17/01/2018
Editoriales

Los grandes Gobernadores de NL. Juan N. de la Garza y Evia, segunda parte

Dentro del trágico decimonono mexicano, el año 1836 se iniciaba con buenas señales de pacificación al advertirse un dominio de la corriente centralista, que era la del activismo inconforme. Los enfrentamientos armados que proliferaban en buena parte del territorio nacional se detuvieron, pues los grupos centralistas rijosos sentían que ya habían ganado.

 

Desde luego que influyó el hecho de que los líderes nacionales federalistas, Valentín Gómez Farías, José Antonio Mejía y Lorenzo de Zavala, se habían exiliado en Nueva Orleans. Y que además, los federalistas nuevoleoneses José María Parás y Manuel María de Llano, ante la aparente derrota política, se habían retirado a sus negocios particulares.

 

Tejas y California se inconformaron con la República Central

Todavía a principios de marzo de 1836, el centralismo parecía ser el triunfador, hasta que dos amplísimas regiones mostraron su descontento. Tejas, cuyos líderes habían amenazado que si no se restauraba la federación declararían la independencia, lo cumplieron el 2 de marzo de 1836. Firmaron su acta de independencia: “Ricardo Ellis, Thos, Barret Edwin Waller, James Collingsworth, J.S. Ryrums, Francisco Ronis, Antonio Navarro, J.B. Bagdet, Lacy, William, Lorenzo de Zavala y otros”. Supuestamente, Zavala y Navarro firmaron pensando que se trataba de una bravuconada a la mexicana y no una independencia para terminar uniéndose a Estados Unidos.

 

La otra región conflictiva era la Alta California. El 22 de marzo de 1836, unos vecinos de San Diego expresaron al gobierno del presidente José Justo Corro que, siendo territorio de una federación habían sido olvidados, con mayor razón lo serían con la indefinición del sistema centralista, por lo que ellos deseaban ser un estado federado a México, entendiéndose que exigían regresar al sistema federalista.

 

Mientras, en Nuevo León la independencia de Tejas se tomó con patriotismo. Aumentaron los reclutamientos y las donaciones voluntarias se incrementaban también, junto con el optimismo que inicialmente generaron los triunfos del general José Urrea sobre los colonos inconformes de Tejas, lo que hacía pensar que el problema sería superado.

 

Epidemia de sarampión en Monterrey

Sin embargo, en Monterrey se tomó como un mal augurio que en 1836 llegara una epidemia de sarampión. Esto se creía imposible, pues el régimen centralista era tan teológico como el colonial, y las pestes bíblicas se consideraban reservadas para gobiernos liberales como el de De Llano y su reforma religiosa, que fue asolado por el cólera. Afortunadamente, para ese año ya estaba en Monterrey José Eleuterio González, “Gonzalitos” quien ayudó a paliar la enfermedad con métodos científicos modernos.

 

El presidente José Justo Corro, ante la invicta marcha de Urrea sobre los colonos tejanos, que había vencido a los rebeldes en las batallas de: San Patricio, el Refugio, Goliadh, Agua Dulce y la batalla de Coleto, el 12 de mayo de 1836, ofreció indulto a todos los tejanos, sajones o hispanos que se hubieren alzado, buscando terminar la guerra por la vía de la negociación sin más derramamiento de sangre.

 

Hasta ahí no se veían mal las cosas, pero la buena racha de victorias de Urrea no podía ser desaprovechada por Antonio López de Santa Anna. Este ambicioso militar y político veracruzano pensó que podría llegar simplemente a dar la puntilla a los colonos y llevarse el mérito. Así que se hizo nombrar Jefe de Operaciones del Norte en lugar de Urrea, y desde ese momento comenzaron los problemas.

 

Se desilusionan los regiomontanos al ver de cerca de Santa Anna

La Guerra de Tejas tenía el decidido apoyo ciudadano de los mexicanos del norte del país, pero sucedió que, al ir rumbo al norte, Santa Anna acampó cerca de Saltillo, muy cerca de los desconfiados regiomontanos. Y no faltó quien viera cómo se las gastaba el defensor de México: vestía con elegancia extrema mientras su tropa andaba en harapos; se alimentaba de manjares y sus soldados morían de disentería; su carpa era adornada con algunas lujosas espadas mientras las tropas de leva peleaban con palos y piedras.

