06/Jul/2020
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Mayo 25 de 1911: comunica Francisco León de la Barra, embajador de México en Estados Unidos, a Henry L. Wilson, embajador de Estados Unidos en México, la renuncia de don Porfirio Díaz a la presidencia de la República. Ya desde el 14 de mayo anterior, León de la Barra le había anticipado a Wilson que tanto Díaz como Corral, su vicepresidente, renunciarían y que él (León de la Barra) sería el presidente interino. Posteriormente al aviso anticipado que León de la Barra dio a Wilson, se firmaron los acuerdos de Ciudad Juárez, mediante los cuales Porfirio Díaz aceptaba dejar la Presidencia de la República, y León de la Barra quedaba al frente del gobierno mexicano de mayo 6 a noviembre 6 de 1911, para convocar a elecciones generales en México y que luego de estas, entregó el poder al presidente Francisco I. Madero, electo democráticamente en ese proceso. Hasta aquí la historia, y considero necesario comentar que tener una dependencia política de Estados Unidos, ha sido un pesado lastre para México, evidenciando que las diferencias económicas y militares entrambas naciones moldean nuestros principios de soberanía. Realmente nada se debe informar a ese vecino país en materia de las políticas internas, pero desafortunadamente vemos que se modifican leyes federales para complacerlo, e incluso todo indica que se le solicita al gobierno estadounidense una especie de permiso extraoficial para delinear algunos programas oficiales de México. Nuestros vecinos saben antes que nosotros lo que va a suceder en nuestra nación, y no es difícil que ellos mismos lo provoquen. Así sucedió durante la Decena Trágica con el famoso Pacto de la Embajada, que culminó en el asesinato del presidente Madero, y la histórica irrupción de Victoriano Huerta asumiendo el poder. Cuando el presidente norteamericano pide, se coloca una barrera de fuerzas armadas mexicanas en la frontera sur para que contengan las caravanas de migrantes que viajan rumbo a Estados Unidos. Hace varias semanas que “pidió” que se abrieran las plantas automotrices en nuestro país, porque son parte del esquema productivo de las armadoras norteamericanas. Y ya estamos resolviéndole su problema al vecino, pues al imperio lo que pida, mientras aquí no se apoya a las pequeñas y medianas empresas que suplican mejorar las condiciones fiscales para sobrevivir.