20/09/2018
Editoriales

Dijo ser el mensajero, al que los extraterrestres no habían contactado

 

Al estilo de “misión imposible” comienza esta historia. Sin embargo, aquí la grabación no se autodestruye, la debe destruir la protagonista.

En tiempos de Facebook, Twitter y otras tantas redes sociales; escribir un libro, lograr que una editorial lo publique y conseguir que éste se posicione en los primeros lugares de venta no es algo sencillo de lograr debido a que, cada segundo que pasa, las personas leen menos y cada vez va siendo mucho menos.

Sin duda, los memes es lo de hoy. En ellos encontramos una imagen que dice mucho y pocas palabras que lo dicen todo. En consecuencia, la respuesta es una carcajada inmediata. Estos modernos chistes exprés -por llamarlos de alguna manera- es lo que divierte y entretiene a las nuevas generaciones y a las de antaño también… ¿Y la literatura? ¿Dónde queda el trabajo de los escritores cuando, ahora, el tiempo del hombre se consume –por voluntad propia- en pantallas de teléfonos celulares?

¿Qué opciones quedan para rescatar a la literatura? Esta es una gran interrogante. ¿Acaso habrá que promocionar las obras con memes? O, ¿Es mejor compartir y someter a consideración del lector un primer capítulo o sinopsis de un nuevo libro?

Aquí les dejo este material, es el inicio de un nuevo sueño, un libro más que  mañana lograra ver la luz. El título es tan secreto como su contenido y sólo quién esté dispuesto a adentrarse en una nueva aventura será capaz de conocer el desenlace de esta historia. Comiencen la lectura sin miedo al qué dirán aquellos que solo entienden de memes y redes sociales.

¡No fueron ellos! A mí no me contactaron los extraterrestres, lo hicieron los hombres o mejor dicho, lo hizo ella… ¡Créelo por favor!

Soy el mensajero, así debo llamarme. Lo dijo cuatro veces antes de cerrar los ojos, respiró hondo –tan profundo que parecía quererse tragar el mundo de un solo golpe-, luego los abrió y me miró fijamente.

-       Traigo su mensaje escrito y también una larga grabación para que conozcas su voz. Debes escucharla, anotarlo todo y después, destruirla para que nunca nadie más la vuelva a escuchar.

Ese hombre, el mensajero, miró unos segundos la pantalla de su teléfono celular, quizá para saber la hora, tal vez para despistarme, no lo sé. Luego contó hasta cuatro en voz alta y continuó con su relato mientras yo le escuchaba atentamente.

-       Verás –dijo él. Esa mañana, estaba sentado a la orilla del lago de Arareko, intentando sorprender a una ardilla, queriendo ver un pato o esperando que algo despiadadamente interesante sucediera en mi vida. Entonces se produjo un ruido ensordecedor: el silencio. Cuando volví a escuchar algo, lo único que oí fue su voz. Ella se acercó a mí, se sentó a mi lado, me sonrió y comenzó a contarme bellas cosas sobre ese enigmático lugar. Dijo que ese sitio conectaba con el universo, que su quietud era un regalo divino, que la naturaleza es un gran tesoro desvalorado por el hombre moderno y que yo era alguien muy especial. ¡Creí estar soñando!, no podía dar crédito a lo que sucedía.  Después de varias horas disfrutando de su compañía, por supuesto que pasaron más cosas. Muy cerca de allí hay una cueva, ya tú te imaginarás… Toda mi vida he sido un hombre muy aburrido, sin mucha suerte en el amor, así que como es obvio, aquello fue para mí la gran aventura. Me creí en medio de algo inmensamente excitante y romántico. Algo para no olvidar. Después de aquella improvisada intimidad, yo estaba totalmente a sus pies, como el más leal súbdito de una reina sin saber que todo era parte de un plan. No puedo afirmar que un maléfico plan pero si algo frio y calculador. Lo sé porque esto fue lo que de su boca escuché:

 

-       ¿Sabes por qué tuvimos sexo hoy?... ¿Lo sabes? –dijo ella, mirándome fijamente-. La respuesta es muy simple, lo hice para crear un vínculo energético entre tú y yo, ¡no te confundas!, lo que pasó fue como la firma de un pacto secreto ante notario (la naturaleza), porque solo existiendo ese poderoso lazo de energía –entre ambos- podías acceder a mi petición y guardarías celosamente el secreto de mi identidad. Nunca más me volverás a ver, yo a ti si, desde cualquier punto donde no puedas notar mi presencia ni descubrirme. Así, de esa secreta manera, te seguí por mucho tiempo, sigilosamente, hasta conocer mucho de ti y poder elegirte como el mensajero. Tu misión es muy simple pero a la vez sumamente importante y sé que no me defraudarás.

 

-       Rentamos una cabaña, compartimos muchas cosas en un fin de semana cualquiera, y créeme, esos días me bastaron para  enamorarme de alguien a quien no volveré a ver en toda mi vida. Estoy condenado a sufrir eternamente extrañando cada día sus cálidos besos y esas candentes caricias… Ella dijo también que después de asegurarse de que yo estaba en contacto contigo y de que tú escribirías esta historia… ¡desaparecería para siempre! De tu vida y de la mía.  No sé mucho de todo esto, pero sí sé que ella es una mujer cien por ciento dedicada a las matemáticas, una de las pocas seguidoras de la filosofía de Pitágoras y que ha invertido diez años de su vida en tratar de demostrar con números la existencia del destino. 

El mensajero cumplió con su misión, me entregó aquel misterioso material y se marchó, no sin antes suplicarme nuevamente que le creyera y exigiendo a cambio de su tranquilidad, una promesa de mí parte. Así fue como le prometí a ese  hombre que compartiría este mensaje.

Las instrucciones –detalladas en la primera hoja de aquel manuscrito entregado por su fiel emisario- fueron muy claras y precisas, lee todo, escucha esta grabación hasta el final, investiga, analiza y cuéntalo todo a tu manera, para ello, tienes total libertad.

Esta historia continuará… dentro de un libro.

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