28/05/2018
Editoriales

La Moralidad en lo Político

Estudiando el Cristianismo desde un punto de vista puramente histórico o mundano, llama la atención el hecho de que, cuando menos en su Rama Occidental, es la única religión que logró plantarse frente al Poder Ejecutivo, fueran éstos reyezuelos bárbaros, emperadores o reyes de estados-nación, y decirles: “Tú tienes la potestad de gobernar, pero yo tengo la autoridad moral para decirte si lo que haces es bueno o malo”.

 

   En esa valiosa autoridad moral, creada y ejercida por más de mil años por la Iglesia Occidental, está el meollo de los que llamamos “Civilización Occidental” y cuyos herederos legítimos son los Poderes Legislativos de los países en los que el Sistema Democrático Liberal, aunque ya sea laico, está en plena vigencia. Esto es lo que ha llevado a Europa Occidental y a sus vástagos norteamericanos y australianos y a sus imitadores del Extremo Oriente, Japón y los 4 “Tigres Asiáticos” a los altos niveles de ingresos y de educación, que es lo que llamamos “El Primer Mundo”.

 

   ¿Por qué Latinoamérica, y en especial México, no han heredado este sentido moral de sus Poderes Legislativos? Porque nos formamos como nación mestiza bajo el dominio de una España que, desafortunadamente, el mismo año de 1521 en que unos granjeros y comerciantes asentados en Cuba conquistaron el Imperio Azteca en su nombre, ella estaba abandonando la vía democrática, “embriagada” por la gloria de estarse convirtiendo en “La Garra de Hierro” de las retrógradas instituciones medievales del Imperio y el Papado.

 

   Por ese abandono de la vía democrática, agravado aquí por una marcada estratificación social que en muchos casos seguía las líneas raciales, caímos en un gobierno unitario, ante quien nadie tenía la autoridad institucional de decirle qué era bueno o malo, ya que la Monarquía Española manejaba la Iglesia en Indias como “Patronato” suyo, autorizado por un Papado que mucho le debía y le temía.

 

   Por eso en el siglo XIX cuando nuestros políticos del México ya independiente copiaron los Poderes Legislativos norteamericanos y europeos, sólo captaron las formalidades de su funcionamiento, pero no su papel básico como autoridad moral, como sucesores laicos de la Iglesia Occidental medieval.

 

   Toda esta manera de ver se refleja claramente en el comportamiento de la gran mayoría de los católicos mexicanos: Ven a su religión como una cuestión principalmente ritual, para ocasiones a veces alegres y a veces tristes de la vida, y con su autoridad moral prácticamente circunscrita a cuestiones sexuales para ser vigilada sobre todo entre sus hijos de edad escolar y extendida cuando mucho a parientes y conocidos, pero que o toca para nada ni los negocios ni, menos aún, la política.

 

   ¿Resultado de este desconocimiento de lo que hace grande a la Civilización Occidental?  La existencia que parece inacabable de un contubernio muy extendido entre políticos “listos” y empresarios ruines para servirse “con la cuchara grande” del erario, el cual debería dedicarse a servir, con honradez, dedicación y valentía, los intereses del pueblo. Así que el camino a seguir es muy claro pero muy difícil de lograr: Poderes Legislativos integrados por personas con sentido moral de lo político y con valentía y capacidad para ponerlo en práctica.

 

 

 

Atte.- JVG.- 20-12-17