26/09/2018
Editoriales

En un Mundo a la Deriva

El retraimiento de la sociedad norteamericana, ante los embates socio-económicos que les han ocasionado los rapidísimos avances informáticos y tecnológicos, y que dieron por resultado el triunfo en las elecciones presidenciales de Donald Trump, quien tuvo las “antenas” necesarias para detectar este malestar social, tuvieron como resultado el poner al mando del Poder Ejecutivo Federal de ese gran país, que era líder y garante de la Globalización, a una persona con mentalidad mercantilista, peleonera y egoísta y, por tanto, totalmente inadecuada para jugar ese importantísimo papel.

 

   Esta penosa inadecuación en el liderazgo mundial está causando problemas tan graves como augurar que para el año 2021 se inicie otra trágica “carrera armamentista” entre EUA y Rusia si antes de esa fecha los dos colosos nucleares no renuevan su tratado de mutuas restricciones que entonces vence (Ver “The Economist” del 5 al 11 de mayo). Lo peor es que ese terrible “Armagedón” lo puede desatar, por error, estupidez o mal cálculo, cualquier otra potencia nuclear, tales como China, La India, Pakistán, Corea del Norte o aún Irán, si es que las potencias europeas no logran mantenerlo “desnuclearizado” luego de la retirada de EUA del Pacto, a instancias de Israel.

 

   Aparte de este terrible peligro de aniquilación que otra vez se hace posible, se tiene la cada vez más probable descompostura del orden comercial global y la caída en un caos aislacionista y de proteccionismo comercial, egoísta y pendenciero, como el que ocurrió en los años 1930’s y que llevó a la 2ª Guerra Mundial.

 

   Toda esta problemática nos indica que, todos los demás países, sobre todo los tercermundistas, México entre ellos, deberíamos de ir, durante los años próximos, con “los pies de plomo” y la cabeza fría. Pero ¿Hacia dónde vamos los mexicanos en la triste realidad? Pues parece que una cuasi-mayoría intenta ir a votar el 1° de Julio con los pies ligeros y la cabeza caliente, dispuestos a entregarle el poder a un demagogo, quien no cree en las instituciones ni en la ley, sino sólo en “el amor” paternalista, siempre y cuando sea él, y sólo él, el árbitro de los favores y de los castigos.   

 

   Y eso, el paternalismo, sería sólo parte del problema, siendo otra posibilidad terrible que, en vez de mirar hacia el futuro, propiciando la ciencia y la informática y, por tanto, la inversión, tanto la extranjera, debidamente controlada, y la nacional, para ir acercándonos a los niveles de ingresos y de educación del Primer Mundo, AMLO intenta mirar y abrazarse del pasado, devolviendo, a un costo que sería estúpido y contraproducente el monopolio petrolero, no al pueblo, que lo tiene más seguro con la inversión privada bien regulada, sino al ineficiente y corrupto sindicato “nacional”, con sus inconstitucionales cláusulas de inclusión y de exclusión en sus contrataos colectivos de trabajo (Como también los tienen los maestros del SNTE, a quienes AMLO quiere “apapachar”, al costo de hundir a decenas de millones de niños y jóvenes en las escuelas públicas).

 

   ¿Qué podemos hacer? Pues en estas tres semanas que quedan, convencer a los más que podamos de penoso retroceso que probablemente significaría un triunfo de AMLO y tratar que todas los demás fuerzas políticas no comprometidas con la corrupción, apoyen al único candidato que creo que puede llenar este cometido: Ricardo Anaya.

 

 

Atte.- JVG.- 06-06-18.