07/Aug/2020
Editoriales

Cada chango a su mecate

Una dama de la Corte prusiana se quejó ante Federico el Grande, diciendo: _Majestad, mi esposo me trata mal y dice cosas horribles de mí. El monarca se encogió de hombros y respondió: _Señora, eso no es cosa mía. 

La dama, no satisfecha con la respuesta le dijo:

_ Pero, Señor, es que también habla mal de usted… Federico El Grande, más amigo de las frases que de hacer justicia, le contestó:

_ Señora eso no es cosa suya.