16/12/2018
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Noviembre 20 de 1910: Inicia la revolución mexicana. Porfirio Díaz fue presidente de la República desde 1876, y en su largo mandato se desarrollaron la industria y los ferrocarriles, llegando a México mucha inversión extranjera. El problema fue que mientras llegaba el “orden seguido de progreso” como él le llamaba, se acentuó el abismo entre pobres y ricos. Francisco I. Madero se opuso electoralmente a Díaz y fue encarcelado, pero escapó de la cárcel de San Luis Potosí y huyó a Estados Unidos, desde donde elaboró y lanzó su plan de San Luis, ese mismo año.

Iniciaron las hostilidades en México y rápidamente se movilizaron los grupos revolucionarios en diversas regiones, lo cual hizo que Díaz renunciara, huyera a Europa y se realizaran nuevas elecciones. Madero las ganó en 1911 pero fracasó a la hora de establecer las reformas social y económica que exigían los diversos grupos revolucionarios. En 1913 es derrocado y asesinado por Victoriano Huerta, comenzando la segunda etapa de la revolución mexicana, que termina con la muerte de un millón de mexicanos.

En 1917 triunfa la política cuando en la ciudad de Querétaro se discute y aprueba por un Congreso constituyente una nueva Constitución mexicana, que contiene avances sociales inéditos en el mundo, construida por intelectuales de izquierda y de derecha, por lo que el resultado es un documento de avanzada que reivindica a las clases populares respetando los derechos de la iniciativa privada. Sin embargo, en el camino e incluso después de la Constitución entre el millón de vidas perdidas estuvieron las de caudillos como Zapata, Villa, Cedillo, Orozco, Carranza, y Obregón después de haberse reelecto como Presidente… después hubo conflictos como la guerra cristera que parecieran no tener conexión con la revolución, pero que en el fondo sí lo tenían, pues los caudillos revolucionarios sentían que la Iglesia era culpable en parte de la opresión que padecieron por décadas los campesinos, así que rompieron lanzas en su contra, sin embargo, la religión contaba con fuertes lazos espirituales entre la población y muchos sintieron la necesidad de empuñar armas contra el gobierno revolucionario. Finalmente, cuando cesaron las hostilidades, los gobiernos emanados de la revolución tuvieron la suficiente inteligencia para reestructurar el sistema socio económico para llevar a México a partir de los años cuarenta, a un proceso de crecimiento llamado El Milagro mexicano, configurando un país en desarrollo, con reivindicaciones sociales y respeto a la libre empresa y a la propiedad privada.