17/01/2018
Editoriales

Enero 7 de 192: nace en Monterrey Alfonso Martínez Domínguez, quien llegaría a ser gobernador y uno de los políticos más importantes en la historia de nuestro estado

Enero 7 de 192: nace en Monterrey Alfonso Martínez Domínguez, quien llegaría a ser gobernador y uno de los políticos más importantes en la historia de nuestro estado. Luego de una niñez durante la cual vive los extremos económicos debido a problemas familiares, inicia su carrera en el servicio público en la escala inferior, laborando como elevadorista en el edificio sede de la Regencia del Distrito Federal.

En breve lapso, debido a su liderazgo natural, se convierte en el secretario general del sindicato de trabajadores del Departamento del Distrito Federal. De ahí se vincula a un grupo político importante de líderes de otras dependencias a los que no sólo se enlaza, sino que se convierte en su dirigente, y con su apoyo llega a la disputada secretaría general de la FSTSE (Federación de Trabajadores al Servicio del Estado), catapultando su carrera para llegar a ser secretario general nacional de la CNOP.

Con semejante liderazgo, Martínez Domínguez se inserta en un grupo político encabezado por Gustavo Díaz Ordaz (Secretario de Gobernación de 1958 a 1963). Para ese momento, AMD ya había sido diputado federal de 1946 a 1949; y de 1952 a 1955, así que con toda esa experiencia y caudillaje políticos, Martínez Domínguez es electo en el año de 1964, diputado federal por el actual distrito 12 de Nuevo León (antes era el distrito 4 y luego el 6), para ser el líder de la Cámara de Diputados federales, cuando su sede estaba en la mítica calle de Donceles.

Ahí lució en todo su esplendor su oficio político, pues era, en la primera parte de su periodo, al mismo tiempo líder nacional de la CNOP y los nuevoleoneses lo veíamos con orgullo en los noticieros nacionales dando cátedra política. Termina su periodo en 1967 presidiendo la ceremonia en donde el presidente Díaz Ordaz toma protesta. Para el año siguiente, ya era el presidente del CEN del Partido Revolucionario Institucional, y aspirante a la gubernatura de Nuevo León.

Sin embargo, ese proyecto no cuaja al ser nombrado el 1 de diciembre de 1970, jefe del Departamento del Distrito Federal, por el presidente Luis Echeverría, entregándole la dirigencia del PRI, a Manuel Sánchez Vite (los nuevoleoneses le decíamos "Sánchez-Vete"). Pero como en toda carrera política, hay claroscuros, y siendo Regente de la ciudad de México, el 10 de junio de 1970 sucede un enfrentamiento entre la policía del DDF y un grupo de jóvenes que se movilizaban en protesta por la represión a los universitarios de Nuevo León, y sucede una agresión que culmina en una matanza, porque a la manifestación llega un grupo conocido como "Los Halcones" que dirigía el coronel Díaz Escobar y estaba coordinado por la Secretaría de Gobernación. Martínez Domínguez estaba físicamente ese día en Los Pinos, con el presidente Echeverría, quien lo mantuvo entretenido en reuniones diversas hasta que en los noticieros se da cuenta de la tragedia y don Alfonso declara desde el lugar donde se encontraba la inexistencia del grupo Los Halcones.

Esta declaración es suficiente para denostarlo porque diversos medios sacan gráficas demostrando que sí existía y se trataba de un grupo paramilitar organizado. Ahí estaba la oportunidad para Echeverría de deshacerse de Martínez Domínguez, pues su nombre y figura tenía ya niveles de popularidad tales que le hacían sombra política. El celo de un político es peor que el de una mujer, así que Echeverría se solazó pidiéndole su renuncia y culpándolo de la masacre. Con esa mancha se va a la banca política (al ostracismo, decía don Alfonso) hasta que llegó el presidente López Portillo quien lo rescata y su apoyo es determinante para cumplir con su sueño de gobernador de Nuevo León.

Martínez Domínguez emplea toda su experiencia y sagacidad política para construir muchísimas obras públicas, entre ellas el Plan Hidráulico que trae agua de la presa Cerro Prieto, pagada cien porciento por la presidencia de la república, y la Macroplaza "Alfonso Martínez Domínguez" (nombre propuesto por sus admiradores y rechazado por sus detractores que en ese momento gobernaban).

Sin embargo, esa obra física es la menor, pues en la materia legislativa está su mayor aportación a la construcción de una sociedad nuevoleonesa más justa, llevando a nuestro Estado a los mejores niveles internacionales con iniciativas de leyes para proteger a la niñez y a las madres. Lo legislado gracias a sus iniciativas y empuje, es tan avanzado, que cinco años después es adoptado por la ONU y de ahí se legisla con esos parámetros en varios países. Terminado su sexenio, Alfonso Martínez Domínguez fue director de ASA y senador de la República. Muere en noviembre 6 de 2002 y su funeral fue motivo de sentidas manifestaciones populares, y hasta el aparato de gobierno estatal, que era de un partido diferente al suyo, le rindió homenaje en reconocimiento a su destacada figura. Bautizar con su nombre a su gran obra, la Macroplaza, es reto y asignatura pendiente para las actuales autoridades.