14/11/2018
Editoriales

Como Combatir la Corrupción

En mi artículo anterior revisé la historia reciente de la corrupción en México y ofrecí proponer cuáles son las formas en las que creo que conviene combatirla, dadas las circunstancias por las que estamos pasando, tanto aquí como en el resto del mundo. Lo primero que salta a la vista es que tiene que haber dos horizontes de tiempo hacia los cuales enfocar nuestros esfuerzos: El largo y el corto plazos.

A largo plazo, lo primero que tenemos que hacer es convencernos a nosotros mismos que la moralidad en el manejo de los asuntos públicos no es una moda sino una necesidad vital que les permitió a nuestros ancestros homínidos irse elevando sobre todos los demás animales. Así que nuestra primera obligación es la de estudiar la historia y la prehistoria, para conocer el por qué vamos a pugnar porque así se haga en nuestro país. Luego ya esteremos en el estado de ánimo necesario para presionar, por todos los medios que podamos, para que ese convencimiento necesarísimo se les inculque a las nuevas generaciones, empezando por nuestros propios descendientes.

Este estudio también nos diría que nuestros instintos morales son muy concéntricos, pues se formaron cuando nuestros ancestros vivían en hordas agrupadas en tribus, por lo que una de las más urgentes misiones pedagógicas que tenemos que emprender es la de extender ese sentido moral a todas las demás gentes, como ya lo han venido haciendo las religiones superiores. Este cometido es especialmente difícil aquí en México, por la mezclada composición étnica de nuestra población y su marcada estratificación social. Y ese nivel nacional sería sólo el primer paso, porque luego habría que extender ese sentido de responsabilidad moral hacia todo el resto de la humanidad. Así que para poder actuar convencida y, por tanto, eficientemente, en el corto plazo, primero tenemos que haber descargado nuestra conciencia de que nosotros y nuestros allegados ya estamos trabajando en fortalecer e ilustrar nuestro convencimiento de que esa es la única ruta correcta y responsable a largo plazo.

A corto plazo, la ruta a seguir es casi obvia, porque no tenemos muchas alternativas y puede resumirse en lo siguiente: Organizarnos en grupos funcionales todos los ciudadanos, cada quien ya sea con personas afines que tengan sus propios principios y estén dispuestas a trabajar por el bien común; O también con quienes tengan sus mismos intereses, como los de sus asociaciones profesionales o los de los grupos activos de las colonias donde vivan. Con la suma de todas esas organizaciones, la voz de la ciudadanía resonará con más fuerza y así podrá ir influyendo cada vez más en el ámbito político.

Esa fuerza que logremos se podría utilizar en apoyar a aquellos líderes que tengan la voluntad y los tamaños para llegar el poder por el proceso electoral. Esto no es una utopía, porque ya lo hemos logrado, el año pasado aquí en Nuevo León con un candidato independiente y este año en otros seis Estados que rechazaron al PRI. ¿Qué no todo resultó como esperábamos? Hay que tener mucha perseverancia y "aventarnos al ruedo" tantas veces como sea necesario, y cada vez ir exigiendo y también apoyando mejor, a quien hayamos encargado del poder público. Debemos apoyar leyes que obliguen al funcionario que cuando haya sido sustituido, no abandone la ciudad en que ejerció sus funciones, hasta que el Congreso, local o de la Unión, según sea el caso, haya aprobado sus cuentas, tal y como tenían obligación de hacer los virreyes de la Nueva España, en espera de que recibieran el "pliego aprobatorio" del Consejo de Indias o tuvieran que presentarse ante dicho Consejo a responder de sus actos.

Atte.- JVG.- 24-11-16