20/02/2018
Editoriales

El tiempo que se queda

Que raro suena hablar de un tiempo que no se va cuando sabemos que el reloj no se distingue precisamente por ser paciente, por darnos tregua, por detener su paso rápido, por controlar sus manecillas o por dejar simplemente de caminar, que extraño parece entonces hablar de un momento que se queda, de un instante que permanece, de un segundo que no se olvida o de momentos que se alojan para siempre en el corazón.

Y sin embargo sucede, así como la tierra gira y los minutos siguen su andar, así también la vida se detiene en esos instantes que nos hacen desear que el tiempo no transcurra, que la escena que nos hace felices sea interminable, que la película de nuestras vidas se paralice en ese momento en el que todo parece marchar con tal emoción que quisiéramos que el cuadro fuera eterno.

Los seres humanos construimos nuestra felicidad en base a instantes, un segundo de euforia puede ser seguido de uno de llanto de tristeza, así de cambiantes somos y así de complicados, así de difícil por lo tanto nos resulta caminar por una vida que juega con nosotros como le da la gana, que no planea y que toma riesgos sin medir las consecuencias.

Recuerdo que mi papá me parecía un poco “atrabancado” en sus decisiones, vivimos en más de 10 casas y siempre que había un cambio era de un momento para otro, no había entonces oportunidad de pensar mucho en lo que se venía o en lo que se dejaba atrás, no había redes sociales así que por lo tanto la gente que pasó por nuestras vidas mayormente lo hizo por el tiempo que fuimos vecinos, el reencuentro resultaba complicado porque simplemente no volvíamos a coincidir.

Resulta que en esta pequeña gran ciudad encontrarte a alguien que por algún tiempo viste a diario resulta casi imposible una vez que cambias tu contexto, así las cosas, aunque pasé 11 años de mi vida en el mismo colegio cuando salí de el a pesar de haber convivido con más de 120 compañeras fue raro seguir viendo a alguna de ellas; la vida insisto nos juega ciertas pasadas que no terminamos de comprender, nos asaltan dudas entonces ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos? ¿Qué nos espera en ese lugar al que nos dirigimos?

He encontrado múltiples respuestas a lo largo de mi vida a estas cuestiones, la mayoría tiene que ver con una sola palabra “EVOLUCIÓN”, las personas vamos creciendo y cambiando, nuestros hábitos, nuestras ideas, nuestra forma de pensar y actuar en general.

No soy la misma que cuando tenía 15 años, ni la de 25 o 30, soy quien se siente a gusto consigo misma con casi medio siglo a cuestas, quien ha encontrado su lugar cuando dejó de buscarlo, quien a diario encuentra que los cambios son importantes porque nos ayudan a ser mejores personas; ya no me niego a creer y crecer, ya simplemente dejó que la corriente haga su chamba, me dejo llevar y si algo no me parece me bajo en la siguiente estación y tomo un nuevo rumbo.

La vida me ha dado sorpresas, sigo pensando que hay momentos que quisiera que se quedaran estáticos, lo llevo en la sangre, soy humana y eso no cambia, sin embargo me gusta mucho más la persona que soy ahora que la que solía ser, la que ya no se aferra, la que suelta y deja ir, la que acepta los cambios con emoción y no con la resistencia de quien cree tener toda la verdad.

Amo la vida como viene, también como se va, me gusta ser YO y que tú seas quien quieres ser, gracias por construir un mundo a la medida, justo como me agrada, libre de ataduras, desconsiderado (si, lo dije bien) porque de esta manera me hace pensar y me lleva a resolver, si todo estuviera listo para salir siempre bien no habría retos ni posibilidades, todos viviríamos como robots, en cambio de esta manera el trabajo es a diario, siempre, a cada instante.

Quiero que este momento no se vaya, sin embargo lo dejaré ir por ti y por mi, por compartir contigo lo que pienso y siento por esperar emocionada a saber que piensas de esta propuesta de no quedarte sino partir siempre, por la curiosidad plena de saber que tú también valoras por lo tanto EL TIEMPO QUE SE QUEDA.

 

Gracias de corazón!