17/Sep/2019
Editoriales

El Domingo Rojo de San Petesburgo

La guerra entre Rusia y Japón celebrada entre los años 1904 y 1905 fue desastrosa para el régimen del zar Nicolás II, quien sería el último de los gobernantes rusos con ese título, pues no sólo terminó depuesto y asesinado junto a su familia, sino que llegó un cambio de régimen político al país más grande del mundo. Nos referiremos sólo a lo sucedido en San Petesburgo en enero de 1905, ciudad que sufría el tremendo rigor de la guerra, y que además había una sobre explotación laboral.

Los trabajadores estaban muy mal pagados y eran obligados por los patrones a laborar muchas horas extras sin recibir una compensación económica. En una planta industrial llamada Putilov se inició una huelga que se propaló en muchas otras fuentes de trabajo, empeorándose las condiciones de ochenta mil familias de los trabajadores que, sin embargo, seguían viviendo en la ciudad aún sin tener electricidad ni había periódicos, algo insoportable por cualquier sociedad, pues la necesidad de información es insoportable. En San Petersburgo había un sacerdote ortodoxo llamado Georgi Gapón, quien encabezaba una organización de trabajadores, y anunció empezando el año 1905 una manifestación en el Palacio de Invierno del zar para pedirle a Nicolás II que terminara con la guerra y que regresara la jornada de ocho horas.

La protesta fue pacífica, y miles de trabajadores llevaron a sus familias a ella. Iban cantando himnos de fidelidad al zar, pero al aproximarse al palacio, la Guardia Imperial empezó a disparar y al final dieron a conocer el resultado de esa “indisciplina”: 92 muertos. Sin embargo, los cronistas hablaban de una matanza de más de mil personas, lo que provocó una tremenda crisis que terminó en la revolución de 1905. Esto desde luego que deslegitimó a Nicolás II, quien inició así su declive, teniendo un final novelesco en 1917 al ser fusilado con toda su familia, la Romanov. El sacerdote Gapón huyó a Suiza, pero al regresar a Rusia se dio a conocer que era un agente de la policía zarista y terminó suicidándose en una casa de campo finlandesa.