26/Oct/2020
Editoriales

Quiénes fueron los padres fundadores de Monterrey

La Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, fundada hace 424 años por un grupo de valientes exploradores y colonizadores está enclavada en un valle delimitado por los cerros de la Silla, Las Mitras, Topo Chico, y la Sierra Madre, al que llamaron Valle de la Nueva Extremadura. 

  

Esta tierra, avistada por una expedición en los años 1572 y 1573 que buscaba posibles rutas entre Pánuco -Tampico- y Mazapil para el transporte de la plata, dejó maravillados a los exploradores. Entre ellos estaban Luis Carvajal y de la Cueva, Alberto del Canto, y Diego de Montemayor, entre otros. 

  

En aquellos tiempos estas tierras eran más húmedas; apenas comenzaba el proceso de desertificación en el planeta llamado calentamiento global. Este cambio en las temperaturas viene desde la edad de hielo -unos 15 mil años atrás- a un punto más cálido que aún no alcanzamos y que se potenció con la emisión de gases invernadero. 

 

La riqueza hídrica del Valle provenía del Río Santa Catarina y de los siguientes Ojos de Agua: del Roble -en donde hoy está la Basílica de Nuestra Señora del Roble-, el de la Ciudad -en los bajos del Congreso del Estado-, y de Santa Lucía -donde hoy está el Obelisco de la calle de Juan Ignacio-, cuyos escurrimientos formaban el Río Santa Lucía. Existía también el Río La Silla, y los arroyos: El Capitán, Del Obispo, Talaverna, el Seco, y el Topo chico, que ahora son temporales, pero entonces eran permanentes. 

 

                                             Las poblaciones previas 

En 1577 Alberto del Canto y una compañía de 25 soldados fundaron la Villa de Santiago de Saltillo y, ese mismo año, Del Canto vino a fundar la Villa de Santa Lucía.  

Le llamó villa siendo un campamento militar, pues todos sus pobladores eran soldados y venían a hacer la guerra a los indios para esclavizarlos. En consecuencia, Del Canto fue acusado de esclavista, huyendo y despoblando la Villa.  

 

Años después -en 1582- con una Capitulación Real, Luis Carvajal y de la Cueva repobló la Villa, ahora con el nombre de San Luis. Pero no cumplió con los compromisos de la capitulación que le obligaba a formar un gran reino que llegara casi a La Florida, y hasta cerca del Océano Pacífico. Además fue acusado de practicar la ley judía, deteniéndole la Inquisición, lo condenaron al destierro y le retiraron sus capitulaciones, muriendo en prisión.  

 

Cuando Carvajal y de la Cueva fue capturado, las poblaciones del Nuevo Reyno de León eran: la Villa de Santa Lucía, la de León -Cerralvo- y la de Cueva -en Salinas Victoria-. Sus dos tenientes (suplentes) eran: Gaspar Castaño de Sosa que residía en lo que hoy es Apodaca, quien huyó con su gente a Nuevo México, donde fue capturado y desterrado; y el otro era Diego de Montemayor, que estaba en Saltillo dedicado a la agricultura. 

  

Desde 1592 existía la Misión de la Señora del Roble, con frailes franciscanos que atendían a los indios de la región que iban a recibir el catecismo, a aprender el castellano y algo de agricultura. 

 

                                   La Fundación de la Ciudad de Monterrey

Diego de Montemayor convenció a algunos vecinos y excompañeros de aventuras, de que lo acompañaran a iniciar un proyecto mayor: fundar nuestra Ciudad con calidad de Metropolitana, lo que la convertiría en la principal ciudad del norte del Virreinato. Sabía que no podía crear una Ciudad, sino que debía construirla y de inmediato, otras para cumplir con los requisitos de una “Ciudad Metropolitana”. 

 

Algunos autores aseguran que le acompañaban doce familias; otros, treinta y cuatro. La confusión obedece a que maestros como Don Israel Cavazos, cuentan a las familias ampliadas: Diego de Montemayor (padre) y su esposa, más Diego de Montemayor (hijo) y su esposa, como una sola familia. Y otros autores -Alonso de León y Eugenio del Hoyo- cuentan familias nucleares, es decir, Diego de Montemayor (Padre) y su esposa como una familia; y Diego de Montemayor (hijo) con su esposa como otra familia. O la familia de Diego Rodríguez, que incluía a tres hijas casadas. 

