06/Apr/2020
Editoriales

Editorial: Obesidad: la OCDE y sus culpas

En su actual visita a México, el director de la OCDE, José Ángel Gurría, lanzó una alerta sobre el problema de la obesidad y las enfermedades relacionadas en nuestro país. Gurría dio cifras que indican lo apabullante de esta epidemia: De 1996 al 2019, el porcentaje de personas con obesidad o sobre peso en México pasó de un 20 a un 73%.  Además, 2.4 millones de ellos no podrán desempeñar ningún empleo de manera adecuada y se gastara en su atención al menos un 5.4% del PIB nacional. Esas cifras las presenta Gurría, por supuesto, como si no tuvieran que ver con el papel que ha jugado el organismo que preside en la planeación y la dirección de la economía de nuestro país  en las últimas décadas.

Tenemos que recordar que las decisiones económicas nuestro país, especialmente en materia laboral,  se tomó, en las últimas décadas, bajo los lineamientos de la propia OCDE y de organismos como el FMI o el Banco Mundial. En ese tiempo estos organismos pasaron de recomendar la “flexibilidad laboral” primero;  es decir, la de aceptar la pérdida o la eliminación de algunas prestaciones laborales o de bajos salarios, el no pago de horas extras etc; a la reforma laboral que eliminó  esos derechos y dio origen a el sistema de Outsourcing, que permitía contratará trabajadores vía otra empresa creada para eso, sin las prestaciones laborales que todavía quedan en la ley. Todo esto, decían la OCDE y el FMI, con el propósito de hacer “atractivo” a México para la inversión extranjera.  Esto condujo a la llamada “precarización” del empleo, es decir, a los bajos salarios, las jornadas de más de ocho horas y la depresión emocional y a la sustitución de la llamada “dieta cristina” de carne, leche y huevo que esos salarios no permitían adquirir, por el consumo de chatarra barata como pastas, frituras, embutidos, pan dulce y refrescos con alto contenido de azúcar.   

Todo esto tiene que ver con la OCDE y su papel como conductor de  México y otras naciones, eso sin mencionar su papel en la adopción del tratado de libre Comercio de Norteamérica que disparó las importaciones de chatarra alimenticia con alto contenido de fructosa.

Hay que agregar finalmente “la cultura sesentera” ahora llamada vegana, que promueve el consumo de granos o cereales y critica el consumo de carne y grasa animal bajo la suposición, falsa por supuesto, de que esa grasa animal va directamente a tapar las venas y arterias del organismo y se acumula como tal en los tejidos y músculos, cuando en realidad  es todo lo opuesto y son los cereales los que el organismo convierte en grasa.  Por todo esto, para enfrentar la epidemia se tendrá que acelerar la recuperación del salario ya iniciada y un aumento en el consumo de proteína y grasas animales así como de vegetales y el salario debe calcularse de acuerdo a una canasta de consumo de esos bienes básicos rompiendo con los lineamientos de la OCDE que ahora derrama sus lágrimas de cocodrilo por la epidemia de obesidad que ayudo a desatar en México.