23/10/2018
Editoriales

El ego y la silla

Se acercan las elecciones y mi hija que es sumamente curiosa me pregunta cada tanto mami ¿por quién vas a votar? Es muy complicado porque no tengo una respuesta, ni siquiera una idea remota de que voy a hacer, entonces me quedo viendo a algún punto en el horizonte y solo respondo “aún no lo sé”.

No quisiera dejarme llevar por la corriente, que si “ya sabes quién” es la solución o que si votar por “la esposa de” es darle la oportunidad a una mujer, tampoco le daría de nuevo mi voto a quien solo nos usó como trampolín para sus aspiraciones personales, si vivo en Nuevo León creo que está de más decir quién es. Tampoco creo que alguien debe sentarse en la “silla” solo porque diga le pupu le france (es chiste) en un anuncio de televisión, menos aún que alguien que JAMÁS ha tenido un cargo de elección popular y su mayor carta credencial es el famoso “gasolinazo” sea precisamente el hombre que México requiere.

La verdad es clara, me doy cuenta que hasta el día de hoy, quienes aspiran al trono no tienen NADA de pueblo y si MUCHO de ególatras y no es precisamente así que se ganan las elecciones, quien dirija a este bendito país debe de acuerdo a mis estándares tener un gran corazón, amar con el alma a su patria y su gente, TENER PALABRA, ser responsable, cumplido, organizado, contar con tremendos valores, ser incorruptible y sobre todo tener los pantalones (o faldas) necesarios para sacar a esta hermosa tierra del fango en el que por tantos años la han metido los que le preceden.

Y pasa que no le veo cara a ninguno(a) como para “jalar” hacia su lado, me parece que salirte de un partido porque las cosas no te salieron como querías no te hace para nada un digno contendiente, si no sabes perder en tu partido menos sabrás manejar la frustración si te sientas en la silla grande, si no aceptas que a veces hay que ceder entonces significa que tienes un EGO ENORME que te convierte en el enemigo público número uno de este país.

Ya no creo en promesas, es tan fácil romperlas (¿verdad Bronco?), tampoco en cuentos de hadas de quien vive del erario desde hace años (AMLO y sus fantasías), mucho menos en quien “finge” no ser miembro de un partido cuando todas sus acciones van enfocadas a favorecerlo (Meade), tampoco en quien hace berrinche y se va (Margarita), ni en quien provoca el berrinche solo para darle gusto a sus aspiraciones personales (Anaya).

¡Qué difícil me la ponen! En serio que son malvados y crueles, ¿qué respuesta le puedo dar a una niña de 11 años que cree y ama con el corazón a su país, que está creciendo y sueña con ser presidenta algún día, que llora de tristeza al ver la pobreza extrema en la que muchos de sus compatriotas pasan la vida al no tener ni siquiera un techo por falta de OPORTUNIDADES? De pronto me siento asustada, luego molesta y finalmente decepcionada porque veo que esa frase “yo no pido que me den solo que me pongan donde hay” es cada vez más cierta y real.

Ahora resulta que un montón de gente va por la vía independiente, diario me llegan mensajes de “te invito a apoya a juana o mengana”, la verdad es que ya todos me parecen “muy ojones para paloma”, creo que el servicio público no es un juego y aventarse al ruedo sin preparación previa no es la idea esencial de lo que se espera de un buen gobierno.

Quisiera por ejemplo saber, ¿Quién va realmente por la idea de hacer un cambio y quien la verdad por el súper sueldo de un diputado? ¿quién ha caminado completa la zona que cubre el distrito por el que va y quien sólo piensa en que una vez terminada la campaña el chiste estará solamente en cobrar? Con esas dos preguntas  me doy por bien servida, no necesito más para conocer y reconocer a un charlatán oportunista; lo siento por aquellos que si van movidos por una verdadera intención de cambio, sucede que NO LOS VEO, ni LOS ESCUCHO en ningún lado, solo en redes (que ya vimos que son sólo una pantalla de humo) y en grupos de WhatsApp.

La carrera se antoja sabrosa, engrosar la cartera es algo que todos quisiéramos, trabajar para lograrlo parece que sólo los menos.

 

Creo que hay mucho que pensar y analizar antes de tomar decisiones a la ligera, hay mucho camino por andar y sobre todo hay que estudiar muy bien hacia que lado inclinamos la balanza, hasta ahora resulta que no hay para donde hacerse, falta contrapeso, valor y sobre todo mucho corazón para poder decir “por aquí me voy”, definitivo seguir a un ególatra NO ES OPCIÓN.