  

Diego de Montemayor y su gente, el día 20 de septiembre de 1596 cumplieron con todos los formalismos legales, y en los Ojos de Agua de Santa Lucía (el Obelisco) realizaron el ritual civil de la fundación, cuya descripción se encuentra en el Acta de Fundación de la Ciudad; y ahí acamparon. 

  

Los padres fundadores llegaron en carretas tiradas por mulas y burros, pues los caballos eran escasos. Cargaron con sus armas, muebles, semillas para consumo y siembra, con animales como cerdos, borregas, chivas y aves de corral, puesto que los vacunos eran también escasos y caros. 

  

A partir del campamento de los Ojos de Santa Lucía comenzaron a buscar el lugar apropiado para formar la ciudad. Días después se eligió el lugar para la Plaza de Armas, al norte del Río Santa Lucía, ubicado cerca de la hoy calle de Juan Ignacio Ramón. Se deduce de las pruebas iniciales que estaba donde está el Palacio de Gobierno, y son estas: 

 

Al llegar Martín de Zavala -quien por un tiempo llamó Cerralvo a Monterrey- realizó el 4 de septiembre de 1626 la “visita a ojo” de la ciudad -ya en su ubicación definitiva-, caminando al norte sobre la Calle Principal de las Casas Reales Nuevas -hoy Zaragoza- y estando en el Río Santa Lucía dijo que a “tres tiros de arcabuz” (cada tiro es de 54 metros) estaban las Casas Reales Antiguas de la Ciudad, es decir donde hoy está la parroquia del Sagrado Corazón (5 de Mayo y Zaragoza) o enfrente (esquina suroeste).

 

Esto concuerda porque frente a las Casas Reales estaba la Plaza Mayor. (Colección Civil, volumen 2, expediente 2, 4 de septiembre de 1626). Por eso -la segunda prueba- Bernardo Reyes construyó el Palacio de Gobierno en tal ubicación, sabiendo que ahí había sido la Plaza de Armas de la primera Ciudad de Monterrey. 

  

En aquellas rústicas Casas Reales gobernaron a la Ciudad, Alonso de Barreda y Pedro Íñigo como alcaldes ordinarios; Juan Pérez de los Ríos, Diego Díaz de Berlanga y Diego Maldonado como regidores y Diego de Montemayor (El Mozo) procurador general (lo que hoy llamamos Síndico) y Diego Díaz de Berlanga también escribano. 

  

En las listas de alcaldes de Monterrey no aparecen los titulares de las administraciones de 1597 y 1598. Tal vez la administración original repitiera. El Acta de Fundación apunta la falta de gente que cubriera los requisitos: “se nombre el concejo y regimiento de los oficiales que se requieren y señala y atento a que al presente no hay gente suficiente de españoles, para el señalamiento de dicho concejo hasta adelante, Dios mediante que haya más comodidad, dejando su derecho a salvo para cada que la haya”. Esto es, desde luego, sólo una suposición. 

  

Las Casas Reales eran jacales de materiales perennes: varas, lodo, palmas y muebles rústicos hechos por vecinos, que pernoctaban en el campamento del Ojo de agua  mientras construían jacales. Frente a la Plaza Principal antigua se edificó la Iglesia de la Ciudad -5 de Mayo y Zaragoza- y Diego de Montemayor hizo “hincar (fincar) una Cruz… y, al pie de ella un altar para oficiar misa, asistiendo todos los soldados… para demostración de los naturales y movelles sus corazones… y el sacerdote dará la advocación a la iglesia juntamente con el caudillo” (conquistador o colonizador). (Milicia indiana, de Bernardo de Vargas Machuca, visión electrónica disponible en Amazon.com) 

  

Aunque los franciscanos ya estaban en la misión del Roble, sabemos que el licenciado (clérigo) Juan Ruiz firma con Diego de Montemayor el acta de trazo de la Ciudad de Monterrey y las mercedes de tierras e indicios que este hizo a Nuestra Señora de Monterrey. (Anexos del Acta de Fundación) 

 

¿Cómo era la Primera Ciudad de Monterrey?

Luego de elegir los lugares frente a la Plaza Mayor, se desmontaron y levantaron las Casas Reales y la Iglesia. Se repartieron solares a los vecinos; amplios con espacio para la vivienda, corral para animales y área de labores; medían una manzana (cuadrado de 100 varas españolas por lado, igual a 86 metros). El Ejido Común era una legua a la redonda de la ciudad; tierras libres para pastorear ganado sin pagar impuestos. Se podían sembrar huertas pero ahí sí, la renta era para pagar los gastos de la Iglesia. 

