26/Oct/2020
Editoriales

El Área Metropolitana de Monterrey, unidad en la diversidad

Cuando viajamos fuera del país y alguien pregunta ¿usted de dónde es? La respuesta natural es: soy de Monterrey, México. Esto no siempre es cierto, pues la persona cuestionada puede vivir en otro municipio, pero sabe que la Ciudad más reconocida de Nuevo León es Monterrey. En cambio, en otros casos responden: soy de Jalisco, de Tabasco etc. Afortunadamente la marca Nuevo León ya se está posicionando, pues hasta hace pocos años no faltaba el ignorante que se refiriera al nuestro como “El estado de Monterrey”. 

 

Tal vez el origen de estos yerros provenga desde que Diego de Montemayor fundó en el año de 1596 a la Ciudad de Monterrey. En aquel momento, el Nuevo Reino de León ya tenía teóricamente la forma romboidal actual, pero lo único colonizado realmente era la Ciudad Metropolitana, de comarca cuadrangular con 30 leguas por lado. Al centro estaba Monterrey, y el resto era un polígono indiviso regido por un gobernador que se desempeñaba a la vez como capitán general y justicia del reino. 

 

Acaso existían algunos centros de producción en Cerralvo con sus minas, la Hacienda de Castaños y restos de Villa de Cueva en el actual Salinas Victoria. En el resto del territorio merodeaban unos 300 clanes que no reconocían a Jesús como Salvador, al Rey de España como su Señor Natural, ni al gobernador y menos a los diputados a Cortes como sus representantes. Es decir, eran enemigos del Imperio Español, aunque siempre invitados a catequizarse y a civilizarse para su integración. 

 

La importancia de los presidios

Entonces Monterrey tenía para su defensa presidios en Cadereyta y Cerralvo construidos según las tradiciones heredadas de los árabes durante su ocupación a España. De forma cuadrangular, hechos con materiales regionales -adobe y piedra-, y muros de unos tres metros y medio de altura. En dos esquinas diagonales se construían torreones con aberturas para disparar; y los muros servían de pared a las habitaciones, mientras en sus tejados había parapetos para encubrir a los tiradores. 

 

En su interior había cuartos para almacenaje, semillas y polvorín; capilla, habitación para frailes, cuartos para tropa y la oficialía, cocina, calabozo, y comedor con una sola entrada. Siempre había terreno para que los indios civilizados sembraran la tierra o tuvieran ganado, así como sus jacales y corrales. Los presidios eran dirigidos por un capitán y un piquete de caballería; uno o varios frailes, y otros servidores que podían ser indios civilizados, mulatos u otras castas. 

 

La autoridad máxima era el gobernador del Nuevo Reino de León y quienes vivían cerca sólo pagaban el Quinto Real -mientras en Monterrey se pagaban varios derechos municipales-; pero cuando había algún ataque de indios todos se refugiaban en los presidios. 

 

Las funciones de las misiones

Las misiones eran, a diferencia de los presidios, establecimientos religiosos. En el Nuevo Reino de Nuevo León había, organizado desde Zacatecas -allá estaba la sede de la provincia religiosa de los Franciscanos- un convento en Monterrey, no solo para vivienda de monjes sino para su formación, que se ubicaba en donde está ahora el Círculo Mercantil (Zaragoza y Ocampo), y de ahí eran enviados a las distintas misiones del Nuevo Reino de León.

 

Estas estaban en: Cerralvo, San Gregorio, San Juan de Cadereyta, Nuestra Señora de los Ángeles de Río Blanco, San Antonio de los Llanos, San Bernardino que no logró mantenerse, como tampoco Santa Teresa de Alamillo, ni la de San Buenaventura de Tamaulipa; San Cristóbal de Hualahuises; San Pablo de Labradores, San Nicolás Ahualeguas; San Felipe de Linares; Guadalupe; Concepción y Purificación; Matehuala (que era provincia de San Luis Potosí, pero religiosamente de Zacatecas, atendida por el convento de Monterrey) y San Nicolás del Pilón. 

 

Cuál era la jurisdicción de las autoridades en el Reino

En Monterrey residía el gobernador, que podía presidir el cabildo; el alcalde primero era el teniente del gobernador -su sustituto-. El cabildo atendía asuntos de la Ciudad, y también provinciales  por ser desde su fundación una Ciudad Metropolitana. 

