23/09/2018
Editoriales

Los Grandes Gobernadores de Nuevo León. Eduardo Livas, segunda parte

En la primera parte vimos los inicios de Eduardo Livas Villarreal en la vida pública. Su cercana amistad con los gobernadores Bonifacio Salinas y Arturo B. De la Garza que fueron sus jefes. Y la coincidencia de sus aspiraciones a la candidatura grande de Nuevo León en 1949 con los cambios en el PRI que, sumados a un problema local de sentimientos encontrados, impidieron su llegada a pesar de haber triunfado en la contienda interna. También su rompimiento con el PRI y su regreso en 1958, una década después, para ser senador, desempeñándose tan bien en esa posición que fue premiado, ahora sí, con la candidatura a la gubernatura del estado en 1961.

 

Desde luego que se alzó con la victoria electoral, obteniendo 245 mil 504 votos, pues el PRI era invencible y él muy popular. Transcribo un párrafo de su segundo informe de gobierno para entender cómo veía el gobernador Livas a Nuevo León: “El desarrollo de Nuevo León ha sido extremadamente desigual. Las zonas rurales permanecen atrasadas en relación con el impetuoso crecimiento de Monterrey. Estamos empeñados en transformar mejorando las condiciones que prevalecen en el campo para disminuir el desequilibrio entre la producción rural y la industria, entre el atraso social y cultural que opera en vastas regiones del estado y el adelanto logrado en Monterrey”.

 

Los programas del gobernador Livas para el campo

El área metropolitana se acercaba al millón de habitantes, y para atenuar la migración del campo a la ciudad, Livas desarrolló un plan agrícola distribuyendo entre pequeños propietarios y ejidatarios de la región citrícola miles de árboles injertados de naranjo. En 1965 se amplió este plan a los cultivos de nogales, duraznos, vides y aguacates.  

 

Apoyó el establecimiento de praderas proporcionando semilla de zacate directamente a los ganaderos, y subsidiando a la Unión Ganadera que organizaba exposiciones y promovía el comercio de productos ganaderos. Al mismo tiempo, se reforzó la introducción de agua, electrificación y pequeñas obras de irrigación en las poblaciones pequeñas. Livas apoyaba la política económica nacional –mixta- e impulsaba la industria nacional, lo que no agradaba a los empresarios, pero como también hacía lo propio con la industria privada, estaban más o menos tranquilos.

 

Procuró la creación de industrias cooperativas para industrializar naranja y zacate escobero. Y buscando equilibrios promovió una revisión a la ley de protección a la industria. En 1964 se creó la Comisión de Fomento Industrial y Desarrollo Económico integrada por la CAINTRA, la CANACO, el Centro Bancario, los municipios y el gobierno del estado. Y declaró de utilidad pública la creación de nuevas empresas, exentando de impuestos a las de transformación, extractivas y de ensamble.

 

Esta Comisión fue polémica, pues satisfizo a algunos empresarios, pero otros la consideraban una invasión de la libertad industrial. Quienes protestaban eran empresarios vinculados al PAN que señalaban que esa comisión apoyaba solo a las industrias comunitarias y a las de empresarios del PRI.     

 

Destinó el agua de la Presa La Boca para abastecer a la ciudad

Por el crecimiento urbano había una exigencia de más y más agua. En la última década se había duplicado el abasto, pero el crecimiento era mayor. El gobernador Livas tomó la medida de retirar la exclusividad del agua de la Presa La Boca a los empresarios que operaban vía la empresa Agua Industrial de Monterrey, utilizando el agua y el acueducto construido por ellos para dotar del preciado líquido a la ciudad. Los indemnizó, pero ellos no quedaron muy conformes que digamos.    

 

Aparece el primer Plan Regulador del Crecimiento Urbano

En enero de 1962 se creó el departamento del Plan Regulador de la Dirección de Planificación del estado, que dotó por primera vez en julio de 1967 a Monterrey y municipios conurbados de un Plan regulador de Crecimiento Urbano. Regulaba los nuevos desarrollos, la infraestructura básica y la vialidad. Claro que era un plan inicial con algunas fallas, pero ya existía un primer instrumento de control urbano. La introducción de servicios básicos estuvo a cargo de las Juntas de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, que se desempeñaron bien. La IP no criticaba, pero fruncía el ceño.        

