15/12/2018
Editoriales

Cuidado con los meteoritos

El 30 de noviembre de 1954 en Alabama, Estados Unidos, una piedra de casi cuatro kilos cayó en una casa, atravesó el tejado, destrozó un radio e hirió a la dueña, señora Hodges.

Cada día caen sobre la Tierra 150 toneladas de materia espacial. Afortunadamente la inmensa mayoría son pequeños proyectiles comparados con un grano de arena. Porque los meteoritos mayores han caído en el mar y en zonas despobladas, aunque en 1911, en Egipto uno de tamaño regular mató a un perro.

Las estrellas fugaces son románticas e inspiran a pedir deseos… pero también son peligrosas pues se trata de cuerpos sólidos y rocosos que al entrar a la atmósfera arden y muchas veces se desintegran, pero no siempre sucede que quedan como arena.

Esas estrellas fugaces terminan siendo meteoritos o meteoritas, su nombre científico.

Se conocen muchos tipos de meteoritos de diversas consistencias y materiales, algunos son bien famosos, como los cuatro que están en el pórtico del Palacio de Minería de la Ciudad de México. En ese histórico lugar tuve por un tiempo mi oficina, así que pude disfrutarlos en repetidas ocasiones. Se trata de metales espaciales que hasta el mítico geólogo y astrónomo Alexander von Humboldt admiró durante su estancia en nuestro país, hallados en Huejuquilla, Chihuahua; Hidalgo del Parral, y en Zacatecas, están formados de kamacita, taenita y fosfatos.

Se calcula que la periodicidad con que caen las pedradas de meteoritos sobre humanos, como le pasó a la señora Hodges, es de cada 180 años, así que será hasta 2134 cuando se repita algún accidente similar.  

Hace poco más de un mes, se reportó que un meteorito cayó en el sur de Nuevo León, al menos eso parecía según las fotografías del daño causado en su aterrizaje.