17/01/2018
Editoriales

Después del caos tiene que llegar el orden

El País publica el artículo "Formas de comunicar una tragedia", haciendo una comparación entre los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y el 19 de septiembre de 2017.

 

Destaco este par de fragmentos relacionados al caso de la niña Frida Sofía (2017) y el niño Monchito (1985):

 

"19 de septiembre de 1985: Habían pasado 13 días desde la desgracia. El número presagiaba el fiasco. El 2 de octubre el señor Mauricio Nafarrete afirma que su hijo, Luis Ramón Nafarrete, conocido como Monchito, había quedado atrapado bajo los escombros junto a su abuelo materno en una vecindad. Se hace un gigantesco operativo para salvar al menor. Está formado por 90 personas e incluye rescatistas de Estados Unidos, Argelia y Francia. Comienzan los trabajos. “El niño está vivo. Su corazón late dificultosamente, pero aún late”, dice un médico. Un socorrista citado por Carlos Monsiváis en Entrada libre, afirma: “Yo no lo conozco, pero siento que quiero a este niño entrañablemente”. Una semana después los rescatistas encuentran el cuerpo carbonizado del abuelo de Monchito. Un poco más allá había una caja fuerte con 12 millones de pesos, que reclamaba la familia del menor imaginario. El padre de Monchito se esfumó un día antes de que todo el esfuerzo del Gobierno diera con la caja fuerte y se diera cuenta del engaño.

 

19 de septiembre de 2017: En la época de las coberturas especiales y los breaking news, México siguió con atención una historia: el rescate de Frida Sofía, una niña de 12 años que había quedado atrapada bajo los escombros tras el derrumbe de su escuela, la Enrique Rébsamen. Varias cadenas de televisión, en especial Televisa, dieron seguimiento a la historia por más de diez horas. El drama televisado, en el que reporteros in situ citaban diálogos que la menor supuestamente refugiada bajo una mesa decía a los rescatistas, fue transmitido también por cadenas internacionales. La tarde del jueves, sin embargo, autoridades de la Armada se vieron obligados a desmentir la información. Dicha niña no existía. La esperanza de los mexicanos, encarnada en una víctima mitológica, se había esfumado. Algunos han querido ver en el episodio una grotesca manipulación del Gobierno. Otros, los más sensatos, la atribuyen a una sucesión de desafortunadas confusiones que se dan en una zona de desastre."

 

Agrego que este tipo de situaciones no son exclusivas de México, suceden en otros país. La tecnología, en especial las redes social no minimizan los rumores, la información malintencionada o manipulada; al contrario ésta se expande si nosotros lo permitimos y nos prestamos a formar parte de esas cadenas.

 

Como el artículo lo menciona al final, hay quienes han querido ver en esto una manipulación por parte del Gobierno; y refiero el caso del derrumbe de las Torres Gemelas. El Gobierno de Estados Unidos tomó el control total, se justifica por ser un caso de guerra. Afuera había miles de personas esperando para participar en la búsqueda de sobrevivientes y cuerpos. Pasó una semana para que los ciudadanos pudieran entrar al área. Entonces, se dijo que el Gobierno lo hizo así porque buscaba valores (tesoros y obras de arte). Nadie recriminó.

 

Imagina usted que en México el Gobierno tomara una decisión así que evitara la ayuda y participación ciudadana, incluso la extranjera. Lo que observo es que el Gobierno ha actuado en tiempo y forma atendiendo la tragedia dando total libertad de hacer lo mismo a ciudadanos, instituciones y organizaciones.

 

Veo como la eficiencia, la bondad y la heroicidad es discutida y arrebatada de unos para otros; y se empiezan a meter y meterse actores internacionales. No lo permitamos.

 

El Comité de Reconstrucción para los estados afectados debe ser formado a la brevedad, incluyendo representantes de los mismos organismos que han participado en el proceso de ayuda y rescate: Sociedad Civil, Fuerzas Armadas, universidades, empresarios, hombres, mujeres y jóvenes.

 

Los recursos con los que México cuenta: el FONDE, 9 mil millones de pesos; el bono catastrófico del Banco Mundial, 6 mil millones de pesos; los donativos internacionales y nacionales; los recortes presupuestales al INE y otras instituciones que funcionan con presupuesto público.

 

Este terremoto marcará un antes y un después en nuestra forma de vida. Yo espero que podamos decir en el futuro que este terremoto derribó a la corrupción y la impunidad. Que este terremoto regresó la confianza y la solidaridad de los mexicanos. Que dejó a un México más transparente y participativo.