 

Hay una historia no confirmada que narra al general Santa Anna acompañado de cuatro carretas con doce prostitutas para su atención (tampoco se puede saber si eran doce prostitutas por carreta ó doce prostitutas distribuidas en cuatro carretas). Estas y otras historias del mismo tipo desmoralizaron a quienes apoyaban con generosidad la Guerra de Tejas, pues así supieron que no todo el dinero donado por ellos era para útiles de guerra o bastimento de los soldados. Y finalmente, como se sabe, la aventura de Santa Anna terminó en tragedia, al ser aprehendido por los colonos en Harrisburg, Tejas.

 

En consecuencia, acá en nuestro estado, el gobernador Juan N. De la Garza y Evia, en vez de solicitar apoyos para la Guerra de Tejas, pidió el 9 de mayo de 1836, trescientos caballos para enfrentar a las tribus salvajes.

 

Y efectivamente, el desenlace en Tejas llegó el 14 de mayo cuando Santa Anna firmó el Tratado de Velazco reconociendo la independencia de Texas. La única alternativa que le quedaba a México fue utilizada: rechazar la validez del Tratado, recrudeciéndose la guerra.

 

Llama De la Garza y Evia a nuevos sacrificios ponderando a Santa Anna

Para el 4 de junio, ante la prisión de Santa Anna, el gobernador del Departamento de Nuevo León, De la Garza y Evia, lanzó una proclama que decía:

 

“Nuevo leoneses una corta sección de nuestro ejército que mandaba en persona el benemérito de la patria, el general presidente don Antonio López de Santa Anna, ha sido sorprendida a las inmediaciones de Harrisburg y preso su ilustre jefe. Una serie de triunfos gloriosos orlaban las sienes del soldado mexicano y Harrisburg era el último punto que debía coronar tan heroicos esfuerzos; dispuso lo de otra suerte el árbitro de las naciones ¿quién puede enmendar sus obras?

 

Conciudadanos, el honor y la justicia llaman a la lid. El congreso y el gobierno general toman ya medidas enérgicas y fuertes para reparar este pequeño golpe y conseguir la libertad del benemérito de la patria, General Santa Anna, un santo enciende los pechos de los mexicanos, vosotros lo sois y os habéis sacrificado en esta tierra sagrada, nuevos sacrificios exige la patria ¿y quién puede economizar los intereses ni la vida misma por obtener en cambio la abyección y ignominia?

Monterrey, junio 4 de 1836. Juan Nepomuceno de la Garza y Evia”.

 

Por tanto, tres semanas después, el 25 de junio de 1836, Garza y Evia pedía más dinero para la guerra de Tejas y ordenaba hacer un censo en todos los municipios del estado para que todos los “ciudadanos se suscriban a él en numerario con lo que su patriotismo les dicte”. Sin embargo, cada vez que el gobierno nacional pedía soldados, Garza y Evia argumentaba que no había suficientes hombres en el Departamento, y que los hombres estaban cosechando lo que se enviaría a Tejas.

 

Cooperación popular para la guerra

Para el 10 de julio, en todo el estado, excluyendo Monterrey, se reunieron sólo 147 pesos 5 reales y 6 granos. Pero al día siguiente, 15 clérigos cooperaron con 224 pesos y 4 reales, aún insuficiente para el gobierno de Juan Nepomuceno, por lo que el gobierno “después de una detenida discusión sobre el objeto procedieron a hacer las asignaciones con que deben contribuir los individuos más acomodados de esta ciudad” es decir, préstamos forzosos, por una cantidad que ascendía a 7 mil 100 pesos: algunos como Julián de Llano y Francisco de la Penilla debían aportar 500 pesos; otros como Mateo Quiroz y el presbítero Juan José Bruno de la Garza 250, y algunos más como Matías Sada, Tomás Iglesias y Jorge Parker 100 pesos.

