21/09/2018
Editoriales

Cuentete. Un plebiscito inocente

En un lejano país hubo elecciones generales. Se registraron varios candidatos y ganó con amplio margen el más político de todos, el que supo esperar largos años para alcanzar el triunfo.

Su discurso en campaña había sido contundente, señalando los errores y la corrupción de quienes gobernaban y solamente hacía una promesa: todo lo haría consultando a la población, que era finalmente la que mandaba, y desaparecería la criminal desigualdad entre ricos y pobres. 

En su toma de posesión, hubo fiesta en todo el país, y les reiteró a sus compatriotas que se avocaría a solucionar los horrendos contrastes sociales y económicos que se arrastraban desde décadas anteriores a su mandato.

Al término de la ceremonia de toma de posesión le informaron que uno de los ex candidatos le había lanzado un reto: que si tenía tanto apoyo de la población, que la convenciera de que compartieran su riqueza unos con otros, pues esa sería la única forma de desaparecer la infame desigualdad.

El presidente aceptó el reto y cuando le preguntaron que para cuándo podría dar los avances, fijó un plazo de seis meses.

Durante ese tiempo, emplazaba diariamente a todos los ciudadanos a que trabajaran unidos y a que pagaran sus impuestos.

Para celebrar sus primeros seis meses de gobierno, convocó a un evento televisado en vivo para dar el informe del avance que llevaba en su programa de equilibrios sociales y económicos. Avisó que además realizaría un plebiscito para ver si estaban de acuerdo con su mandato y que decidieran si debía renunciar o prolongarlo por otro periodo. 

Estando al aire en vivo por televisión, el presidente felicita al pueblo por su apoyo en sus primeros seis meses, y da el informe prometido respecto al reparto de la riqueza. 

_Desde luego que yo también he hecho mi parte, pero apelo a su comprensión de que la meta es alta y el plazo corto, así que les informaré cómo vamos y sólo pido un plazo mayor, de cuando menos dos años para hacer el intento completo.

_Me complace decirles que el planteamiento del reparto de las riquezas individuales va muy bien hasta este momento. 

_La mayoría de la población está de acuerdo en compartir su riqueza.

_Ya tengo la opinión de casi todos los pobres, quienes aceptaron el programa, y ahora veré que dicen los ricos, por lo que dentro de unos dos años les informo como voy con ellos. 

_Quienes estén de acuerdo en que prolongue mi periodo de gobierno hasta que consiga concretar el programa de igualdad, que levanten la mano.

Faltaron escrutadores para contar los millones de manos que se alzaron con un entusiasmo que sólo puede producir la esperanza.