27/05/2019
Editoriales

Audiencia Pública

Abril 20 de 1943, se reúnen en Monterrey los presidentes Manuel Ávila Camacho y Franklin D. Roosevelt. El gobernador Bonifacio Salinas Leal y el alcalde de Monterrey, Constancio Villarreal, coadyuvaron con el ejército a organizar el evento. El marco era delicado pues cinco años antes (1938), el presidente Cárdenas había nacionalizado la industria petrolera mexicana explotada por empresas inglesas y estadounidenses, y entrambas naciones urdieron en su momento un boicot mundial al petróleo mexicano. Pero EUA entró a la 2ª. Guerra Mundial y México rompió con el Eje, abriéndose la posibilidad de vender el valioso recurso a los aliados en vez de a la Alemania Nazi. 

Tras el ataque nipón a Pearl Harbor -en diciembre de 1941- Estados Unidos necesitaba aliarse con su vecino del sur y requería mano de obra para el campo, pues sus jóvenes partirían al frente de guerra. México –por su parte- necesitaba: disminuir el desempleo abierto, compradores para sus productos primarios, y vender su petróleo.

El antecedente era que Cárdenas había vendido petróleo en 1938 a la algodonera alemana Behr & Co., que lo pasaba a Eurotank de Hamburgo, que a su vez lo reenviaba a la Marina nazi. Hermann Goering –personalmente-, operó la compra de combustible mexicano, y el secretario de Hacienda, Eduardo Suárez, fue su conducto. Georg Adolf Hertslet vino a amarrar el convenio en julio de 1939, a días de iniciarse la Segunda Guerra Mundial. Por cierto, Herstlet fue luego de la derrota de Alemania, enjuiciado el 12 de julio de 1945 en Nüremberg, pero esa es otra historia.

El primer pedido nazi a México fue de 300 mil tons. de petróleo, después otro de un millón 700 mil tons. en 1939, y así sucesivamente. Claro, los nazis explotaban el anti americanismo mexicano derivado de la invasión de 1846, y lo atractivo de su dictadura para las corrientes empresariales mexicanas anti revolucionarias; se vivía en México unagermanofiliavelada. La reunión de los dos presidentes fue en Monterrey porque era un enclave nazi: Moebius, Holck, Rock, Bremer, Lammers, Stein, Langstroth y otras familias regiomontanas de origen alemán operaban para la causa de Hitler. Sin embargo, submarinos alemanes habían hundido a dos buques petroleros mexicanos, dato oficial no comprobado científicamente por la falta de tecnología. Regresando a la visita, el domingo 18 de abril llegó el presidente Ávila Camacho y su esposa Soledad Orozco; desfilaron por las calles de la ciudad y repicaron las campanas de las iglesias. Las fábricas sonaron sus silbatos y de los edificios se lanzó confeti, flores y serpentinas. 

El martes 20 de abril, a las 16: 15 horas, en un convoy de 14 carros del ferrocarril escoltado por otro tren explorador, viajando en el último vagón, blindado y sin emblemas, Roosevelt y su esposa Eleanor arribaron a la estación del ferrocarril de Monterrey. El público no tuvo acceso, sólo la prensa y algunos funcionarios como: El Presidente; Miguel Alemán, secretario de gobernación; Ezequiel Padilla, secretario de Relaciones; Marte R. Gómez, secretario de Agricultura; el gobernador de NL, Bonifacio Salinas; y el subsecretario de defensa, Francisco L. Urquizo. Ambos presidentes se trasladaron en auto descubierto rumbo al Palacio de Gobierno donde hubo un desfile de 45 minutos y a las 17: 25 salieron rumbo a la ciudad Militar.

Allí comieron y pronunciaron discursos. Ávila Camacho habló del respeto y unión de los dos países. Roosevelt de la no intervención y la ayuda que EUA necesitaba de México contra los enemigos de la libertad: Alemania, Italia y Japón. Ahí mismo se reunió con ciudadanos norteamericanos y funcionarios del consulado. Y a las 22:32 horas los presidentes subieron a un tren que les llevó a Corpus Christi. Se suscribió el programa de braceros mexicanos y más de 300 mil trabajadores de todo el país se trasladaron a Estados Unidos a laborar en el campo, en ferrocarriles y en la industria. Se permitió que ciudadanos de un país residentes en el otro, se enrolaran en el ejército respectivo, de modo que 14 mil 449 mexicanos combatieron bajo la bandera norteamericana; y el Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana participó en la guerra en el Pacífico.

Se firmó el Convenio del “Buen vecino”para que México pagara 40 millones de dólares por las reclamaciones de daños por la revolución y se estudiaron las indemnizaciones de las empresas petroleras expropiadas. Se suspendió el boicot comercial al petróleo, cesaron las presiones diplomáticas y se reanudaron las exportaciones de plata, se cancelaron casi todos los intereses de la deuda externa mexicana y se negoció por primera vez, un trato justo para los braceros. En Monterrey hubo buenas secuelas: la industria y el comercio se orientaron al abasto de materias primas y productos semi manufacturados para EUA. Se crearon estímulos al capital extranjero y Nacional Financiera se aplicó al financiamiento de industrias básicas nuevas en siderurgia, artículos eléctricos y fertilizantes principalmente, para sustituir importaciones. Así, fue en nuestra ciudad hace 73 años, donde comenzó el acuerdo económico más productivo que México ha tenido y que permitió a los ciudadanos de ambos países comerciar, viajar y establecerse de ambos lados de la frontera. Sin embargo, hoy día advertimos que la mala voluntad viene de nuevo del norte, y el costo económico y social de esas tendencias fascistas perjudicará a ambas naciones. El mundo está atento a cómo se resuelverán las diferencias que el presidente Trump está construyendo artificialmente entre México y Estados Unidos, que van a todas luces, en contra de la buena relación que en Monterrey instauraron hace 73 años Ávila Camacho y Roosevelt.