  

Los vecinos se fueron mudando del campamento a sus propios solares, cercándolos y edificando sus jacales. Poco a poco Monterrey pasó de ser un campamento a una rústica Ciudad en la frontera con la barbarie. No hay mapas ni siquiera descripciones de la Primera Ciudad de Monterrey, acaso podemos imaginarla replicando a las demás ciudades en Las Españas.   

 

Otras ciudades fundadas en las orillas de cuerpos de agua como El Refugio -hoy Matamoros, El Sisal en Yucatán, y Buenos Aires -fundada en 1536 destruida por un ataque de indios en 1541 y refundada en 1580- en el Virreinato del Río de la Plata, nos dan idea de cómo sería el Monterrey que existió entre 1596 y 1611. 

 

Una de las primeras reglas era que la plaza mayor podía dar al río, pero debía mediar entre la plaza y el río una manzana desmontada que no podía poblarse, quedando como espacio de defensa. Esto correspondería a la actual Explanada de los Héroes. La Plaza Mayor entre el Palacio de Gobierno y la Plaza de la República. 

 

Las Casas Reales en lo que hoy es el Sagrado Corazón, y donde está la Secretaría de Finanzas, serían los corrales municipales. El área de la Plaza de los Desaparecidos pudo ser el pósito o alhóndiga, es decir, el granero público de la ciudad. Mientras que la Iglesia Parroquial y el cementerio estarían en donde hoy está el Palacio Federal. La Manzana de Zuazua, 5 de Mayo, Doctor Cos y la línea imaginaria del Callejón de los Héroes, seguramente sería asignada al fundador Diego de Montemayor. 

 

La primera Ciudad incluía el área entre las calles Diego de Montemayor al Oriente, Modesto Arreola al Norte, Emilio Carranza al Poniente y el Río Santa Lucía al Sur. Más una franja entre 15 de mayo y el Río Santa Lucia hasta llegar a la Misión del Roble, donde estaría el Primer Convento de San Francisco, aunque para 1602 el Convento de San Andrés estaba en la esquina de Ocampo y Escobedo, y El Roble volvió a ser Misión y lugar de peregrinaje para los reineros. Se cuidaba el desarrollo urbano, pues no se podía poblar a 100 varas castellanas del río, porque era el ejido de la ciudad, es decir, un espacio donde se podía ir a pescar al río, o marisquear. 

 

El ejido rodeaba a la ciudad, con una legua -4 mil 800 metros- de tierra pública que los vecinos podían solicitar al Ayuntamiento en arrendamiento. El río Santa Lucía se formaba con las adjuntas de los escurrimientos de los tres Ojos de Agua, en la manzana de Zaragoza, Juan Ignacio Ramón, Escobedo y 15 de Mayo. 

 

Todas las construcciones de la Ciudad eran jacales de paredes de entre 20 a 50 centímetros de piedra bola de rio, amalgamada con barro, y de ahí para arriba, de varas con troncos en las esquinas, techos de paja o palma.

 

Suele decirse en forma apenada que los primeros reineros comían lampazos y otras hierbas. Pero comer hierbas no es signo de pobreza sino de escasez, porque no había comercio consuetudinario con otras entidades, y además se consumían mariscos, peces, y huevos de aves de corral. En ocasiones especiales se comía carne de cerdo, borrego y chivo, y hortalizas de temporada como calabazas, espinacas, lentejas, avena. Se cultivaba el trigo para pan. 

 

Los indios civilizados vivían en los alrededores del Ojo de Agua del Roble, vestían al menos pantalón y las mujeres un reboso, acudían al catecismo y a la enseñanza del castellano en lo que hoy es la Basílica del Roble.  

 

El papel de la mujer era -como siempre- invaluable, pues además de la crianza, cocinar requería de gran esfuerzo. El trigo debía limpiarse y molerse al grado de harina e iniciar todo el proceso de elaboración del pan. Al matar a un animal debían guisarse los dentros “machitos o cuajitos” casi de inmediato y luego salar el resto, o hacer  intercambios con algún vecino por otro bien; buscar “higos chumbos” o tunas, aguacates, moras y otros frutos salvajes, además de hilar y reparar la ropa usada. Los hombres se dedicaban a la labranza de la tierra y pastoreo del ganado, a la seguridad por los indios salvajes y a cazar, o pescar en las pródigas aguas de la ciudad. 