 

Ya para 1965 se había concluido la electrificación de los dos municipios extremos: al sur, Mier y Noriega, y al norte el municipio de Anáhuac, en la fronteriza Congregación de Colombia. También se incorporaron al servicio telefónico diez municipios del oriente. Se aplicaron recursos de la tesorería, a cargo de Eduardo A. Elizondo, quien después se proyectaría a la rectoría de la Universidad de Nuevo León, a la construcción y mantenimiento de carreteras y caminos rurales en el sur (Galeana-Dr. Arroyo-Matehuala), y en el norte (Monterrey-Colombia; Agualeguas-Parás).  

 

Livas ofrece las primeras audiencias públicas

Livas implantó las audiencias públicas atendiendo directamente a colonos, agrupaciones sindicales, campesinos, y empresarios que acudían diariamente. Por ello el gobernador siempre estaba informado de los problemas reales del estado. Se esmeró en mejorar la educación incrementando el apoyo a la dirección general de educación pública que tenía como responsable al maestro Timoteo L. Hernández, quien buscaba que todos los niños pudieran estudiar su educación primaria. Se daban desayunos escolares, se incrementaron los turnos, y se amplió el sistema de educación secundaria. Además, impulsó la construcción de nuevas escuelas, y la preparación magisterial aumentando las plazas para los mentores.  

 

Se edificó la Escuela Normal Miguel F. Martínez, que incluía también espacios para educación en todos los niveles inferiores al de la Normal. La Universidad de Nuevo León recibió apoyos estatales y federales para terminar el Estadio Universitario, la Torre de Rectoría, y la facultad de Filosofía y Letras, así como Odontología, Agronomía y la Escuela Femenil Pablo Livas. 

 

Sin embargo, una vez más su sino político estaba al vaivén de una tormenta en la que amigos y enemigos del sistema medían fuerzas. El gobernador Livas debía aguantar presiones que de todas partes llegaban por estarse fraguando reformas importantes. De nuevo la política internacional se presentaba en Nuevo León pues la Guerra Fría había satanizado el término “comunista” por lo que un acto de gobierno con utilidad pública así era descalificado, y sus contrapartes hacían lo propio acusando de “pro-yanqui” cualquier otro acto de gobierno que favoreciera a los grupos industriales.  

 

Comienzan las reformas federales a repercutir en Nuevo León

El Congreso de la Unión aprobó en enero de 1962 la reforma al artículo 123 constitucional prohibiendo el trabajo a los menores de 14 años, estableciendo los salarios mínimos profesionales, y dando derecho a los trabajadores de recibir participaciones de las utilidades de las empresas y además se establecía la reinstalación de los trabajadores despedidos injustamente. 

 

Ante tales reformas que se tenían que implementar en Nuevo León, los empresarios señalaron en entrevistas y reportajes del periódico El Norte, que eran propias de un sistema comunista y que causarían graves daños a las finanzas de la industria regiomontana. Sin embargo, su tono era moderado y las protestas fueron mínimas. 

 

Problemas en la Universidad de Nuevo León

Por otra parte, también en enero de 1962 se autorizó un incremento a las cuotas estudiantiles en la Universidad de Nuevo León que, combinado con la clausura del Instituto de Trabajo Social de la UNL, generaron una huelga general que polarizó a la comunidad universitaria. Algunos acusaban al gobierno Livista de ser pro yanqui por incrementar cuotas que “impedían estudiar a los pobres”, y otros acusaban al rector José Alvarado Santos de comunista por ser liberal y permitir la libertad de cátedra. Hubo brotes menores de violencia, pero sus efectos rebotaban en palacio de gobierno. 

 

Como suele suceder, la cuerda reventó por el hilo más delgado y tras una cruel campaña periodística, el rector José Alvarado renunció y se reanudaron las clases. Prevalecía una paz colgada de alfileres y el problema explotó posteriormente. Pero todo esto era pecata minuta, -Juventino González Ramos, secretario particular de Livas, dixit-  comparado con la Reforma Educativa federal que obligaba a la distribución de un libro de texto gratuito que motivaría un grave problema social.