 

Y ni aún así se completaba, por lo que el 28 de julio se anunciaba un nuevo impuesto para la guerra. Era el 2 al millar sobre el valor de las propiedades, decreto que el 5 de agosto se modificaría para elevar dicho impuesto hasta el 3 al millar.

 

Se difieren las elecciones de ayuntamientos

La situación del Estado se complicaba, pues además del problema económico algunos colonos de Tejas y soldados desertores buscaban refugio en Lampazos y San Felipe de Jesús de China (hoy China), mientras otros se dedicaban de plano al bandolerismo. Por lo que el presidente José Justo Corro decretó el 28 de noviembre 1836 que las elecciones para ayuntamientos del año 1837, se difirieran hasta 1838, y así se hizo.

 

Así que el Gobierno del Departamento se abocó a recabar recursos que los castigados ciudadanos aportaban, considerando que la guerra de Texas no era importante para los nuevoleoneses, pues lo que realmente les preocupaba eran los asaltos de los indios. Por lo que el gobernador centralista Juan Nepomuceno de la Garza y Evia continuó al frente del Departamento con escasas facultades que las Siete Leyes le concedían en la Sexta Ley:

 

“Art. 7. Toca á los Gobernadores:

1.º Cuidar de la conservacion del orden público en lo interior del Departamento.

2.º Disponer de la fuerza armada, que las leyes les concedan con ese objeto.

3.º Cumplir y hacer cumplir los decretos y órdenes del Gobierno general y las

disposiciones de la junta departamental, previa la aprobacion del Congreso, en los casos

que la necesiten, según esta ley.

4.º Pasar al Gobierno general, con su informe, todas las disposiciones de la junta

departamental.

5.º Nombrar los prefectos, aprobar el nombramiento de los subprefectos del

Departamento, confirmar el de los jueces de paz y remover á cualquiera de estos

funcionarios, oído previamente el dictamen de la junta departamental en cuanto á la

remoción.

6.º Nombrar los empleados del Departamento, cuyo nombramiento no esté reservado á

alguna otra autoridad.

7.º Suspender hasta por tres meses, y privar aun de la mitad del sueldo por el mismo

tiempo, á los empleados del Departamento.

8.º Suspender á los Ayuntamientos del Departamento con acuerdo de la junta

departamental. En el caso de que usen alguna de las dos atribuciones anteriores,

darán inmediatamente cuenta al Gobierno general, para que éste, segun sus facultades,

determine lo que crea conveniente con respecto á la suspension.

9.º Resolver las dudas que ocurran sobre elecciones de Ayuntamientos, y admitir ó no

las renuncias de sus individuos.

10.º Ejercer, en union de la junta departamental, con voto de calidad en caso de empate,

la exclusiva de que hablan los artículos 12 en la atribucion 17.ª y el 22 en la octava de la

quinta ley constitucional.

11.º Excitar á los tribunales y jueces para la mas pronta y recta administracion de

justicia, poniendo en conocimiento de las autoridades superiores respectivas las faltas de

los inferiores.

12.º Vigilar sobre las oficinas de Hacienda del Departamento en los términos que

prevendrá la ley”.

 

Llega Anastasio Bustamante a la presidencia y sustituye a De la Garza y Evia

Siendo leal a su filiación política, Juan Nepomuceno de la Garza y Evia se mantuvo en la administración del Departamento con todas las penurias y privaciones, hasta que en las elecciones de presidente de la República para el periodo 1837-1845, Anastasio Bustamante se alzó con la victoria.

 

Bustamante tomó el poder político en México el 19 de Abril de 1837, y en uso de sus facultades, el 8 de agosto de ese mismo año sustituyó a Garza y Evia por Joaquín García su hombre fuerte en Nuevo León. Entonces, Juan Nepomuceno de la Garza y Evia regresó al Tribunal Superior como magistrado. Continuará…

 

 

 

Periódico oficial del estado de 1836, versión electrónica

Diario oficial de la federación de 1836, versión electrónica

México a través de los siglos, Vicente Riva Palacio y otros

La Primera República Federal, Costeloe, FCE.