  

La aparición de zapateros, herreros, y otros oficios se fue dando lentamente.

  

Los Padres fundadores

Los padres fundadores que llegaron, analizados por familias separadas, fueron: 

  

Diego de Montemayor (padre) y su esposa María Esquivel. Diego tuvo varios hijos e hijas de sus tres mujeres; pero al momento de la fundación solo le acompañaba su hijo Diego de Montemayor “EL Mozo” -quien fue el primer síndico de Monterrey-, y su esposa Elvira de Rentería, quien seguramente llegó embarazada, pues en 1596 nació Diego Fernández de Montemayor, tal vez el primer reinero de nacimiento. Después llegaría a Monterrey el resto de la familia de Diego de Montemayor, padre: 

 

Alberto del Canto, fundador de Saltillo y amante de Juana Porcallo, segunda mujer de Don Diego, (quien la mató en defensa de su honor), era yerno de Diego y padre de sus nietos, junto a su esposa Estefanía Montemayor Porcallo (hija de Diego y Juana), y con Elvira Canto Montemayor, una de sus dos hijas. También llegaron sus hijos Miguel y Diego Montemayor (hijos de Del Canto y Estefanía), que dejaron de utilizar el “de”. Este Diego Montemayor -el nieto- fue alcalde en 1607 y entre sus descedientes surgirían funcionarios municipales hasta 1680. 

  

Entre los cercanos a Diego -El Viejo- llegaron Diego Díaz de Berlanga y Mariana Díaz. Todo indica que los acompañaban sus hijos Gonzalo Díaz Delgado o Gonzalo Díaz Berlanga, Lorenzo Díaz, y Juana Díaz de Berlanga, quien sería muerta en 1653 por su marido Andrés Maldonado. Diego Díaz de Berlanga fue el primer escribano de Diego de Montemayor, y uno de los primeros regidores. Mismo puesto tuvo su hijo Lorenzo Díaz. 

 

Ya lo dijimos, Diego de Montemayor necesitaba que la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey tuviera otras poblaciones que dependieran de ella y por eso de inmediato repartió tierras para que se fundaran haciendas productivas. Las reglas eran que sus propietarios podían vivir en la hacienda y tener solar en la ciudad, o al revés, vivir en la ciudad y rentar las haciendas. Así lo hizo Diego Díaz de Berlanga quien despachaba en Monterrey como Regidor y escribano.

  

Otro hombre importante que llegó entre los padres fundadores fue Diego Rodríguez,  quien provenía de la Ciudad de México y fue alcalde en 1600, 1612, 1616, 1621, ¿1622?, y en 1623. Debido a una terrible inundación en el año 1611, trasladó la Ciudad a su ubicación definitiva, siendo en ese momento -1612- justicia mayor en funciones de gobernador. Llegó con su esposa Sebastiana de Treviño, y sus hijas Inés, Andrea, y Mónica Rodríguez. También tuvo dos hijas ilegítimas que parecen ser las dos primeras mestizas reineras, llamadas Clara y Melchora; cada una de ellas formaría su propia familia. Pobló San Pedro de los Nogales, aunque le fue mercedado a Diego de Montemayor “El Mozo”. 

  

Llegaron también Juan López y su esposa Magdalena de Ávila con sus hijos, todos tenían familia al momento de la fundación. Juan, Bernabé y Lucas, eran mulatos; no me ha sido posible descubrir si Juan López o su esposa eran negros. Todos casaron con criollas por lo que sus hijos eran moriscos. Tenían solar en la ciudad, y trabajaron en la hacienda de la Pastora en lo que hoy es Guadalupe. 

  

Otro de los padres fundadores fue Lucas “El Bueno”, quien fue regidor 1599, 1601, 1606 y 1630, alcalde primero 1607,1627 y 1628; alcalde segundo 1602, 1611 y 1624 y procurador en 1616; esposo de Juliana de Quintanilla y sus hijos Bartolomé, Lucas y Tomás quien sería capitán y regidor; ellos fueron de los fundadores de Santa Catarina. 

  

Proveniente de Querétaro llegó Martín Solís y su familia, integrada por Francisca de Ávila, y sus hijos Juan y Diego. Martín Solís hablaba náhuatl con fluidez y servía de interprete con tlaxcaltecas y otros indígenas del centro de la república. Esta familia fundó la Hacienda de Santa Cruz -hoy parte de Guadalupe-. Martín fue alguacil en 1600, 1601 y 1606. Juan Solís casó con una india de Coahuila llamada Andrea, y sus hijos fueron los primeros mestizos reineros. 

