29/Sep/2020
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Septiembre 16 de 1910: se inaugura, en conmemoración del primer Centenario de la Independencia nacional, el Arco de la Independencia en Monterrey, ubicado en las avenidas Unión y Progreso (hoy Madero y Pino Suárez) que es el cruzamiento de las salidas a Reynosa y a Saltillo, de oriente a poniente y a Laredo y la ciudad de México, de norte a sur. El gobernador interino José María Mier inauguró esta obra que ostenta una estatua de cuerpo entero de una mujer. La obra fue realizada casi en su totalidad por el gobernador Bernardo Reyes, quien hubo de dejar el puesto por un cisma político que provocó su intensa promoción para la candidatura presidencial –con una amplia red de clubes reyistas en todo México- costándole la gubernatura de Coahuila a su seguidor Miguel Cárdenas, y la del propio Reyes en Nuevo León, pues Porfirio Díaz no tenía la intención de retirarse de la Presidencia.

El monumento en sí, es un arco de piedra de cantera rosa (ahora café por la polución) con altura de 25 metros, conocido popularmente como el “Arco de la Mona”, o “La Mona del Arco”, figura metálica concebida por un equipo encabezaba el arquitecto Alfredo Giles, el artista Eligio Fernández y el industrial norteamericano W. H. Mullins, de Salem Ohio, así como del propio Bernardo Reyes quien invirtió recursos estatales por 53 mil pesos. Este Mullins ya le había fabricado a Reyes las estatuas de Hidalgo y de Juárez que están colocadas enfrente del Palacio de Gobierno. En cuanto a la obra civil, ganó el concurso el arquitecto inglés Alfredo Giles (constructor del Casino de Monterrey y el Banco Mercantil de la calle Zaragoza), y el arco sostiene, además de la figura de una mujer de 6 metros de altura y 3 toneladas de peso, que representa la victoria con corona de olivo, vestido despedazado y busto de fuera, deteniendo una cadena rota, simbolizando la ruptura con la corona de España; a otra altura, dos águilas de bronce. El día inaugural, fue el regidor Rafael Garza Cantú quien pronunció el discurso oficial, pues José María Mier no era afecto a hablar en público.

A este monumento le urge una restauración, pues adolece de falta de mantenimiento (en 1997 hubo de ser bajada “La Mona del Arco” para repararle un brazo y otras piezas) y son varios los expertos que hablan de un probable colapso de alguna de sus partes en cualquier momento. En lo personal, pasé parte de mi niñez viviendo en la calzada Madero entre Pino Suárez y Rayón y tuve la oportunidad de admirar una y otra vez este monumento, pues en aquellos años no había muchas cosas en qué entretenerse. El monumento está de pie milagrosamente pues vehículos hay que pasan –sobre todo de noche- a altas velocidades y aunque las bases están firmes, un golpe fuerte podría provocar movimientos en la estatua que sostiene en su parte superior una esfera que representa el mundo. Pronto será objeto de una restauración por parte del Estado (Conarte) y el Municipio de Monterrey, pues se trata de un monumento muy representativo de nuestra Ciudad. En una de sus columnas hay varias placas de mármol y en una dice: "A los que en cien años han venido defendiendo y elevando la nacionalidad mexicana". Esta obra que es símbolo de Monterrey, se inscribe en la serie de monumentos que construyó para los mismos efectos, el presidente Porfirio Díaz, como el Ángel de la Independencia, el Hemiciclo a Juárez, el Palacio de Bellas Artes y otros en la ciudad de México.