21/09/2018
Editoriales

Humberto Lobo M., a un mes de su partida

Por lo general –salvo casos excepcionales— el ser humano desconoce a ciencia cierta cuándo será el momento final de su existencia. Vamos por la vida como si fuésemos eternos, pero también estamos conscientes de la certeza de la muerte. Se cumplió ya el primer mes de la desaparición física del empresario regiomontano don Humberto Lobo Morales, Presidente de la empresa Protexa, una de las más importantes del país.

En el otoño de su existencia, con un buen camino recorrido y con la esperanza de que todavía Dios le prestase el tiempo suficiente para concluir algunas tareas pendientes, don Humberto hizo un repaso de fechas y hechos que consideró importantes, al menos para él y para los suyos. Sus palabras quedaron consignadas en sus Memorias, las cuales llevan por título "Humberto Lobo Morales, un hombre al servicio de México".

No lo hizo –de ninguna manera-- por vanidad, sino con el propósito de dejar constancia de su existencia y de que sirva como información para su familia y para quienes le rodeaban. "Si además resulta útil para otras personas –comentó don Humberto--, su objetivo se habrá cumplido". Hace cuatro meses, el libro se presentó ante una audiencia constituida por cien familiares y amigos. Hace un mes Don Humberto falleció.

Cuanto más contemplo lo vivido –nos dijo don Humberto--, más convencido estoy de la necesidad de dar a conocer nuestras experiencias, para alumbrar el camino de quienes han de continuar nuestros pasos.

"Me he esmerado en dar lo mejor de mí mismo, y aunque estoy lejos de la perfección, puedo decir con orgullo que he continuado, conservado e intentado superar la herencia que mis padres me han legado. En esta tarea, he puesto lo mejor de mí mismo. Y, sobre todo –lo más importante—, creo sincera y honestamente que mis acciones han sido las correctas, las que corresponden a un hombre de bien como lo deseaban mis padres".

Humberto Lobo Morales nació en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México. Se sintió siempre orgulloso de su tierra. Aquí creció. Aquí ha desarrolló su vida. Sus mejores vivencias se relacionan con esta tierra. Su nacimiento se produjo el 27 de enero de 1944. Fueron sus padres don Humberto Lobo Villarreal y doña Dolores Morales Villarreal de Lobo.

En esos momentos, la ciudad de Monterrey iniciaba un Año Nuevo sumida en la incertidumbre por los efectos que tendría la segunda conflagración mundial, que ya llevaba más de tres años. En su libro de Memorias, don Humberto nos habla de su niñez, de su juventud y de su vida entera. Pasó la niñez en la casa de sus padres, en Valparaíso número 16, en la Colonia Alta Vista, de Monterrey. Después se cambiaron a Hidalgo y Vallarta, en la Colonia Mirador. Su primer casa propia estaba ubicada en Ángela Peralta y Juventino Rosas, en la Colonia Seminario.

Muy cerca de ahí estaba el Colegio Franco Mexicano, en la avenida Hidalgo y Vallarta. En esta institución marista realizó sus estudios primarios, de 1951 a 1957. Antes, estuvo en el kínder de la Escuela "Beatriz Zertuche". Don Humberto nos confesó que en esta primera etapa de su vida, era algo travieso. Esto provocaba el enojo de los maestros, quienes se desquitaban castigándolo dándole reglazos, colocándole orejas de burro, y lo ponían de cara a la pared. Los tiempos modernos han cambiado esas costumbres, y afortunadamente eso se ve cada vez menos. Los maestros y los padres de familia –nos comentó--debemos llegar al corazón y a la mente de los niños por medio del convencimiento y no a través de los castigos.

Después, pasó al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Ahí descubrió que podía ser no solo un buen estudiante, sino un alumno excelente. Hizo la carrera de Ingeniero Mecánico Administrador en nueve semestres, en lugar de diez (1962 a 1967). Con orgullo, pudo decir que obtuvo el mejor promedio de su generación.

Si un joven quiere triunfar en la vida –nos dijo don Humberto--, debe buscar ir siempre más allá. Con el apoyo de sus padres, todavía soltero, se inscribió en Filadelfia, en la Universidad de Pennsylvania. Antes, realizó estudios de inglés en el Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales. Con esa preparación y la de la Universidad de Pennsylvania, pudo dominar el inglés, paso fundamental para lo que vendría después. En la Universidad de Pennsylvania hizo sus estudios de Maestría en Finanzas y Mercadotecnia.

En esa etapa de su existencia, contraje matrimonio con el amor de su vida, la joven regiomontana Irma de la Garza Herrera. Esto fue el 20 de abril de 1968. Para entonces, nuestro personaje tenía 24 años de edad y una gran esperanza en el futuro. "Para ello contaba con el gran ejemplo de mi padre, quien además fue mi amigo y mi guía".

Fundado en 1945, el Grupo Protexa trabaja a través de varias empresas en los mercados nacionales e internacionales. Aún en vida de su padre, y habiendo regresado de sus estudios en Filadelfia, participó en alguno de esos trabajos internacionales. Ya en Protexa y con todas las ganas de triunfar, pronto estuvo en Colombia, apoyando a su padre. Participó en la introducción de un poliducto de aproximadamente 200 kilómetros, de Bogotá a Barranquilla.

Es increíble cómo pasa el tiempo; generalmente, en forma vertiginosa. Por eso decidió escribir sus Memorias, en un momento en que recordó su vida con claridad. "Tengo por experiencia que la gente podrá dudar de lo que dices, pero siempre creerá en lo que haces. Quiero compartir con mis hijos y mis nietos lo que he hecho en mi vida, y que estas páginas queden como testimonio para cuando yo ya no esté aquí. Las acciones de los hombres son los mejores intérpretes de sus pensamientos".

Decir Humberto Lobo Morales es hablar de un hombre sencillo, amable, íntegro, con una gran escala de valores y enorme calidad humana, un esposo comprometido, un padre amoroso, un abuelo consentidor; es hablar de un empresario exitoso, emprendedor, honesto, trabajador, apasionado de la vida, de su familia y de la aviación; hablar de Humberto Lobo Morales es hablar sobre todas las cosas de un ser humano al servicio de México.