  

Venía con este selecto grupo Diego Maldonado, quien sería regidor en 1596-1560, con su esposa Antonia Paz y su hijo Juan. 

  

Procedentes de Puebla llegó Juan Pérez de los Ríos, y Agustina de Charles, acompañados de su numerosa familia: Juan, Ana. Bartolomé, Alonso, Esteban, y Pedro. Juan Pérez de los Ríos fue regidor en 1596 y 1560 y alcalde en 1599; cuando vivían en Saltillo, en 1593, Agustina y la hija Ana fueron acusadas y absueltas por brujería. 

  

Llegaron solteros: Alonso de Barreda quien sería alcalde primero en 1596 y en 1560; Domingo Manuel que fundó la Hacienda de Santo Domingo en San Nicolas, y fue asesinado por los indios que se le encomendaron. Cristóbal Pérez, que fue regidor en 1602 y donó 30 pesos para la construcción de la Iglesia, además de Pedro Íñigo, alcalde segundo en 1596 y 1560. 

  

El historiador Eugenio del Hoyo menciona que venía entre los fundadores “Fulano” Camacho y en otras fuentes se ha mencionado al religioso Juan Ruiz quien es posible que viviera en la Misión del Roble. 

  

Los que llegaron inmediatamente después de la Fundación (1596-1611)

Una vez fundada la Ciudad, su crecimiento fue orgánico y poco a poco fueron agregándose más vecinos, indios que se civilizaron, hasta la culminación de esta etapa que le estamos llamando La Primera Ciudad de Monterrey. Ellos son: 

 

Manuel de Mederos, quien llegó en algún momento entre 1597 y 1598, para ser regidor en 1599 y 1603; alcalde en 1601 y 1605. Se desempeñó como mayordomo de la iglesia en 1602 y explotaba la Hacienda de Mederos en el sur de la ciudad, pasando la Boquilla y llegando al abra que comunicaba al Huajuco. 

 

Domingo de Morales llegó en 1599 viviendo más de 90 años; primer reinero longevo. Francisco de Cardona llegó con su familia en 1599; Juan Fernández de Bracamonte fue alguacil en 1603. Y Juan de Solís llegó en 1606. 

  

Vino de la Ciudad de México Antonio Vázquez del Río para gobernar la ciudad en 1601, y después fue capitán de las milicias reales. También llegaron en fecha no determinada Juan de Velazco Agüero y Juan de Farías, siendo regidor el primero, y alcalde el segundo en 1604. En 1609 llegó Alfonso López de Bahena, quien sería alcalde en 1610.

  

Con el tiempo fue creciendo el número de indígenas civilizados, como la gente del cacique Mayuquano, rayado, y el cacique Matasini, de indios Catara. Centenares de ellos dejaron sus nombres nativos o apodos dados por los españoles, como Tresdedos, Frascuelo, y Guacama para ser bautizados con nombres cristianos con apellidos de los conquistadores, Treviño, Chapa, González, Rodríguez, y López que los apadrinaban en sus bautismos. 

 

Monterrey era entonces una Ciudad mixta, pues en el área española predominaban los jacales, pero en sus afueras y a ambos lados del río Santa Lucía -sobre todo cerca de la Ermita de Nuestra Señora del Roble- abundaban los tipes o viviendas de indios. 

  

Estas eran las personas que integraban la población de la Primera Ciudad de Monterrey antes de que fuera destruida en 1611 por la inundación. Diego Rodríguez movió la ciudad a su lugar definitivo, y no podemos saber cusnto alcanzó a desarrollarse, pero en 1598, Diego de Montemayor “El Mozo” registró tres minas en Santiago, y Juan Pérez de los Ríos dos minas en la Madre de Dios de la Asunción.  

  

 

Fuentes:

Israel Cavazos: Breve Historia de Nuevo León

Eugenio del Hoyo, Historia del Nuevo Reino de León, 1577-1723

Alonso de León, Relación y Discursos del Descubrimiento, Población y Pacificación del Nuevo Reino de León, temperamento y Calidad de la Tierra.

Archivo de Monterrey. Colección Civil, volumen 2, expediente 2; 4 de septiembre de 1626

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