18/11/2018
Editoriales

Los grandes gobernadores de Nuevo León. Bernardo Reyes, primera parte

 

 

La presencia en Nuevo León de Bernardo Reyes es un parteaguas histórico. Como gobernador le dio un enorme impulso al desarrollo industrial, terminando su gobierno entre los albores del siglo XX y el vértigo del postrimero poder porfiriano. Díaz lo sacó del gobierno enviándolo a Francia y en el ínterin llegó la revolución que tumbó a Díaz de la Presidencia. En aquellos tiempos existía el Partido político Reyista, que afiliaba a sus seguidores quienes lo empujaban a ser el candidato a la vicepresidencia junto a Porfirio Díaz. Esta popularidad enceló a su padrino político, forzándolo a iniciar un periplo por Europa, regresar a México, caer a la cárcel y culminar en la muerte de Reyes en pleno zócalo de la ciudad de México.   

 

Bernardo Reyes Ogazón, nacido en Guadalajara el 20 de agosto de 1850, aprendió en la Perla Tapatía sus primeras letras y estudió derecho. A los 14 años inició su carrera militar como soldado raso en las guerrillas que hostilizaban a los invasores franceses en el estado de Michoacán. Apenas tenía diecisiete años cuando participó en el sitio de Querétaro en la caída del imperio de Maximiliano en 1867.

 

La destreza militar de Bernardo Reyes

 

Demostró su inquebrantable lealtad peleando con fiereza en 1868 y 1869 durante el sofocamiento de la insurrección en Sinaloa contra el gobierno de Juárez, así como otras rebeliones en Tamaulipas, San Luis Potosí y Zacatecas. Esto no pasó inadvertido y por su desempeño en tales hechos, fue ascendido a Capitán en 1871.

Su congruencia política

 

Durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada de 1872 a 1876, el capitán Reyes tuvo la oportunidad de demostrar que, además de leal, actuaba siempre en apego a la legalidad y con disciplina militar. Poco se conoce que Reyes permaneció fiel al gobierno legítimo de Sebastián Lerdo de Tejada, combatiendo a las fuerzas de Porfirio Díaz que se habían alzado en el plan de Tuxtepec. Además, casi nadie recuerda su buena y extraña dosis de congruencia, pues a la caída de Lerdo ¡se retiró del ejército!

 

Escobedo lo recomienda con Porfirio Díaz

 

Se vino reincorporando a su carrera militar en enero de 1877 cuando Porfirio Díaz ya se había hecho del poder de forma definitiva. Díaz desde luego que desconfiaba de él, pero la recomendación del nuevoleonés Mariano Escobedo y de otros altos mandos militares valieron para que el presidente Díaz decidiera darle “otra oportunidad”. Y para probar su lealtad al gobierno establecido por el Plan de Tuxtepec, fue enviado a luchar en Sinaloa contra los lerdistas que se oponían al gobierno de Díaz, a quienes derrotó con cierta facilidad, y hasta entonces Porfirio Díaz le dio su confianza.

 

Bernardo Reyes en el noroeste mexicano

 

Así entró a la burbuja de amigos cercanos del presidente Díaz. En el gobierno porfirista de Manuel González le encargaron varias operaciones militares en Tepic y en San Luis Potosí, y por ello, del 13 de agosto de 1880 al 11 de marzo de 1883 fue el jefe militar en Sinaloa, Sonora y Baja California. Allí estudió el problema de integración racial y cultural que venía desde antes de la independencia: los indios yaquis y mayos, habitantes de Sonora, vivían guerreando con los terratenientes de origen mexicano. Reyes advirtió que el problema no era racial o de brutalidad de los nativos, sino un constante y cruel despojo de tierras.

 

Los indios no se civilizaban porque eran recurrentemente despojados y atacados por los “blancos”. Reyes propuso al gobierno del estado de Sonora y al Federal que se repartieran tierras legales a los yaquis y a los mayos para ordenarlos e incluirlos en los planes productivos agrícolas de la nación. Pero su propuesta fue desoída en virtud de la oposición del cacique regional Ramón Corral y de los demás terratenientes. Sin embargo, Reyes ofreció a los indios, tierras, aunque fueran malas y remotas, les protegió y logró una pacificación temporal de la región.

 

Su olfato y talento político

 

Concatenado con esto se incubó un serio problema político. El gobernador del estado Carlos R. Ortiz, con el pretexto de pacificar a los indios construyó una considerable fuerza militar, cuya verdadera intención era levantarse contra el gobierno de Manuel González. Reyes se las olió y no cayó en el engaño. Junto al vicegobernador Antonio Escalante venció a las tropas del gobernador rebelde, a quien escoltó hasta la frontera con Estados Unidos para no ofender a las clases pudientes de Sonora que tenían a Carlos R. Ortiz como uno de sus patriarcas.

Además, en Sonora, Bernardo Reyes expulsó a los apaches invasores que venían de Arizona huyendo de la persecución en Estados Unidos. Esto lo acreditó también como un militar sensible y con talento para el manejo de crisis. Así que, en 1884, electo Porfirio Díaz presidente de México para una larga presidencia -hasta 1910- su gobierno requería de hombres capaces y Díaz le echó el ojo a Bernardo Reyes para empresas mayores.

