabines. Alejado de los círculos literarios, fue un creador solitario cuyos versos son sencillos y diáfanos. Cuando hablaba, era tan poeta como cuando escribía.

Es muy recordada su presentación en el Palacio de Bellas Artes en 1996 y más conmovedor el aplauso con el que fue recibido que duró varios minutos y en el que el poeta agradeciendo solo alcanzó a decir: “estos aplausos lo lastiman a uno” sentándose en su silla de ruedas ,para realizar ese histórico recital. Solo se negó a leer “la muerte del mayor Sabines” dedicado a su padre y alcanzó a recitar un fragmento de “Doña Luz”, dedicado a su madre.

Admirablemente bien leídos, sus poemas resultan épicos. “Hiciste bien en morirte Tía Chofi” y como dijera Carlos Monsiváis: “con el tiempo, los lectores de Sabines adoptan a la Tía Chofi, localizándola por doquier en sus recuerdos”. El poema “introducción a la muerte” fue inspirado en su entrañable amigo Tony Borges que murió en un accidente de aviación y Sabines debió ir a reconocerlo impactándolo profundamente. Los poetas que influyeron en su estilo fueron Pablo Neruda , César Vallejo y confesaba que el libro que había dejado huella en su vida era la Biblia de la que hizo una interpretación humana , no tanto religiosa.

El poema “los amorosos” es un canto al amor, de los más declamados y se ha convertido en un himno. Otro poema que por muchos años pasó desapercibido fue “Tarumba”.Alguna vez Pedro Garfias fue a  buscarlo  para felicitarlo por ese trabajo.

Incursiono en política ; fue Diputado Federal por Chiapas (1976-1979) por el partido revolucionario institucional y Diputado Federal por el mismo partido por el Distrito Federal en 1988.

Tampoco fue indiferente a los problemas sociales, en  “Maltiempo” toca la tragedia del 68 y apunta: “El crimen está allí, cubierto de hojas de periódicos, con televisores, con radios, con banderas olímpicas. El aire denso, inmóvil, el terror, la ignominia”.

Se marchó al empezar la primavera, como cuando nació. Estará en la memoria como un ser humano extraordinario, único. “Morir es retirarse, hacerse a un lado, ocultarse un momento, estarse quieto, pasar el aire de una orilla a nada y estar en todas partes en secreto”.