 

En Real de Minas de San Gregorio de Cerralvo, fundado en 1628, el alcalde primero era a la vez capitán a guerra del presidio, y de la fuerza volante que patrullaba esa parte del reino. En San Juan Bautista de Cadereyta, su alcalde primero era igualmente capitán a guerra del presidio y de la compañía volante. En la Villa de San Felipe de Linares fundada en 1712, el alcalde primero era capitán a guerra de la compañía volante. En la Villa de Punta de Lampazos, fundada en 1752, su alcalde era también capitán a guerra de la compañía volante. 

 

Nacen las Provincias Internas de Oriente, mermando el poder del gobernador

En 1776 con la creación de las Provincias Internas de Oriente el gobernador del Nuevo Reino de León perdió jurisdicción sobre los presidios que pasaron al mando del Comandante General de las Provincias Internas. Al crearse en 1778 el Obispado de Linares, los franciscanos dejaron de autogobernarse y sujetarse a las órdenes del obispo, aunque en asuntos de disciplina de la Orden, seguían dependiendo de Zacatecas. 

 

Al llegar la Constitución de Cádiz en 1812, cambia el esquema de gobernanza

Asi funcionó el Nuevo reino de León hasta que, como lo ordenaba la Constitución de Cádiz de 1812, en todos los poblados que tuvieren más de mil habitantes, se crearon ayuntamientos; como fue el caso de San Felipe de Jesús de China. 

 

 

Se fragmenta la Ciudad de Monterrey

E inició el proceso de fragmentación de la Ciudad de Monterrey. El cuadrado de 15 leguas (72.42 kilómetros) cuyo centro era Monterrey, sumando así 30 leguas por lado (144. 841 kilómetros), gobernado por un Cabildo asentado en la Ciudad, con una comarca plena de poblados, algunos cercanos, como las Haciendas de los Tijerina -cerca de Mitras-, la Misión de Guadalupe, y otros más lejanos como la Hacienda de San Bernabé, San Francisco -hoy Apodaca-, centros agrícolas y ganaderos que crecían según la demanda de alimentos de Monterrey, fue dividiéndose en otros municipios. 

 

Porque al llegar la Federación, nuestra Constitución estatal de 1825 creada por el Congreso local, separó de Monterrey a Pesquería Grande, hoy García; también a Guadalupe de Monterrey, que hoy se llama Ciudad Guadalupe; e igual sucedió con Santa Catarina y con Guajuco que luego tomó el nombre de Santiago. 

 

En diciembre 30 de 1830, el Congreso de Nuevo León separó a San Nicolás de los Garza de Monterrey, que comprendía lo que hoy es Gral. Escobedo Nuevo León. El  

 29 de diciembre de 1845, San Francisco de Apodaca se separó de Monterrey convirtiéndose en Municipio, calidad otorgada por la Junta Departamental. El 14 de diciembre de 1882, la Hacienda de San Pedro y su comarca tomó el nombre de Garza García, siendo separada de Monterrey por el Congreso del Estado, 

 

El centralismo de Santa Anna regresa a los municipios a la tutela de Monterrey  

En tiempos de las Repúblicas Centrales 1836-1847 existieron instituciones como partidos y distritos, que eran conjuntos de municipios dirigidos por un prefecto encargado de supervisarlos. En ese tiempo al distrito de Monterrey pertenecían, los Valles de Santa Catarina y Pesquería Grande (García), Villa de Santiago, San Nicolás de los Garzas y Pueblo de Guadalupe, San Francisco de Cañas (Mina), Abasolo, San Nicolás Hidalgo (Hidalgo), Salinas Victoria, Punta de Lampazos, Aldama (Villaldama), San Miguel de Bustamante, Sabinas Hidalgo y Vallecillo. 

 

La unidad en la diversidad

Aunque todos estos lugares estuvieron un dia homogeneizados bajo el concepto de Ciudad de Monterrey, con el paso de los años en algunos casi bicentenarios, los guadalupenses, los garcieños, los sampetrinos, los nicolaítas, los apodaquenses, y los escobedenses ahora están orgullosos de lo que son, de su cultura, de su forma de vida y es difícil que voluntariamente se incluyan en el genérico regiomontanos.

 

Sin embargo, hacia fuera de México sigue existiendo la costumbre de llamarnos a todos regiomontanos, pero la calidad de nuevoleoneses terminará imponiéndose. 

 

 

 

Fuentes: 

http://internet.contenidos.inegi.org.mx/contenidos/productos/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/historicos/2104/702825222451/702825222451_4.pdf 

Obras Completas de David Alberto Cossio, Adalberto Arturo Madero Quiroga compilador, Congreso del Estado de Nuevo León. 

www.equilibrioeconomico.uadec.mx 

 Circular de la Junta del Gobierno del Departamento de Nuevo León del 20 de mayo de 1837