16/11/2018
Editoriales

Retrato de ayer

Ella camino a mi lado por mucho tiempo, me despidió cada mañana al salir de casa y me recibió a diario a mi regreso, a veces lo hacía feliz de verme y otras solía reírse de mí, con ese tono de burla que me recordaba lo que yo llamaba “mi realidad”.

No hay alguien que me haya conocido tan bien, mis lágrimas (tantas como no han vuelto a pasar), risas (pocas pero sinceras), me arropó en mis noches de tristeza y muchas veces también me animó a salir de la cama cuando las fuerzas andaban por los suelos.

Fue mi compañera de largos fines de semana, se sentaba a mi lado y me escuchaba platicar, muchas veces su actitud era un poco “malvada”, digamos que sonreír ante la desgracia ajena no es precisamente lo que se espera de alguien a quien le confiamos nuestras cosas; sin embargo algo puedo decir a su favor y es que era leal, honesta, directa y hasta un “poco demasiado” asertiva, ella no se andaba por las ramas, te golpeaba de frente o te abrazaba por la espalda para recordarte que allí estaba.

Me cuidó en noches de enfermedad, estuvo a mi lado, no precisamente para prepararme una sopita de pollo o para traerme las medicinas, sino para recordarme que si quería algo tenía que buscármelo yo misma, si, ella se quedaba simplemente parada allí con esa risita burlona a decirme “anda, hazlo, aquí te espero”.

Y sin embargo creo que soy una desagradecida, no siento extrañarla, ni siquiera me hace falta, un día le di simplemente la espalda y me fui, ella no tenía ya lugar en mi vida, yo decidí cuando y donde, ella no pudo opinar, hay días que me siento un poco extraña pensando ¿en dónde andará y que será de ella? Sin embargo es más por curiosidad que por nostalgia, supongo que habrá encontrado alguien más, no debe ser difícil en una ciudad tan complicada como la nuestra, es más, casi puedo decir que deben ser muchos los que se pelean su amistad.

Hoy quiero darle las gracias, decirle que fue mi más grande impulso, que me ayudó y forjó, me hizo crecer (quizás la palabra correcta sea madurar), me dió fuerza en momentos difíciles, me hizo darme cuenta lo que quiero y lo que no en mi vida, me habló siempre claro, nunca me dio por mi lado, eso si, fue directa, estaría conmigo hasta que yo quisiera, y llegó el día que entendió que me iba.

Mi antigua amiga tiene nombre, se llama SOLEDAD y estuvo conmigo durante años, ella no tiene un lugar fijo para vivir, acepta el cobijo que se le de y siempre está en busca de alguien a quien acompañar, es leal, firme y determinada, sin embargo puede ser también hiriente y cruel.

Hoy la recuerdo y le digo que estoy bien, que el tiempo es el mejor aliado y que hoy disfruto a su hermana la COMPAÑÍA, esa que si tiene forma física, hoy los abrazos vienen de mi esposo y mi hija, ya no es el viento el que me arropa en la noche cuando me siento triste o enferma, ya no es su mano la que me despide al salir de casa ni su mirada vacía la que me recibe al volver.

El tiempo pone a cada uno en su lugar, a mi me puso simplemente en el mejor, me siento feliz, plena, ACOMPAÑADA y decidida a que así siga siendo por el resto de mi vida.

Estas palabras no son de tristeza, quizás algo de nostalgia al pensar que muchas veces somos las personas las que ponemos un muro frente a nosotros que no nos permite darnos cuenta de la presencia de verdaderos ángeles a nuestro alrededor, la vida es un camino árido y cuando alguien nos acompaña a andarlo no es para hacerlo más fácil si no para transitarlo juntos, de la mano, para sortear lo que venga unidos.

La soledad aparece cuando la dejamos entrar, cuando le damos un sitio cálido en donde vivir, cuando a pesar de estar rodeados de gente nos sentimos infelices y vacíos; ella se queda, se instala y es muy complicado después hacer que se vaya, las personas nos volvemos egoístas, necias, es complicado vivir con alguien que se acostumbró a estar solo consigo mismo.

Si ésta es tu circunstancia hazte cargo, toma el volante y gira hacia donde el amor te lleve, ve las señales, no te ciegues, no vivas en medio de la culpa, no es cierto que estás SOLO, únicamente lo está quien quiere seguir así.

Hoy es domingo, día de familia, si no la tienes cerca búscate una “postiza”, siempre habrá por allí un amigo dispuesto a compartir contigo y si sucede que no es así, entonces aprende a estar contigo, acéptate, no te juzgues, sal al cine, a un centro comercial, no te encierres en ti mismo y no te acuses ni te señales por tu circunstancia, siente el sol en tu piel, el viento en tu cara y contágiate de la sonrisa de los demás, en poco tiempo verás que eres tú el que provoca que sean otros los que sonrían.

 

Vive hoy, tú sabes quien quieres que te acompañe a recorrer tu camino.