14/08/2018
Editoriales

Nunca es demasiado tarde

 

Desde mi adolescencia leí una frase que me llamó la atención: “Vive como si fueras a vivir cien años, pero hay que estar preparado como si fueras a morir mañana”.

 

Hasta ahora, nadie ha conseguido saber con precisión cuántos años habrá de vivir. Fray Servando Teresa de Mier supo cuándo iba a morir, pero sólo unos días antes. Incluso se dio el lujo de preparar todo, desde la confesión hasta las invitaciones a su funeral.

 

La muerte es un asunto que preocupa a la mayor parte de la humanidad. Jorge Luis Borges vivió sus últimos años con pesadumbre y tristeza, pero sin temor. Alguna vez dijo: “Han aparecido algunos achaques que no son tolerables...Estoy milagrosamente vivo, poblado de recuerdos y confusiones. No sé bien, a veces, donde comienza el recuerdo de una calle o dónde la confundo con una calle descrita por un amigo o por un buen escritor. En otra ocasión afirmó: “Estoy sumamente alarmado pues la Biblia recomienda vivir hasta los setenta y pasando de ahí, según las Sagradas Escrituras, todo es pesadumbre y tristeza. Mi corazón camina perfectamente, lo cual es malo, porque no puedo esperar la bendición que es un ataque cardíaco”.

 

En su novela “Viaje a la semilla”, Alejo Carpentier relata la vida de un Marqués, en una forma muy especial, empezando a narrarla cuando el personaje se encuentra en el ataúd y a partir de ese momento vive en forma regresiva hasta volver al vientre de su madre. En el tercer capítulo de la historia, narra los acontecimientos de su funeral pero de forma distinta a lo que conocemos. Las consumidas velas recobran tamaño y forma hasta completar su figura original y surge esta frase: “la monja apagó las velas con una llama”. Al final, Marcial regresa al vientre de su madre renunciando a todo lo que había conocido. Las cosas vuelven a los orígenes, a la raíz.

 

LO INJUSTO

DE LA VIDA

 

Hay quienes piensan que lo más injusto de la vida es la forma en que ésta acaba. ¿Qué clase de premio es éste? Una vida al revés empezaría por la muerte hasta llegar a la concepción. El regreso a la semilla. Estos pudieran ser algunos de los pasos: de la muerte al asilo, del asilo a la jubilación, de la jubilación al trabajo, del trabajo a la Universidad, de la Universidad a la secundaria, de la secundaria a la primaria, y de ahí al jardín de niños, para luego convertirse en un bebé y volver al vientre de la madre y pasar ahí nueve meses flotando hasta desaparecer en un momento de amor.

 

En este tránsito la esposa se convertiría en novia, recuperaríamos a los abuelos y a los padres, pero… perderíamos a los hijos, a los nietos y a los amigos. Mejor dejemos las cosas como están.

 

La edad avanzada no impide a los hombres perseguir a las mujeres. Su problema consiste en recordar para qué lo hacen.

 

Un día, Napoleón entabló una conversación con el coronel de un batallón húngaro que había caído prisionero en Italia. El coronel le dijo que había combatido en el ejército de María Teresa.

           

"Entonces, has de cargar un buen número de años sobre los hombros" le dijo Napoleón.

           

"De seguro he vivido como 60 o 70 años", contestó el coronel.

           

"¿Quieres decir que no sabes cuántos años tienes?", le preguntó Napoleón, a lo que el prisionero repuso de inmediato: "Señor, siempre cuento mi dinero, mis camisas y mis caballos, pero en lo que respecta a mis años, de seguro a nadie le interesa robármelos, y estoy convencido de que nunca los perderé".

 

LA CALIDAD

DE VIDA

 

Yo creo que la calidad de vida no es un asunto cronológico. Antes de decidir si somos demasiado jóvenes o demasiado viejos para emprender una aventura, o para dejar huella de nuestro paso en la historia, o de enfrentar nuevos retos, sería bueno considerar los ejemplos de gente para la cual la edad no ha sido un obstáculo:

 

* George Burns ganó su primer Oscar a los 80 años.

           

* George Bernard Shaw tenía 94 años cuando se concretó la primera producción de una de sus obras. A los 96, se quebró una pierna, al caer de un árbol que estaba podando en el patio de su casa.

 

* A Benjamín Franklin cupo el honor de redactar la Constitución de los Estados Unidos a los 81.

 

* A los 89 años, Albert Schweitzer aún practicaba operaciones en su hospital africano.

 

* Justo antes de morir John D. Rockefeller, a los 93 años, todavía ganaba un millón de dólares por semana.

 

* Herbert Hoover prestó, a los 84 años, servicios al gobierno de los Estados Unidos, como su representante en Bélgica.

 

OBTENER EL MAYOR

PROVECHO DE LA VIDA

 

No tiene caso temer el futuro ni el presente. A cualquiera edad podemos ser creativos, productivos y capaces de obtener el mayor provecho de nuestra vida diaria.

 

En ocasiones hemos escuchado decir esta frase: "Es demasiado tarde". Sin embargo, nunca lo es. Catón aprendió griego a los 80 años. Sófocles escribió su gran Edipo, cuando ya había rebasado las ocho décadas. A los noventa años, Teofrasto había iniciado su obra "Los caracteres".  Goethe ya pasaba de los 80 cuando terminó el Fausto.

 

Recordemos que la edad avanzada constituye una oportunidad, lo mismo que la juventud, aunque con otro vestido, y cuando la luz natural empieza a morir, el cielo se llena de estrellas que en el día no podemos ver. Nunca es demasiado tarde para hacer lo correcto. Nunca.

 

He querido mencionar todo lo anterior en la víspera del 5 de Abril, para decirles que es un privilegio el llegar a los 75 años de edad entre personas a quienes quiero, estimo y respeto y dar gracias a Dios, pidiéndole al mismo tiempo que les conceda a ustedes, mis queridos familiares y amigos, más años de vida y más vida a sus años y, por supuesto, que pueda yo estar con ustedes para celebrarlo. 

 

Le agradezco a mi querida Universidad Autónoma de Nuevo León, a su Rector, el Mtro. Rogelio Garza Rivera y al Secretario de Extensión y Cultura, Dr. José Celso Garza Acuña, el reconocimiento que me brindaron recientemente por mi relación de 60 años con la UANL y mis 75 años de edad. No puedo dejar de mencionar las palabras de Jorge Octavio Vázquez, Juan Roberto Zavala y Napoleón Nevárez Pequeño, en la ceremonia del Colegio Civil, así como los editoriales que en la prensa me dedicaron mis grandes amigos Dr. Luis E. Todd, en “Milenio” y el Mtro. Alfonso Vázquez Sotelo, en “El Heraldo”. De Saltillo, Coahuila.

 

Sigamos caminando.