 

El libro de texto gratuito

Es que hasta antes de la mencionada reforma, cada maestro de escuela pública o rural enseñaba con lo que podía o traía en su cabeza. Esto propiciaba una gran desigualdad educativa entre los estudiantes ricos y pobres. Aquellos se educaban en colegios particulares o en escuelas bien ubicadas junto a los hijos de funcionarios o empresarios clasemedieros que tenían acceso a materiales educativos de lujo como mapas, dioramas y libros de apoyo, así como a elementos para practicar deportes.

 

Por ello, 75 de cada mil alumnos de clase media o alta que se matriculaban en la escuela primaria, terminaban una carrera profesional. Mientras que entre las clases populares o rurales sólo uno de cada mil alumnos lo conseguía. Con el libro de texto gratuito se emparejaban un poco las cosas, pues en los colegios particulares podrían tener libros extras que les daban ventaja, pero ya había un piso parejo en los conocimientos básicos. Ciertamente, el libro de texto único y gratuito era un invento soviético, denunciado por paterfamilias exaltados. 

 

La Comisión Nacional del Libro de Texto funcionaba desde 1960 y en ella participaban padres de familia, pero fue hasta febrero de 1962 cuando en Monterrey se manifestó la oposición de los padres de familia sobre todo de clases medias y altas ante las “tendencias claramente comunistoides” de los libros de texto.

 

La Unión Nuevoleonesa de Padres de Familia realizó el 2 de febrero una marcha multitudinaria para exigir el derecho de educar a sus hijos “conforme a sus convicciones y costumbres”. Ese mismo día, su presidente Eliot Camarena, envió una carta al gobernador Livas personalizando el problema “esta disputa que ha surgido entre nosotros los padres de familia y usted...” le decía. 

 

Además de exigir libertad de los padres para educar a sus hijos, acusaba que el modelo educativo era ajeno a la idiosincrasia local, de los países occidentales y cristianos. Que Livas y la prensa sabían que en la dirección de educación de Nuevo León había “enquistados (sujetos) de filiación comunista”. 

 

La respuesta del maestro Timoteo L. Hernández

El director de educación pública, Timoteo L. Hernández, declaró “que los nuevos programas de estudio no atentan contra la moral, la organización familiar, ni tienen tendencias ideológicas o de carácter público; respetan tradiciones sociales, históricas y de nuestra patria, buscan la superación del estudiante y la concurrencia de padres, maestros y la sociedad para una educación más completa del niño”.

 

Pero los padres de familia amenazaron con el cierre de colegios particulares, y como todo estaba encaminado a protestar por la reforma del artículo 123, los empresarios que venían acumulando agravios se sumaron a las protestas contra el libro gratuito dando la salida temprano a sus empleados para que pudieran asistir a la gran manifestación. Los contingentes llegaban a la alameda Mariano Escobedo y de ahí marcharon al palacio de Gobierno, sumando más de cien mil manifestantes. Los maestros, por su parte, apoyaron los libros de texto gratuito asegurando que “se inspiraban en los nuevos programas de biología, psicología, sociología y filosofía”.

 

Llega el apoyo de la federación

Ante el difícil panorama que enfrentaban el gobernador Livas y su secretario general de gobierno, Humberto Ramos Lozano, el gobierno federal envió al ministro de educación Jaime Torres Bodet, quien exigió a los padres de familia que señalaran las páginas de los libros de texto gratuitos que les ofendieran y se sentaran a discutir con él. Los empresarios y los padres sabían que se podían enfrentar a un gobernador y tal vez hasta negociar su remoción, pero no tenían fuerza para enfrentarse al presidente de la República. La tormenta amainó.

 

Continuará…

 

 

 

 

 

Fuentes

 

Periódico oficial del estado 1961-1967 versión electrónica 

Informes de gobierno 1961-1967 versión electrónica

Génesis y Evolución de la Administración Pública Estatal de Nuevo León, Isabel Ortega Ridaura

Revisitando la manifestación en contra del libro de texto gratuito en la ciudad de Monterrey, Norma Ramos Escobar, Congreso Nacional de Investigación Histórica. 

Periódico El Porvenir enero 30, febrero 2, 3, 8 y 12 de 1962

Periódico El Norte febrero 2, 3, 4, 5, 9. De 1962