19/11/2018
Editoriales

Entrecurules 09 07 18

El primero de septiembre de 1928, el Presidente de la República, General Plutarco Elías Calles, en un mensaje pronunciado desde la tribuna del Congreso de la Unión, ya hablaba sobre los peligros de caer en la desunión de "la familia revolucionaria”.

 Y si esa desunión se produjera, no sería un hecho nuevo en la historia de México tan prodiga, en ciertas épocas, en torpes componendas políticas; que surgieran victoriosos de momentos claudicantes, ambiciones que deliberan o aplazan el triunfo definitivo del progreso y del liberalismo en México, entregándose, consciente o inconscientemente a los enemigos de siempre, expresó en ese tiempo el General, ante diputados federales.

 Y habló también con especial tolerancia y respeto de nuestros contrarios políticos, llegando a proclamar la urgente necesidad de aceptar en el futuro, en las Cámaras, como resultado de luchas democráticas de perfecta honradez, a representantes de todos los matices de la reacción, me será permitido que insista en que, cuando la ambición y la intriga o la soberbia destruyeran, si desgraciadamente llegarán a destruir, las junturas de los grupos revolucionarios que lucharon unidos durante muchos años por una noble causa: la del mejoramiento de las grandes mayorías del país, volvería nuevamente la oportunidad, su rostro insinuante a los conservadores, porque es casi seguro que si así sucediera, ni siquiera necesitaría la reacción al triunfo directo, militar o político porque no faltarían entre los revolucionarios distanciados, la historia y la naturaleza humana así permiten predecirlo, quienes en torpe ilusión de engrandecimiento de fuerza política o por no hallar fuerza suficiente en los grupos revolucionarios desunidos y dispersos, habría de llamar con insistencia a las puertas de los enemigos de ayer, no sólo poniendo en peligro las conquistas de la Revolución, sino provocando, necesaria y fatalmente una nueva y más terrible conmoción armada, de más claro aspecto social que las que ha sufrido el país, movimiento revolucionario que cuando triunfará, como tendría que triunfar, después de posible años de lucha, dejaría a México desangrado y sin fuerzas para emprender de nuevo la marcha hacia adelante, exactamente desde el punto inicial en que nuestras ambiciones o nuestras torpezas la hubieran detenido.