 

Nuevo León, un problema para Porfirio Díaz.

 

Nuevo León representaba un problema para Díaz. Porque había dos grupos políticos: el de los caciques locales Jerónimo Treviño y Genaro Garza García, excombatientes de la Reforma y de la Invasión Francesa que habían amasado grandes fortunas y que deseaban mantener el poder del estado con la mínima intervención del gobierno nacional, como había venido sucediendo desde tiempos de la colonia; y el grupo de Lázaro Garza Ayala que representaba la legalidad y la unión con los programas nacionales.

 

Bernardo Reyes representante de Porfirio Díaz en Nuevo León

 

Para resolver el problema llamado Nuevo León, en 1885 fue enviado Bernardo Reyes a Monterrey, en calidad de jefe de Operaciones Militares en sustitución del propio Jerónimo Treviño, como primera estocada a los grupos locales. Era un año electoral, pues se elegía al Gobernador del Estado. El candidato local era Genaro Garza García, pero como la presencia de Don Bernardo les hacía ruido a los políticos locales, causaron disturbios creyendo perjudicarlo pero sin pensarlo mucho, Reyes instauró la Ley Marcial, quedando la situación más favorable a los planes del centro del País.

 

Aunque Genaro Garza García ganó las elecciones, no podía gobernar libremente pues con la Ley Marcial, el poder real lo tenía Bernardo Reyes. Genaro Garza García no aguantó mucho la presión y mejor pidió licencia a la gubernatura con el fin de viajar a México a conferenciar con Díaz sobre una posible solución política dejando en su lugar a Mauro Sepúlveda, quien fue fácilmente dominado por Reyes.

 

La desaparición de los poderes en el Estado, primera gubernatura de Reyes

 

Sepúlveda, desesperado, disolvió a la legislatura local, pues se le vino una presión de Reyes y del gobierno nacional para que renunciara, y como no lo hacía, ante la desaparición de los poderes del estado de Nuevo León, el Senado de la República -a propuesta de Díaz- nombró a Bernardo Reyes gobernador provisional del Estado. Y pese a que su función constitucional debía ser solamente llamar a elecciones, Reyes se quedó hasta concluir el periodo de1885 a 1887.

 

Era claramente una imposición del centro, pero Reyes se dedicó a trabajar en esta que sería su primera administración (1885-87). Se dedicó a la pacificación del Estado, persiguiendo a bandoleros que asolaban las rutas a la frontera y a sus enemigos políticos. Con esto el número de reos se multiplicó y las cárceles municipales -los ayuntamientos llevaban la administración penitenciaria-, fueron insuficientes, por lo que al final de esta administración inició la construcción de la penitenciaria del estado. El 29 de enero de 1887 el secretario de Gobierno comunicaba a los ayuntamientos:

 

La construcción de la penitenciaría del Estado

 

“El señor gobernador, deseando que el estado de Nuevo León, inspirado en el ejemplo de otras entidades federativas de la república, se ponga a la altura de los pueblos más avanzados en las prácticas sociales, los cuales, a fin de corregir y moralizar a sus criminales, establecen penitenciarias, de donde aquellos salen al concluir su condena, escarmentados y con la redentora costumbre del trabajo, me encarga manifieste por su conducto al R. Ayuntamiento que usted dignamente preside, el empeño que tiene por que se comience a construir a la mayor brevedad la penitenciaria del estado en esta capital”.

 

Los municipios que eran los obligados a sostener los presos, serían liberados de esa carga por lo que se les ordenó que cubrieran una cuota para la construcción de la penitenciaría. Y como los fondos fueron insuficientes se descontó a los funcionarios públicos estatales de mayor sueldo un “óbolo”.

 

Además, se dio a la tarea de modernizar la contabilidad y los métodos de administración de la hacienda pública para salir de la constante crisis de nuestro estado. Organizó las Juntas de Mejoras Materiales que iniciaron los trabajos para remodelar la plaza Zaragoza y reconstruir el mercado Colón.

Como en ese momento -según la Reforma del 21 de octubre de 1887 a la Constitución Federal- estaba permitida la reelección del Presidente de la República y de los gobernadores, pero no para periodos inmediatos, Reyes Llamó a elecciones de gobernador para el periodo 1887-1889.

 

La fuerza política local se impuso y resultó electo Lázaro Garza Ayala, quien gobernaría oficialmente, aunque siempre estuvo a la sombra de Bernardo Reyes, el comandante militar favorito del presidente Porfirio Díaz.  Continuará…

 

 

Fuentes:

Daniel Cosío Villegas, Daniel. Historia Moderna de México.

El Porfiriato vida social México: Hermes 

José María Iglesias, Revistas históricas sobre la intervención francesa en México, CONACULTA. 

Porfirio Díaz, Memorias. Libro electrónico.

Ralph Roeder, Hacia el México moderno: Porfirio Díaz México: Fondo de Cultura Económica.

SEDENA, expediente Bernardo Reyes.