21/04/2018
Editoriales

Septiembre 9 de 1809: se instala en Valladolid (hoy Morelia, Michoacán) un grupo conspirador a favor de la independencia de la Nueva España

Septiembre 9 de 1809: se instala en Valladolid (hoy Morelia, Michoacán) un grupo conspirador a favor de la independencia de la Nueva España. Varios militares convocados por el teniente Mariano Michelena asistieron a esta junta, y entre los invitados estaban el capitán José María Obeso, el comandante Mariano Quevedo, el alférez Agustín de Iturbide, los militares de Querétaro Ignacio Allende y Mariano Abasolo; el cura Mariano Ruiz de Chávez, el fraile Vicente de Santa María, José María Izazaga y el fraile Vicente de Santa María.

Este grupo planeaba actuar en caso de que España sucumbiera ante Francia, y en ese supuesto, nuestro país se declararía independiente pero fiel a Fernando VII. Se había fijado la fecha del 24 de diciembre de ese año de 1809, sólo que la traición del alférez Iturbide y la indiscreción de Santa María reventaron el plan al ser aprehendidos varios de ellos el 21 de diciembre y aunque después fueron liberados, se frustró la intención.

Los conspiradores de Querétaro, Allende y Abasolo (a quienes no alcanzaron a aprehender), siguieron fraguando la conspiración, pero ahora para 1810 y continuaron organizando reuniones clandestinas en la casa del corregidor Miguel Domínguez y su esposa doña Josefa Ortiz. Allende, era parte del regimiento Dragones de la Reina, y en su pueblo San Miguel El Grande (hoy San Miguel de Allende), compartía con su hermano Domingo la organización de varios novohispanos el mismo sentimiento libertario.

El plan era que a determinada hora se aprehenderían a todos los españoles en todo el país y luego se reunirían los jefes militares en la ciudad de México para determinar cuál sería el mejor sistema de gobierno, para luego dejar en libertad a los españoles, pero si fracasaban, irían a buscar ayuda a Estados Unidos. La conspiración de Valladolid es el antecedente de la queretana, misma que cuando sumó al cura Miguel Hidalgo alcanzó niveles de gran trascendencia, al grado que hoy seguimos disfrutando de la cosecha de aquella semilla sembrada por los padres de la patria.